La Merced: nueva oportunidad de rescate en la 4T

Desde noviembre de 2018 Claudia Sheinbaum, entonces jefa de Gobierno electa, propuso a comerciantes rescatar los polígonos A y B del Centro Histórico. En el segundo se encuentra, entre otros barrios, La Merced. El 6 de mayo pasado se anunció ya el Programa Integral de Revitalización del Centro Histórico con una inversión de 73 millones de pesos. Héctor Castillo Berthier, especialista en problemática urbana, expone su visión del rescate y confía en que el actual gobierno pondrá orden en ese barrio, del cual es oriundo.

 

 

Cuando supo que Andrés Manuel López Obrador planeaba recorrer a pie el camino del Congreso de la Unión al Palacio Nacional por la calle de Corregidora, después de que tomó posesión como presidente de la República, el sociólogo Héctor Castillo Berthier pensó en la gran oportunidad que se presentaba para el rescate y rehabilitación de ese tramo del barrio de La Merced.

En entrevista con Proceso, el académico del Instituto de Investigaciones Sociológicas (IIS) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), recuerda que cuando se construyó el Palacio Legislativo de San Lázaro, en la época del presidente José López Portillo, se pensó en conectarlo con la Plaza de la Constitución haciendo peatonal Corregidora.

La calle parte del costado sur de Palacio Nacional, atraviesa Circunvalación y llega a la avenida Congreso de la Unión. El investigador escribe en un texto publicado en su columna semanal Zona submetropolitana (1 de diciembre pasado), que entre ambas vías está el barrio de La Candelaria de los Patos, “primera ciudad perdida de la Ciudad de México, formada cuando llegaron los españoles y expulsaron a los indígenas de esa área”.

En Congreso de la Unión se convierte en un túnel que salía a la entrada principal de la Cámara de Diputados. En los hechos, sólo fue recorrido una vez por López Portillo, en su último informe de gobierno, y luego por Carlos Salinas de Gortari. Finalmente, el paso se clausuró, quedó abandonado y pusieron gruesos barrotes que impiden el paso al Palacio Legislativo.

Actualmente, sigue el investigador en su texto, Corregidora “tiene un historial de problemas digno de ser analizado: corrupción, indigencia, prostitución, viviendas en mal estado, desorden social, vandalismo, espacios ilegales y violentos, ambulantes fuera de control, invasión de vía pública, congestionamiento y desorden vial”.

Especialista en problemas urbanos en temas como basura, desarrollo social, juventud y violencia, cultura, y La Merced y el abasto alimentario, además de fundador y director del Proyecto Circo Volador, Castillo Berthier cuenta que vio en la idea de López Obrador de caminar por esa calle la “excusa perfecta” para que se reabriera el túnel, y él viera lo que está sucediendo en Corregidora.

Confió en que por lo menos diría: “pongan orden en el asunto”. Y ello serviría para regenerar la zona que abarca dos alcaldías: Cuauhtémoc, a cargo del morenista Néstor Núñez, y Venustiano Carranza, del perredista Julio César Moreno, que a decir suyo es “uno de los últimos bastiones perredistas en la ciudad, y está aferrado a mantenerlo, es un gobierno de oposición hacia la jefa de Gobierno Claudia Sheinbaum”.

Lo ideal, opina, es un proyecto de rehabilitación en el cual participen el gobierno federal, el de la Ciudad de México y ambas alcaldías, para ayudar a poner orden.

En noviembre de 2018, siendo aún jefa de gobierno electa, Sheinbaum propuso a comerciantes rescatar los polígonos A y B del Centro Histórico. El primero corresponde al primer cuadro y en el segundo está La Merced, entre otros barrios. El 6 de mayo se anunció el Programa Integral de Revitalización del Centro Histórico con una inversión de 73 millones de pesos.

