Para Amazon ya no eres nadie

Señor director:

Amazon construyó su emporio como la birriería de don Urbano construyó el suyo en la calle República de El Salvador: de poquito en poquito, de cliente en cliente, hasta crear un monstruo universal al que ahora –literalmente con todo el dinero del mundo– le importa un comino perder clientela.

Y además la maltrata. La abandona. La doblega. La humilla. 

La historia: Intento comprar un producto pero la empresa suspende mi cuenta –así, de manera unilateral y ventajosa. El argumento: motivos de seguridad relacionados con la tarjeta de crédito. Digamos que comprendo. Y recibo correos, atiendo explicaciones, indicaciones. Me aplico. Obedezco, cumplo. ¿Solución? Ninguna. 

Nada sirve. Llegan correos, uno tras otro llegan. Los mismos correos que ya respondí no dejan de llegar. Hago llamadas. Cuento la misma historia a millennials que todo lo entienden y todo lo lamentan pero nada resuelven. 

Pasan los días… La cuenta sigue bloqueada. Amazon sigue bloqueado. Su cerebro global, bloqueado. Bloqueada su capacidad alternativa para desanudar bucles. Bloqueado cada muchacho sabelotodo encaramado en el pedestal de su Dios Bezos, el del ojito gacho.

¿Qué hacer entonces tras esta semana de pesadilla?, pregunto. Que mande datos del estado de cuenta de la tarjeta. Los mando… Que envíe el número de teléfono registrado en el banco emisor –otro semental estéril, Banamex– de la tarjeta. Envío un número, envío otro… El banco emisor le pide a su vez al titular de la tarjeta presentarse en la sucursal si es que éste quiere rescatar el número legendario de teléfono con el que registró el crédito durante la primera infancia, como lo exige Amazon para desbloquear la cuenta.

Más correos. Más complicaciones, más absurdos, más enojo. Exijo que mejor se cancele mi cuenta. ¡Concedido! ¡Respuesta inmediata! –Amazon prefiere perder un cliente leal que resolverle un problema–: Cancela mi cuenta. Pero, ¡no!… amenaza con cerrar por consiguiente mi cuenta asociada de Kindle con todo y tableta: ¡el eslabón de mi esclavitud global-trasnacionalizada!

Meto reversa por consejo de un agente y reseteo todo, pero Amazon de nuevo me tupe con los mismos correos. Los respondo, claro, con respuestas semejantes a las del principio, y los correos no dejan de llegar en forma de mailing. Pero ahora, ya cumplida una semana de esta guerra desigual contra una compañía tan “modelo” como obtusa, ya no recibe ni mis correos, que me rebota como pretenden que rebote yo contra las paredes.

¡Prepárate! Tarde o temprano Amazon te va a dar una patada en el trasero, como lo ha hecho conmigo y con miles y miles de personas y vendedores de su plataforma en todo el mundo. Pero llegará el día en que a nadie le guste ya la birria de Amazon, tal vez aniquilada entonces por la mejor birriería del planeta.

Atentamente:

Alejandro Pérez

Ciudad de México