El periodista y escritor Diego Osorno ha dirigido un documental que muestra una peculiar interpretación de los sucesos del año 1994 en México. Aplica la fórmula de grabar y ensartar testimonios de los actores políticos de la época con materiales de archivo tomados de varios repositorios privados y públicos poco vistos. El resultado es un tratamiento de las entrevistas que permite a Carlos Salinas de Gortari justificarse; a la vez resucita a un personaje muy relevante en ese momento, el subcomandante Marcos, hoy Galeano, el siempre opositor de AMLO.
Partiendo del ascenso de Luis Donaldo Colosio a la candidatura del PRI –en el más clásico dedazo– y su posterior asesinato, se presentan los sucesos de 1994 como el parteaguas de la historia reciente del país. Se insiste en ello: México cambió a partir de 1994, no sólo por la muerte del candidato, también por la firma del TLC, el surgimiento del EZLN, por el error de diciembre y el desastroso régimen de Ernesto Zedillo. Esa idea se está repitiendo en la prensa y las pantallas a propósito de la emisión.
Tal planteamiento es por lo menos dudoso. Claramente los asesinatos políticos de ese año nos cimbraron, pero no fueron el inicio del cambio sino más bien la continuidad exacerbada de un modelo neoliberal cuyo resultado fue una violencia más profunda, misma que, en los últimos tres sexenios, afectó a toda la sociedad, alcanzando un clímax del cual apenas en 2019 intentamos bajar.
El documental 1994 viene precedido por una ficción sobre el mismo tema, elaborado igualmente por Netflix. En marzo se estrenó Historia de un crimen: Colosio. A veinticinco años del homicidio, éste aún no se esclarece y tampoco se confía en la versión del “asesino solitario”.
Consta la serie de 5 capítulos de alrededor de 50 minutos cada uno, es una coproducción de Netflix con el medio digital Vice, publicación en la que Osorno ha colaborado con sus reportajes. La revista es de origen canadiense aunque tiene su división México, nació en 1999 y llega a países de América Latina y España en español, cuenta con 24 ediciones en 14 idiomas.
“Vice está valuada en cuatro millones de dólares”, según CB Insights. “Sus usuarios son más de cuarenta y siete millones”, de acuerdo con Comscore. El público al que se dirige es el de jóvenes entre 19 y 39 años. En la actualidad Vice ha crecido para convertirse en una red multimedia propietaria de un estudio de televisión (Vice Studios Latin America) y una firma discográfica. En tal parámetro, su alianza con Netflix resulta en una sinergia muy conveniente para ambas firmas.
La serie debe haber sido muy costosa pues se notan en pantalla los recursos: impecable iluminación y fotografía, más de una cámara que muestra distintos ángulos de los personajes. Los escenarios están seleccionados cuidadosamente con el fin de resaltar el rasgo sobresaliente de cada entrevistado. Sin embargo, faltan voces. La selección de los participantes es limitada al círculo íntimo, tanto de Colosio como de Salinas, a la versión del Sub y pocos más. Además, no aparecen verdades inéditas y sí el cinismo de políticos del PRI cuyos asertos no logran convencer, ni entonces, ni hoy (menos).