En el mismo mes de noviembre, el sociólogo fue invitado por John Ackerman, investigador de la UNAM y colaborador de Proceso, a participar en la mesa Movimientos y Participación Social del Seminario Internacional: La transformación histórica del régimen mexicano en el contexto global: Los retos para el próximo sexenio, realizado en la máxima casa de estudios. Ahí presentó una ponencia con tres temas: La basura (él trabajó como pepenador para estudiar y entender el fenómeno, por recomendación de su profesora Isabel Horcasitas de Pozas), Los jóvenes y la violencia, y La Merced.

Castillo no cree que la problemática de La Merced se resolverá con un solo proyecto, aunque confía en una necesaria reorganización. Y lanza la propuesta de crear, en algún predio de Corregidora, el Museo Nacional de la Corrupción. Dice que un plan conjunto entre los diferentes niveles de gobierno contribuiría a reducir el ambulantaje, frenar la violencia, abrir el paso del túnel en Congreso de la Unión y, en fin, a “poner orden”. La “gran excusa teórica y empírica” sería abrir el museo.

No se trata de reunir y exhibir piezas, pues “si quisiéramos a todos los que han robado y lo que se han robado, no cabrían en el Estadio Azteca”. Concibe el museo más como la experiencia virtual que realizó el cineasta Alejandro González Iñárritu con Carne y arena, en el Centro Cultural Universitario Tlatelolco, donde a través de “unos lentes, en menos de cuatro minutos, el espectador ya estaba en medio de una redada anti-inmigrantes en Estados Unidos, rodeado de helicópteros, policías, perros y gritos. Te daba referencia de la situación migratoria, se te iba haciendo un nudo en la garganta al entender el proceso.

“Entonces pensé: Tomemos un espacio y hagamos una exposición sobre la corrupción, cuántas y cuáles son las formas más comunes en la Ciudad de México. Pueden ser dos o tres: los policías que te apañan en un semáforo, y otras cosas, se pueden recrear para entender el proceso y tomarlo como una pequeña escuela de generación de consciencia.”

Hasta podría ser un atractivo turístico, como el Turibús o el tranvía, a los cuales se les podría añadir una parada en ese espacio, piensa.

 

No sin la comunidad

 

El túnel de Corregidora fue remodelado a marchas forzadas para que López Obrador lo atravesara; lo limpiaron, pintaron paredes y techos y pusieron iluminación. Pero al cruzar hacia la Candelaria, reflexiona el investigador, seguro pensaron “esto está fatal, avísenle al presidente que está muy canijo”. Detalla:

“No era posible quitar a los ambulantes, drogadictos, chineros y toda la gente metida ahí.”

Al final se decidió que el presidente no la caminara. Sin embargo, al publicar su proyecto en Zona submetropolitana, le hablaron de la Cámara para que se los presentara. Lo hizo y no volvieron a buscarlo. Más tarde pudo mostrárselo a Dunia Ludlow, coordinadora general de la Autoridad del Centro Histórico, cuya respuesta fue “te compro la idea, me gusta, vamos a hacerla”, pero igual no ha sabido más.

La atención al Centro Histórico es prácticamente reciente. Repasa: se inició en los años ochenta, cuando se divide en los perímetros A y B. En el primero hubo inversión de gente que compró y rehabilitó edificios, puso negocios y estableció formas de organización. En el B se pensó en hacer de Corregidora un corredor comercial y peatonal, “pero fue invadida por los ambulantes”.

En 2012 hubo un incendio en el mercado de La Merced que obligó a salir a la calle a alrededor de mil 700 locatarios, a los cuales se sumaron “ene miles más, y no hay ninguna autoridad que realmente tenga un control, un manejo, y todo está condicionado, pagado, acordado y establecido en cuotas, en dinero en efectivo, si tienes un predio es como tu pequeño feudo”.

Recuerda que han habido varios intentos por rescatar esa zona. En estas páginas se han consignado varios; en 2004, cuando López Obrador era jefe de Gobierno, hubo también una restauración global para el Centro Histórico. Entonces invirtió el empresario Carlos Slim, quien adquirió más de 60 inmuebles (Proceso, 1405). Se remodeló Corregidora, se quitaron los restos de la Acequia Real –provocando un debate sobre su autenticidad– y se reabrió la calle al tránsito vehicular.

