GOTEMBURGO, Suecia.- A primera vista todo parece normal, una familia sueca común y corriente: el padre se alista para ir al trabajo y juega con uno de sus hijos. Sin embargo, nada es normal. El hombre se dispone a matar “infieles”. El niño de cinco años quiere acompañar a su padre, pero su madre le dice que aún es muy joven.
“Era un francotirador. Le disparé aquí y la bala salió ahí”: el padre le explica a su hijo cómo mató al enemigo.
Los miembros de la familia expresan que estarían felices si el padre sobreviviera a la pelea de hoy y regresara a casa, pero más felices si llega al paraíso, muriendo como un mártir por Alá. La escena (transmitida por televisión) se desarrolla en Siria, donde la familia sueca viajó para cumplir con sus deberes ante el Estado Islámico (EI) y su califato.
Según el Servicio Nacional de Inteligencia de Suecia (SAPO), 300 suecos han viajado para incorporarse al EI desde 2012; 150 de ellos han vuelto a su país, pero se desconoce el número estimado de niños que han traído consigo.
Con la aparente caída del último baluarte del califato, se espera que más yihadistas regresen a Suecia en los próximos meses. Los retornados y sus familias viven en varios municipios que tienen muy poco o ningún conocimiento sobre ellos o sus actividades actuales.
Mediante el intenso adoctrinamiento, el EI ha dedicado atención a la educación ideológica y al entrenamiento militar de esos niños: habilidades de combate, uso de armas y explosivos y la ejecución de prisioneros.
Hoy en día, los niños repatriados se mezclan con otros en las escuelas y son potenciales difusores de la ideología y los valores del EI. Normalizan la violencia cotidiana, y las habilidades aprendidas por los adolescentes durante su adoctrinamiento son útiles para las pandillas criminales suecas.
Los psicólogos y la policía expresan preocupación respecto a estos niños, especialmente porque no pueden contar con el apoyo de los padres para cambiar su ideología y sus valores, pues ellos mismos los han criado para ser yihadistas. Hanif Azizi, policía y profesor, manifiesta sus temores en una entrevista con la televisión sueca (SVT): “¿Qué tipo de visión del mundo traen de vuelta a Suecia? La pregunta es qué deberíamos hacer con estos niños. ¿Deberían ir a la escuela con niños regulares o hay un riesgo de seguridad?”
Según un informe del Centro Internacional para el Estudio de la Radicalización, “las mujeres y los menores desempeñan un papel importante en el avance de la ideología y el legado del EI”, e incluso con la caída del “califato” algunos siguen comprometidos en criar a sus hijos para que sean la próxima generación de yihadistas.
“Ellos (los menores) creen que éste es un comportamiento correcto, eso es lo aterrador… los niños tienen dificultades para separar la verdad y lo falso. Ese es el trabajo de los padres”, afirmó Yassin Ekdahl, exsecretario del Comité del Coordinador Nacional contra el Extremismo Violento, en una entrevista con el diario Aftonbladet.
El debate en Suecia sobre los retornados del EI está muy polarizado. Por un lado hay argumentos para evitar que regresen los ciudadanos que viajaron para unirse a la guerra islámica, y piden privarlos de su ciudadanía, algo que no es posible según la legislación sueca.
Por el otro lado hay propuestas para un enfoque más humanitario. Se cree que a los retornados se les debe ofrecer un programa que se centre en la rehabilitación, la educación y las oportunidades, en lugar del castigo.
Sin embargo, Magnus Ranstorp, politólogo, profesor asociado y experto en cuestiones de terrorismo, afirmó en una entrevista con el periódico Metro que los retornados han tenido dificultades para rehabilitarse y reintegrarse a la sociedad.
Pese a obtener una educación y un trabajo, todavía terminan en el lado equivocado de la ley: “El umbral de violencia para estas personas se ha reducido después de haber visto cómo actúa el EI. Estamos hablando de personas con bajo control de impulsos, a menudo con una situación familiar disfuncional”.
Suecia no tiene una estrategia para manejar esta situación. El contacto inicial con los retornados lo realiza el SAPO mediante pláticas opcionales para obtener más información. Si no hay pruebas sustanciales de delitos o malas acciones, estos individuos quedan en manos de los municipios.
Estas instancias no saben exactamente quiénes son estas personas, y los retornados que no son procesados por delitos tienen que asumir su propia responsabilidad y buscar ayuda.
“Los más peligrosos son los que se pierden bajo el radar, los que no buscan ayuda ni desean ponerse en contacto con las autoridades y aún tienen esos valores”, afirma Ekdahl.
Sin leyes específicas
Hasta ahora, los yihadistas del EI u otros grupos técnicamente podrían saltar directamente de las decapitaciones en el Medio Oriente a la comodidad de Suecia sin ninguna consecuencia legal, siempre que no haya evidencia sustancial de un crimen.
