El nacionalismo volvió por sus fueros

Han vuelto al escenario internacional los discursos que se creían enterrados. Las crisis económicas y migratorias, principalmente, han roto una especie de consenso de la posguerra de no hacer más política con el nacionalismo. Así lo considera el periodista español y analista Andreu Jerez para explicar el avance de la ultraderecha de cara a los comicios de este domingo en los que se renovará el Parlamento Europeo. “No hablamos de militantes neonazis, sino de gente normal, como cualquiera de nosotros”, advierte.

BERLÍN.– De acuerdo con las proyecciones elaboradas por el analista político Franco Delle Donne, tras la elección para el Parlamento Europeo, que termina este domingo 26, los escaños obtenidos por la ultraderecha podrían ser 175, medio centenar más que los logrados en la elección de 2014. Esto es 24% del total de asientos.

“Sin duda luego de esta elección, el Parlamento se reconstituirá considerablemente. A partir de tres proyecciones distintas podemos decir que los partidos ultraderechistas, esos con las ideas más xenófobas, antimigrantes y antislámicas, lograrán entre 170 y 175 diputaciones. Si tomamos en cuenta que en total son 751 escaños, estamos hablando de que uno de cada cuatro de los que estarán ahí sentados tienen ese tipo de pensamiento, lo que es un número muy elevado”, advierte en entrevista el también consultor en comunicación y coautor del libro Factor AfD. El retorno de la ultraderecha a Alemania.

De lograrse el proyecto del ministro italiano del Interior, Matteo Salvini, que busca aglutinar en un sólo grupo político a las distintas fuerzas ultraderechistas, éstas podrían formar la tercera fuerza, sólo por debajo del Partido Popular Europeo (de corte conservador) y de la Alianza Progresista de Socialistas y Demócratas.

Más aún, si a estas diputaciones se agregan las que podrían lograr los partidos euroescépticos, esos claramente antieuropeos que no necesariamente tienen una visión política de derecha sino también de izquierda, “el número crecería y podríamos hablar de alrededor 230 escaños, equivalentes a más de 30%”.

Sin embargo, aclara, eso es muy poco probable debido a todas las diferencias de los distintos grupos que en muchos casos son irreconciliables.

Como la espuma

Lo que pasará en la elección del nuevo Parlamento Europeo es parte del reflejo de lo que sucede en el continente. Con contadas excepciones, en prácticamente cada país de los 28 que integran la Unión Europea han brotado fuerzas políticas de ultraderecha cuyos discursos xenófobos, antimigrantes, nacionalistas y antieuropeístas atraen cada vez más y más votantes.

El avance de la ultraderecha se ve reflejado también en los parlamentos de la no corta lista de países en los que han logrado posicionarse como tercera e incluso segunda fuerza política.

Algunos ejemplos: Alemania, con Alternativa para Alemania (AfD), en donde se convirtieron en la primera fuerza de oposición en el Bundestag; España, con el reciente ingreso de Vox al Congreso de los Diputados con 24 escaños; Francia, con la Agrupación Nacional, antes Frente Nacional, con espacios tanto en la Asamblea Nacional como en el Senado; Grecia, con Amanecer Dorado, que es la única fuerza de ultraderecha abiertamente xenófoba, racista y neonazi que penetró ya tanto en el Parlamento griego como en el ­Europarlamento.

En los Países Bajos, tanto el Foro para la Democracia como el Partido por la Libertad, ambos considerados de extrema derecha, están representados en el Senado y en la Cámara de Representantes; en el Reino Unido, el Partido de la Independencia del Reino Unido ha tenido un avance electoral importante y actualmente tiene representación en la Cámara de los Lores; y en Suecia, los Demócratas de Suecia son actualmente la tercera fuerza política del Parlamento.

Crisis de la política tradicional

El avance imparable de la ultraderecha en Europa durante los últimos 10 años tiene varios motivos. Para el periodista español y especialista en partidos políticos de extrema derecha Andreu Jerez, se trata de un claro síntoma de que se rompió un consenso de la posguerra.

“Luego del desastre humano que supuso para Europa la Segunda Guerra Mundial se estableció una especie de pacto de no agresión desde la perspectiva nacionalista. Es decir, hubo un consenso de las grandes fuerzas europeas de no hacer más política con el nacionalismo, al menos no de manera agresiva ni a nivel local ni internacional. Pero con las crisis económicas y la consecuente aparición de partidos como AfD o el Frente Nacional, ese consenso de posguerra se rompió y han vuelto al escenario político europeo discursos que se daban por enterrados”, considera.

