“Kusama infinito”

Maestría del infinito es un apelativo exagerado que, sin embargo, le queda corto a la pintora, escultora, escritora Yayoi Kusama, quien ha dejado huella en las corrientes principales artísticas por las que ha navegado de los años sesenta a la actualidad.

Kusama-Infinity (E.U., 2018), documental de Heather Lenz, recorre las etapas del camino doloroso de esta creadora japonesa que logró vencer obstáculos, misoginia, prejuicios culturales y, por encima de todo, sobrevivirse a sí misma.

Más que reconstruir su biografía, el documental atisba un universo que se desborda desde los cuadros, invade objetos, paredes y techos, con puntos, colores, falos y huesos; a partir de entrevistas a amigos, curadores, críticos de arte, la vida de Kusama, nacida en la prefectura de Nagano en 1929, toma forma en la mente del espectador; la realizadora alterna comentarios, material documental, con el presente en Japón en casa de la artista ensimismada en su proceso creativo.

Al espectador le corresponde unir los puntos, no tanto de su historia como los hilos que conectan el mundo interior de esta artista con su obra. A nadie le cabrá duda de que una madre persecutoria y abusiva, como la de Kusama Yayoi, que le arrebata de niña sus dibujos para destruirlos, que la obligaba a espiar las infidelidades del padre con otras mujeres, más la guerra y el trabajo forzado, se hallan en la base de su psicosis y de sus intentos de suicidio, pero la lucha contra esta truculencia hace a la artista. Las alucinaciones de flores, puntos, que en realidad serían manchas de formas que amenazan con desintegrarse, y que Kusama rescata formando patrones y ritmos visuales, ilustran su psicosis y su triunfo.

La fuerza del documental no se basa en una mera denuncia contra la brutalidad patriarcal, pues nada más vigoroso que el feminismo implícito en su obra, y Heather Lenz es consciente de ello, por eso expone a su espectador al impacto de las imágenes; la obra de Kusama se defiende sola.

Quedan mal parados artistas, hombres blancos que –como Warhol– supieron explotar y apropiarse, para beneficio propio, de las ideas de una mujer japonesa refugiada en Estados Unidos al final de la década de los años cincuenta. La revancha de Kusama ha sido su longevidad y llegar a convertirse en la artista más cara del mundo.

Como sus obras, pinturas e instalaciones, por definirlas de alguna manera, no pueden apreciarse desde fuera, menos mostrarse en meras colecciones o catálogos, la cámara debe viajar por esos espacios; la directora entiende esta dimensión y la aprovecha. Hablar de infinito en el caso de Yayoi Kusama no es engrandecerla, sino el término apropiado para un fenómeno que no puede definirse. l