El pasado domingo terminó el nuevo gran Festival Escénica de la Secretaría de Cultura de la Ciudad de México con una obra impactante, Kalakuta Republik, del artista africano de danza-teatro Serge Aimé Coulibaly.
El aplauso de pie que recibió en el Teatro de la Ciudad Esperanza Iris su compañía Faso Danse Théâtre, fundada en 2002, fue sin precedentes, pues se trataba de una propuesta de vanguardia proveniente de Burkina Faso-Bélgica, mientras que la inercia local ha consistido en más referencias y mayores reconocimientos hacia artistas centroeuropeos en ese híbrido artístico.
Aimé Coulibaly, en el acto I, coreografió movimientos vertiginosos de break dance y danza contemporánea, apoyándose del incesante espíritu anticolonialista de la música de Fela Kuti (1938-1997), músico-activista nigeriano, quien acuñó el término afrobeat ligado a las resistencias políticas de los años setenta en su país.
De hecho, sus referencias a los ideales de Fela Kuti fueron manifiestas al usar como título de la obra el mismo nombre de la comuna independiente de Fela Kuti, familia y banda de aquellos años, Kalakuta Republik, misma que recreó escénicamente con elementos actuales.
La fuerte y delineada corporalidad africana de Ida Faho, Antonia Naouelle, Adonis Nébié, Sayouba Sigué y Ahmed Soura –la única bailarina europea, Marion Alzieu, conformaba también este elenco–, fueron otros rasgos que le dieron identidad racial a esta escena I.
La propuesta coreográfica de Aimé Coulibaly era insólita, muy alejada de las danzas tradicionales africanas que son mayormente difundidas en esta ciudad y en todo el mundo.
El acto II, a diferencia del primero que era más abstracto, ocurría en el salón de baile de la comuna. Basta con traer al presente la primera estrofa de la popular canción “Kumbala”, de la agrupación mexicana La Maldita Vecindad, para tener una imagen cercana del contexto de esta escena.
Luz roja, baile y bar conformaban su ambiente arrabal, donde la sensualidad del movimiento de caderas de una mujer africana, la intensa atracción entre los sexos y la desinhibición constituían una necesaria catarsis para los cuerpos. Después de ese estado, el coreógrafo articuló la rebeldía. Hizo la secuencia: de la fiesta a la protesta.
Parte de los recursos, eran frases políticas proyectadas en dos mega pantallas espectaculares. Una de ellas se vinculó a la manifestación feminista mexicana del pasado viernes 16 de agosto. La frase en una mega pantalla rezaba: “All that glitter is not gold” (Todo este brillo no es oro), que se interpreta como un sarcasmo a la sobredimensión de la diamantina rosa, símbolo de aquella protesta, que provoca tanto escándalo entre los más conservadores.
Este segundo acto culminó gloriosamente con la estampa de las tres mujeres del elenco, dos africanas y una europea, en los hombros de los hombres del mismo, los cuales recorrieron los pasillos de la sala del público, cargándolas, para abandonar el recinto del Centro Histórico capitalino.
La experiencia de clausura del Festival Escénica 2019 con la presentación de esta compañía afroeuropea de danza-teatro fue, literalmente, muy poderosa.
Como parte del programa de danza de este encuentro también se presentaron Un pollo rojo, de los creadores Luciano Rosso, Nicolás Poggi y Hermes Gaido, de Argentina; Normal, de Guilherme Botelho, de Suiza; y la danza de calle Mallakhamb India, de Benjamin Knapton, de ese país. El evento duró 10 días, moviendo los intereses artísticos y políticos de los ciudadanos al fin, pues hacía falta un festival de esta envergadura. l