A propósito de las elecciones europeas y este avance de las fuerzas de extrema derecha, Andreu Jerez y Franco Delle Donne se dieron a la tarea de coordinar y editar el libro Epidemia ultra. La ola reaccionaria que contagia a Europa, en el que un grupo de periodistas y académicos analizan los fenómenos ultraderechistas en distintos países europeos y cuya presentación tuvo lugar en esta ciudad el domingo 5.

–¿Por qué se rompió ese consenso al que hace referencia?

–Hay una serie de factores, entre ellos la crisis económica que tiene un impacto evidente entre las clases medias y bajas y que ha generado mayor desigualdad social. Tenemos también la crisis de la democracia representativa, que no es más que el hecho de que cuando van a las urnas, los ciudadanos tienen la sensación de que da igual lo que voten, porque las líneas económicas y políticas ya están escritas.

Jerez hace referencia entonces a la crisis de los partidos tradicionales en Europa que no han podido atender ni resolver las necesidades y preocupaciones de una parte de la población y que, como consecuencia, han visto mermada su popularidad a niveles nunca antes vistos.

“Por ejemplo, la socialdemocracia europea al haber jugado de comparsa con las políticas neoliberales en los últimos 20 años, se ha hundido. Tenemos los ejemplos de Alemania, Grecia, España y más radicalmente Francia, en donde el partido socialista prácticamente ha desaparecido. El campo político de la izquierda se hunde y vemos que el votante tradicional de centroizquierda comienza a virar a posiciones ultraderechistas”, explica Jerez.

–En ese sentido, ¿son los partidos políticos tradicionales los culpables del auge de la ultraderecha?

–Me parece que sí porque, en primer lugar, han sido corresponsables de las políticas económicas desarrolladas en los últimos años y, en segundo lugar, sus perfiles y programas políticos se han desdibujado justamente al intentar enfrentar la crisis política. Han optado por formar coaliciones de gobierno con tal de mantener su estatus en lugar de confrontarse políticamente y ofrecer alternativas reales a la izquierda y a la derecha.

Jerez echa en cara a los partidos políticos gobernantes su incapacidad para tomar en serio los avances ultraderechistas y para entender los motivos por los cuales millones de personas han virado en dirección hacia este espectro político.

“En el Bundestag, por ejemplo, vemos que la respuesta hacia AfD se limita a ningunearlos durante los debates, despreciarlos e incluso reírse de ellos. Y frente a sus votantes existe una absoluta falta de empatía. Los colocan en el rincón de los ultraderechistas-neonazis sin analizar realmente por qué esta gente está votando por ellos.

“Porque evidentemente en Alemania no hay 5 millones y medio de neonazis. Lo que hay son 5 millones y medio de personas que han votado por un partido ultraderechista, que no es lo mismo. Y me parece que los políticos tendrían que interesarse en por qué el asalariado del sur votó por AfD, al igual que el pequeño empresario del oeste del país o el desempleado y pensionado del este. Porque la base electoral de AfD, como la de muchos otros partidos ultraderechistas en boga, es muy transversal. No hablamos, insisto, de militantes neonazis, sino de gente normal como cualquiera de nosotros.”

En riesgo, la UE

El irreversible avance de la ultraderecha en Europa supone un evidente reacomodo de las fuerzas políticas. Sin embargo, hay quienes desde una visión positiva aseguran que el crecimiento de esta ola estará pronto tocando sus techos electorales. Así ha sucedido de momento en Alemania, en donde el AfD se ha estancado en 12% de la intención de voto y pareciera no moverse de ahí.

Pero Jerez alerta: una nueva crisis económica como la de 2008, o un nuevo desplazamiento humano con filas interminables de refugiados entrando a Europa, serán la oportunidad para que estos movimientos ultraderechistas den un brinco que los coloque como primeras fuerzas políticas. Entonces, será real la amenaza de un cambio de equilibrio político en Europa.

–Hay quien dice que el objetivo de estos grupos es terminar con la Unión Europea, al menos como la conocemos hoy. ¿Coincide con ello?

–Sí, me parece que es bastante claro. Si estas fuerzas son más relevantes y siguen cogobernando y creciendo en el Parlamento, es claro que frenarán los intentos de una mayor integración y echarán para atrás propuestas como el proyecto de una fiscalía europea común, o pondrán en entredicho el propio Espacio Schengen (compuesto por 26 países que acordaron permitir la libre circulación de sus ciudadanos como un solo país). Y creo que prácticamente todas estas fuerzas tienen en sus agendas de una manera velada generar referendos en sus respectivos países para decidir si se sigue o no en la Unión Europea.