Suecia no tiene ninguna ley que prohíba la participación en organizaciones terroristas, aunque es ilegal llamar abiertamente a los delitos terroristas, viajar internacionalmente con esos fines y capacitar o reclutar personas para llevar a cabo tales delitos. También hay leyes establecidas sobre genocidio, crímenes de lesa humanidad, crímenes de guerra y crímenes de terror. Sin embargo, el solo hecho de simpatizar o ser miembro de estas organizaciones no se considera ilegal, según la legislación sueca.
Los ciudadanos pueden ser castigados por actos delictivos en el extranjero; sin embargo, investigar los presuntos delitos es un gran desafío, ya que han sido ejecutados lejos de Suecia.
El pasado febrero el gobierno sueco propuso endurecer las leyes, haciendo ilegal la participación en organizaciones terroristas. No obstante, a fines de marzo tuvieron que retirar la propuesta, ya que el Consejo de Ley la rechazó, con el argumento de que estaría en conflicto con la libertad de asociación constitucionalmente protegida.
En mayo el gobierno propuso penalizar varios actos que faciliten las actividades de una organización terrorista: la organización de reuniones, gestión de finanzas o la provisión de transportes, y más.
La ley no se puede aplicar de manera retroactiva, lo que significa que, si se acepta esta propuesta, las personas que hayan realizado estos actos antes de que se establezca la nueva ley no pueden ser responsabilizadas por sus acciones.
Con la creciente presión de procesar a los retornados del EI, las instituciones penitenciarias alertaron en marzo sobre la falta de espacio. El número de presos en los centros de detención está aumentando. El cambio comenzó en 2016 y se aceleró a lo largo de 2017 y 2018.
“Estamos preocupados por la falta de espacio y ya estamos en esa posición. Tampoco queremos que estos individuos (extremistas) estén sentados juntos. Los sistemas requieren algo de espacio para respirar”, dijo Anders Forsgren, líder del proyecto para el trabajo de las instituciones penitenciarias contra el extremismo, al diario Expressen.
Y afirmó que, pese a los nuevos programas de tratamiento y muchas medidas educativas para el personal, ha sido difícil cambiar e influir en la ideología y los valores de estos internos extremistas.
“Cuando se trata de internos vinculados con el extremismo, no podemos ver ningún cambio crucial a través del programa. Nuestra forma de trabajar es mediante el diálogo. No hay otra manera de influir. No tenemos posibilidad de lavar el cerebro, por lo que intentamos que la persona comprenda que la vida que viven es perjudicial para la persona y otras personas, y que puede aprender a manejar sus impulsos. Es así de fácil, pero al mismo tiempo muy difícil.”
Tribunal internacional
Durante una reunión del Consejo de Justicia y Asuntos de Interior de la Unión Europea, efectuada en Bruselas en marzo pasado, el gobierno sueco propuso el establecimiento de un tribunal internacional para procesar los delitos cometidos por yihadistas del EI en Siria.
El ministro sueco del Interior, Mikael Damberg, argumenta que más miembros del EI pueden ser juzgados en un tribunal internacional en la región afectada, debido a la disponibilidad de pruebas y declaraciones de testigos.
“Los crímenes cometidos durante el conflicto en Siria e Irak exigen que hagamos todo lo posible para garantizar que se haga justicia. No debe haber impunidad por los asesinatos, los delitos de terrorismo, los crímenes de guerra o los crímenes de lesa humanidad”, dijo Damberg en un comunicado de prensa a principios de este mes.
A la reunión para discutir la creación del tribunal internacional asistieron 11 países de la Unión Europea –Alemania, Francia, Reino Unido, Holanda y Suiza, entre otros–, así como representantes de la ONU.
Sin embargo, hay algunos problemas con este plan y los expertos son críticos. Mark Klamberg, profesor de derecho internacional, argumentó en entrevista con el diario Svenska Dagbladet que la cantidad de personas que necesitan ser sometidas a juicio es de miles y no sería manejable. Al tribunal de la antigua Yugoslavia –161 personas fueron procesadas y 90 fueron condenadas por varios delitos– le tomó 25 años.
El tribunal propuesto podrá procesar a los líderes del EI, pero los combatientes de un nivel inferior tendrían que ser juzgados por los sistemas judiciales de sus países.
El miedo entre la población sueca crece. Por ejemplo, entre los sirios que viven en Gotemburgo, cuyos familiares han sido víctimas del brutal avance del EI en Siria, existe una gran preocupación por conocer a los retornados.
“Te sientes preocupado, siempre observando y mirando un poco más alrededor… no se siente nada bien. El EI ha secuestrado, torturado y asesinado a mucha gente”, declaró a SVT Athurrinna Goria, presidenta del distrito sirio en Gotemburgo.








