Dentro del programa del Foro Internacional de la Cineteca, que continúa en salas de la Ciudad de México y en el área metropolina, Diamantino (Portugal-Francia-Brasil, 2018) sorprende con su novedosa sátira política en la que combina ciencia ficción, thriller y comedia romántica; un tipo de cine experimental, crítico y divertido, concebido por la mancuerna de un realizador portugués, Gabriel Abrantes, con el norteamericano Daniel Schmidt.
Estrella del futbol, Diamantino Matamouros (Carloto Cotto), el Miguel Ángel del deporte –como él mismo se define–, es una especie de tesoro nacional que, tras una alucinación en la que los jugadores se convierten en enormes perros lanudos en un campo rosa de algodón de azúcar, arruina su carrera; sigue una epifanía cuando ve una lancha con inmigrantes y termina por adoptar a uno de ellos, un niño.
Calcada de Cristiano Ronaldo, la imagen mediática de Diamantino es su manera de existir, desde quitarse la camiseta con mucho estilo hasta mantenerse recostado a manera de pose publicitaria; el futbolista vive en una mansion rococó donde incluso las sábanas están impresas con su foto. El futbolista, tipo poco inteligente pero de buen corazón, queda asediado por sus hermanas gemelas, brujas de cuento de terror, y es víctima de una conspiración del gobierno portugués que pretende clonarlo para formar un equipo perfecto de futbol.
Así y más de delirante es la trama, sólo que por inverosímil que parezca el guion, la narración, nada convencional, fluye de sorpresa en sorpresa; el cinismo y la inventiva de los directores sólo tienen como límite los 96 minutos que dura la película; pero este carnaval se revela como la forma mejor adecuada de aludir a la vorágine política y económica de la crisis europea con los migrantes, la economía, la evasión fiscal, el Brexit y, sobre todo, el nacionalismo que se promueve a través del espctáculo deportivo, como si la sola manera posible de representar temas como la hipocresía política actual y el mercado del culto a la personalidad, fuera la pura desfachatez.
Diamantino es algo más que un simple divertimento, y en todo caso el guion pecaría de ambicioso; la estética kitch y la fluidez sexual de Diamantino se mira en deuda con el cine de Almodóvar; el tipo de humor que sintetiza fórmulas publicitarias e imágenes de marca para construir la identidad de su personaje, proviene de Zoolander (2001), donde el absurdo de vivir dentro de un comercial de ropa interior, ropa de moda y afeites, se vende como el ideal de vida.
El nombre de Diamantino Matamouros evoca la picaresca española y la comedia del arte italiana, los diamantes que carga el futbolista en cada oreja parecen su sello, entre valioso y muy barato. Pero la exentricidad de la filosofía cínica que permea este trabajo recuerda al filme belga El Nuevo nuevo testamento (2015), donde Jaco Van Dormael explora lo descabellado de ciertas creencias y actitudes. l








