Lizalde en la Capilla Alfonsina

La Capilla Alfonsina fue sede del homenaje adelantado que la Academia Mexicana de la Lengua (AML) dio a su miembro, el poeta Eduardo Lizalde, por su 90 aniversario, mismo que se cumple este 14 de julio. Rodeado de amigos, colegas y lectores –el recinto de la Condesa, lleno–, sorprendió al leer un poema inédito; De senectud.

Estuvo acompañado por los poetas Jaime Labastida y Vicente Quirarte, el filólogo Alejandro Higashi, y el narrador Gonzalo Celorio (presidente de la AML, quien a su vez fungió como moderador), quienes coincidieron en palabras como “fuerza”, “pasión”, “precisión” y “rebeldía” para describir la pluma del autor de El tigre en la casa (1970), volumen por el que se le concedió el Premio Villaurrutia de Escritores para Escritores, y de La zorra enferma (1974).

Leyó Quirarte en su turno:

“Ernesto de la Peña solía recordar que la Academia Mexicana de la Lengua existe para limpiar, fijar y dar esplendor al idioma, y que al poeta corresponde la enorme responsabilidad de hacerlo brillar en sus notas más altas. Estoy seguro de no hablar sólo en mi nombre cuando digo que la relativa gloria que les es dado gozar en vida a los poetas, Eduardo Lizalde la tiene en sus múltiples lectores, agradecidos a la exigente hermosura de su tigre de guardia.”

Al final del acto, Lizalde, conmovido ante las palabras de los presentes a los que consideró colegas admirados, respondió con versos de dos poemas; el primero, escrito a los once años a partir del cual ya lo relacionaban como el poeta de la familia, con el tema de la muerte, y del que sólo leyó estos versos:

Llegará a mi lecho

levantará su espada

y partirá conmigo…

El segundo lo dijo completo:

Vuela el tiempo, pájaro mayor,

dicen los poetas.

Envejecemos, morimos, nos 

( degradamos,

pero no es por el tiempo en que 

( vivimos,

ni el que resta,

porque el tiempo no existe

–sólo es figura retórica como la 

( muerte–,

no tiene cuerpo alguno, ni materia

fluyente como el agua

ni lo forman corpúsculos atómicos,

( como la luz.

Nosotros somos el tiempo.

Nuestra degradación ocurre

( sólo en nuestro cuerpo,

sin agentes externos.

Nosotros somos la muerte.