“Un caballero y su revólver”

Aunque suene como letanía, las razones para recomendar Un caballero y su revólver (The Old Man and the Gun; E.U., 2018) son muchas, y vale mencionar algunas: se anuncia como la despedida de Robert Redford del cine, y se halla plagada de citas de las películas de este legendario fundador del Festival de Sundance, todo un deleite para el cinéfilo sorprenderlas.

Se trata, además, de una cinta de David Lowery, un favorito de Sundance, que hace poco sorprendió con A Ghost Story, historia de amor narrada desde el punto de vista de un fantasma, todo sábana con agujeros como ojos, y que mantiene al público en vilo.

A sus setenta y pico de años, Forrest Tucker (Redford) es un refinado ladrón de bancos que ha escapado muchas veces de la cárcel. Huyendo de su último atraco conoce a una señora viuda entrada en años, Jewel (Sissy Spacek), con la cual entabla un romance después de otro gran robo en Missouri, planeado con su cómplices de siempre, Teddy (Danny Glover), y Waller (Tom Waits), exconvictos como él; les sigue los pasos John Hunt (Casey Affleck), un detective en plena crisis de madurez.

Con tal maleta de tópicos del género de ladrones de bancos, una buena selección de actores, lista de veteranos a los que Redford habrá puesto palomita de aprobación, e inspirado en un artículo del New Yorker (2003), el director relata las andanzas de Forrest Tucker, personaje de la vida real, asaltante y artista del escape, 18 veces, una de ellas de Alcatraz.

Que se base en una historia real es clave del juego de meta ficción; Butch Cassidy and the Sundance Kid (1969), el legendario western que hizo famoso a Robert Redford, se basaba también en personajes verdaderos. El caballero y su revólver comienza con una fórmula de respuesta a la cinta de Roy Hill que abría con el anuncio de que casi todo lo que seguía era real; ahora, en El caballero…, el letrero reza que esta historia, también, casi toda es real.

David Lowery prefiere referirse al lado iconoclasta de Redford (Todos los hombres del presidente), pero el glamour del actor que explotó Hollywood salta con la química con la estupenda Sissy Spacek; filmados de manera simple, a base de planos y contraplanos, la pareja fluye de manera natural, como en el cine adolescentes de los años cincuenta, por lo mismo la cámara panea el café lleno de jóvenes.

El catálogo parece exhaustivo, pero no ahoga a la historia con la filmografía de Redford; las citas son sutiles, contribuyen a la trama y a la construcción de los personajes, cualquier joven que desconozca por completo las clásicas del otrora estrella de Hollywood puede disfrutar la película. También cuenta que el actor, que también ha sido director, no impone su punto de vista ni se toma en serio, se deja dirigir y responde a la propuesta de Lowery y del reparto mismo, entre ellos Casey Affleck, quien sugirió algunos gestos de sus películas favoritas donde aparece Redford.

Lowery, realizador aún joven y ya con una obra firme, opta por un estilo simple, sin otro artificio que el del lenguaje básico del cine donde cada plano, de detalle o general, cuenta y dice algo importante; todo un tratado teórico la presencia de la pistola que funciona como metonimia y sello de todos los géneros armados de Hollywood.