En marzo de 2014 la reportera Gloria Leticia Díaz (Proceso 1951) recogió las voces de vecinos que habían visto un proyecto impulsado por el entonces jefe de Gobierno, Miguel Ángel Mancera, para convertir en un enorme centro comercial buena parte de la zona. Como habitantes, ni siquiera habían sido consultados o avisados. Ricardo Tena, investigador de la Escuela Superior de Ingeniería y Arquitectura del Instituto Politécnico Nacional, declaró que el anteproyecto no parecía “intervenir en una zona tan conflictiva”, era “un proyecto para hacer negocios, derrumbar y construir siempre deja ganancias”.

Castillo Berthier dijo a su vez que no era válido repetir la experiencia de la construcción del Metro Merced, cuando se tiraron vecindades y los damnificados se fueron a Nezahualcóyotl. Y además el proyecto no atendía a todos los grupos sociales, incluidos quienes viven en los límites entre legalidad e ilegalidad.

Una y otra vez, recuerda ahora, se ha reubicado a los vendedores, dejan las calles y plazas libres, y luego éstas se vuelven a llenar de ambulantes. Uno de los problemas, señala, es que se han atomizado las áreas administrativas, “que fulano regule espacios, que mengano negocie con los ambulantes, lo ven como una cuestión de imagen pública, cuando lo que se necesita es una reintegración económica y social en la zona”.

El sociólogo dice que ahora que López Obrador vive en Palacio Nacional tendrá que darse cuenta de lo que sucede alrededor: cobro de piso, grupos que se sienten propietarios del espacio público. Se necesita orden, y ese orden requiere una administración específica, que ejerza el poder y permita y limite las funciones de esas actividades.

Es necesario un proyecto integral. La idea de los años ochenta, de conectar con una calle peatonal el Palacio Nacional y el Legislativo, no le parece mal, pero todo fue quedando en la marginalidad, y hoy la degradación es tal que a los problemas antiguos, como la prostitución, la violencia y la basura, se han sumado nuevos problemas, como el narcotráfico y hasta la venta de personas:

“Es una locura. Son situaciones extremas, no puede ser posible que esto suceda. Si te vas a la zona de La Merced, la Plaza de la Soledad, la Candelaria de los Patos, no hay una estación de autobuses, un Cetram (Centro de Transferencia Modal, llamados popularmente “paraderos”), no hay infraestructura para que lleguen los camiones con migrantes del sur, hagan una parada ahí y sigan.”

En cambio, sí se vende lo que necesitan: documentos, pasaportes, hay coyotes, “todo lo que quieras”. Cuando se quemó la última vez el mercado (que ha sufrido en realidad varios incendios en su historia), se le encargó a la investigadora Alicia Ziccardi,­ especialista en sociología urbana de la UNAM, un diagnóstico global sobre los conflictos. Todo el material fue entregado al Programa Universitario de Estudios sobre la Ciudad (PUEC) de la Universidad, y a Mancera. Hasta fueron convocados arquitectos de todo el mundo, “pero nadie conocía lo que pasaba en la zona”.

Fue cuando la gente reclamó que dónde quedaban quienes viven ahí, y rechazó el proceso de gentrificación, que pretendía expulsar a los pobres y meter a los ricos para “elevar el nivel de la zona, como sucedió en parte del perímetro A”.

A decir suyo, debe aprovecharse lo que está haciendo López Obrador para mostrar los problemas, “ponerlos sobre la mesa; le gusta decir las cosas de frente, en conferencias, hagamos eso, exhibamos el asunto y reordenemos la zona para la gente, para la comunidad, para el espacio, y sobre todo evitando los conflictos que se generan todos los días”.

Nacido en La Merced, donde vivió buena parte de su vida frente a la Plaza de los Caídos, considera que “hay gente buena y positiva con interés en la zona”. Y concluye que su propuesta no es más que la de un académico que busca encontrarle utilidad práctica a la investigación,  no se trata sólo de quejarse. l