Frente a Juchitán, Henestrosa calla y el pintor padece

El silencio de Andrés Henestrosa no es el mismo que el de Francisco Toledo. Mientras el escritor rehúye el comentario sobre la violenta situación que sufre Juchitán, el pintor trasmina impotencia y, con frases cortas en medio de pautas interminables, pide que se respete la voluntad del pueblo y a las autoridades del municipio.

Henestrosa, de 77 años, oriundo de Ixhuatán, ha sido el principal impulsor y difusor de la cultura zapoteca. Sus destacadas aportaciones al indigenismo quedaron plasmadas en creaciones como Los hombres que dispersó la danza, libro de alta significación histórica y literaria.

El Diccionario de Escritores Mexicanos considera su obra de enorme frescura “que nace de su condición indígena”, compuesta por relatos, ensayos, artículos, en los cuales exalta a su pueblo y defiende su espíritu libre. Así mismo, ha sido un defensor incansable de su lengua; escribió, por ejemplo, un ensayo acerca de los hispanismos en idioma zapoteco.

El mismo Toledo lo exalta:

“Es un gran talento… ha escrito libros muy bellos que nos han alimentado. Ha dado a conocer algo de lo que es nuestra cultura. Eso es muy válido y muy positivo.”

Ahora el senador Henestrosa calla. Abordado en su escaño de la Cámara, se niega a hablar. Por tres veces se negaría a conversar:

“Ahorita no puedo, ahorita no puedo”, dice al salir del recinto a pasos apresurados, casi corriendo.

Toledo, de 44 años, nacido en Juchitán, se expresa más a través de los gestos que de las palabras. Revela impotencia, sufrimiento, asombro frente a un hecho que no alcanza a comprender. Sin embargo, dice:

“Yo quisiera, todos quisiéramos que se arreglara esto… pacífico… que se respetara lo que el pueblo juchiteco quiere y volver a la normalidad lo más pronto posible.”

Es grave, piensa, esta falta de respeto.

“Al señor Macario Matus se le estuvo amenazando constantemente por teléfono, se escribieron pintas contra él en el pueblo, se le amenazó constantemente. Ha habido una falta total de respeto a las autoridades y a la Casa de la Cultura, por supuesto, que ha estado trabajando alrededor de la cultura zapoteca ¿no?, rescatando textos, haciendo investigaciones en archivos, rescatando documentos de los héroes locales como el Ché Gómez, Roque Robles… con el rescate de fotografías…

“Ha significado mucho en el sentido de que ha revivido aquello que muchas veces estaba perdido o que se conservaba en la tradición oral… Con esas publicaciones se ha ido reconstruyendo un poco la historia de Juchitán, publicaciones que comenzaron como de la Casa de la Cultura y que posteriormente pasaron a ser del ayuntamiento coceísta. Entonces ha significado la recuperación de la historia.”

–¿Habrá más violencia? ¿Puede preverse algo?

–No sé –responde–. ¿Tú qué crees? –inquiere a la investigadora Gudelia Pineda Luna, quien lo acompaña. Ella señala:

“Pues al no verse ninguna solución por parte del gobierno, yo creo que sí se puede dar más violencia, por la misma ingenuidad del pueblo zapoteco que cree que con palos y con piedras puede seguir defendiendo su ayuntamiento. Yo creo que habría que buscar una solución, no creo que entre todas las partes en este conflicto no puedan llegar a un acuerdo. Es absurdo. Nosotros creemos en la buena fe de la gente, pensamos que esto puede estar por encima de las diferencias y que no se pueden tomar medidas al margen de la ley ni de la voluntad del pueblo. Yo creo que hasta un ciego ve qué es lo que el pueblo juchiteco quiere y con quién está la mayoría. Entonces, corresponde más que nada a las autoridades, a mi parecer, buscar una solución política a este conflicto.”

Toledo agrega:

“Yo creo que se propuso ya un ayuntamiento de coalición y ésa sería una solución para que haya un arreglo político.”

–¿Qué hay de peligroso en Juchitán para que exista la violencia? ¿Hay algo que deba temer el gobierno?

El artista oaxaqueño sonríe con ironía:

“Es una pregunta para el gobierno. No sé por qué piensan que es peligroso para ellos que una gente quiera que se respete su libertad, que se respete su historia, que se conserve su lengua… Es una pregunta para… no sé quién… No entiendo… ¿Ustedes entienden?”

¿Errores en el movimiento? Toledo apenas balbucea:

“No sé… no sé de errores… se ha trabajado.”

–¿Cuál es la experiencia que se obtiene del movimiento?

Toledo ya no responde. Repite la pregunta varias veces y se va ensombreciendo. Fija la mirada en la mesa del café y surge de nuevo su silencio pesado y larguísimo, esta vez definitivo. Sus ojos son dos mundos de agua a punto de precipitarse. (Emilio Hernández, Roberto Hernández y Armando Ponce)

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Proceso 373 (26 de diciembre de 1983)