Aunque la izquierda española no fue derrotada en las elecciones del pasado 28 de abril, la ultraderecha puede sentirse satisfecha pues tuvo un gran logro: volver a tener presencia en el Congreso. El partido Vox es el que hizo que el fantasma de Francisco Franco se asomara de nuevo al hemiciclo de los diputados para representar, señaló su dirigente, a la “España viva” y oponerse a “toda la legislación totalitaria que quiera imponer la dictadura progre”.
Madrid.- España optó en las urnas por los partidos que privilegiaron la moderación, una agenda de izquierda y el reconocimiento a la diversidad regional. Y esa movilización del electorado frenó al bloque de la derecha, en especial al Partido Popular (PP) que ya le había abierto la puerta a Vox, el partido de ultraderecha con un mensaje ultrapatriótico, xenófobo y machista.
Y aunque la participación de 76% del electorado el pasado 28 de abril fue una de las mayores desde que el país regresó a la democracia, la elección también demostró que España no es inmune al regreso de la ultraderecha.
Vox obtuvo 24 diputados –de 350 que componen el hemiciclo– al conseguir 2 millones 600 mil votos (10.3% de la votación), muy lejos de las cuentas alegres de 50 a 60 legisladores que estimaban sus dirigentes. Pero no es poco si se toma en cuenta que en este país el nacional-catolicismo tiene un estigma por la huella que dejó la dictadura de Francisco Franco (1939-1975).
En un mitin ante sus simpatizantes la noche electoral, el líder del partido, Santiago Abascal, les agradeció con el mismo tono de crispación que mantuvo toda la campaña, al decirles que su llegada al Congreso es “el inicio de la reconquista”, que “Vox llegó para quedarse”, para representar a la “España viva” y que se van a oponer a “toda la legislación totalitaria que quiera imponer la dictadura progre”.
Entre los diputados que harán esa tarea acompañarán a Abascal los abogados que llevan la causa penal contra los líderes independentistas de Cataluña (el secretario general Javier Ortega-Smith y Pedro Fernández Hernández) e Iván Espinosa de los Monteros, quien en Twitter se define como “hombre, español, cristiano, hetero, casado, padre de familia numerosa, patriota, capitalista, conservador, taurino, madridista y de Vox”, y a cuya rama familiar pertenece quien fue embajador de Franco ante Hitler.
También están Carla Toscano, abogada abanderada de la lucha contra el feminismo; Manuel Maestre, teniente general del Ejército del Aire, retirado; Agustín Rosety, exjefe de la Infantería de Marina, quien el verano pasado firmó un manifiesto de exaltación a Franco y que ensalzaba el golpe de Estado de 1936; y Manuel Mariscal, titular de prensa del partido.
Después de conocerse el resultado electoral, el periodista Ignacio Escolar, director de eldiario.es escribió un artículo en el que destacaba que ante este embate, España había frenado a la extrema derecha. Y apuntaba: “El miedo a Vox y a un Partido Popular que ya les había abierto la puerta del Consejo de Ministros si se alzaba con la victoria, ha llenado las urnas contra el racismo, contra el machismo, contra el fascismo y contra esa visión de España en la que sólo caben unos pocos”.
Destacaba el talante de España, “a la que le preocupa más la lucha contra la violencia de género que el derecho a llevar armas”, una propuesta formulada por Abascal.
En diciembre pasado Vox ya había conseguido representación parlamentaria en Andalucía, donde sus 12 votos y los 21 escaños de Ciudadanos permitieron formar gobierno a Juan Manuel Moreno, del PP.
Pero ahora regresa a las instituciones nacionales luego de 36 años sin representación, cuando Fuerza Nueva, el partido del franquista Blas Piñar, quedó fuera del Parlamento en las elecciones de 1982.
En entrevista, Antonio Maestre, periodista investigador de la ultraderecha en España, advierte que “el peligro de Vox no es si pueden actuar por su propia fuerza parlamentaria, sino la capacidad que tiene de ‘empapar’ el debate público con su discurso y sus propuestas y extenderlos por asimilación en la derecha tradicional”.
Explica que “Vox es una escisión del Partido Popular”, de donde salieron los fundadores, Alejo Vidal-Quadras, exdirigente del PP en Cataluña, y Abascal, exlíder en el País Vasco.
Abascal fue cobijado por la antigua presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, quien lo colocó al frente de la Agencia de Protección de Datos de la Comunidad, primero, y de la Fundación para el Mecenazgo, después.
En las elecciones europeas de 2014 Vox participó por primera vez y obtuvo 245 mil votos (1.5% de la votación), número que le resultó insuficiente para obtener un escaño en el Parlamento Europeo. “Fracasan en aquel momento, porque no existía entonces una pulsión que los favoreciera”, explica Maestre.
Ahora lo lograron, añade, porque “aparte de la coyuntura internacional, con el avance de la ultraderecha, en España se produce una caída de las clases medias, producto de la crisis económica, y el temor a perder esa posición, pero sobre todo el proceso independentista en Cataluña, que provocó una reacción nacionalista en el resto del país”.
El historiador Xavier Casals, estudioso de los movimientos de ultraderecha, sostiene en entrevista que “Vox estaba destinado a eclipsarse tras los comicios europeos de 2014, pero logró conservar su patrimonio de votos y parece haberlos incrementado” bajo la dirección de Abascal, quien tomó las riendas del partido en 2015.
La razón, explica, es el “disgusto en un sector del electorado del Partido Popular por las posiciones y la gestión tecnocrática del presidente Mariano Rajoy y por la forma como aplicó el artículo 155 con el fin de intervenir la Generalitat de Cataluña para frenar el desafío soberanista. Ello provocó un malestar en su electorado, que pretendía mayor endurecimiento contra los separatistas catalanes”.
El catedrático de la Universidad Ramón Llull se refiere a que Vox logró ser admitido en el Tribunal Supremo como acusación particular –figura del sistema judicial español– en el proceso contra los líderes catalanes presos por organizar el referéndum de independencia del 1 de octubre de 2017.
Este acceso privilegiado a los expedientes de la causa judicial les supuso un gran altavoz mediático. Así lo expresaba Pedro Fernández, vicesecretario jurídico de la formación ultra al diario El País: “Vimos que la vía judicial era una forma de incidir, pero nuestra intención no era obtener rédito político, sino defender la unidad de España”.
En esa estrategia judicial destaca la figura de Ortega-Smith, abogado y también exboina verde de la Compañía de Operaciones Especiales del Ejército español, quien inyecta esa vertiente militarista al discurso contra las “amenazas de España”: inmigrantes, musulmanes o la política de género.
Sobre el financiamiento de Vox, El País destapó en diciembre pasado que en las elecciones europeas de 2014 este partido recibió 800 mil euros de donaciones provenientes del Consejo Nacional de la Resistencia de Irán (CNRI), una fuerza marxista-islamista en sus orígenes.
El CNRI hace labor para limpiar su imagen y convertirse en una voz reconocida de la oposición iraní en el exilio, pese a que en el pasado contó con un brazo armado, Muyahidin-e Jalq, considerado una organización terrorista hasta que Estados Unidos lo sacó de la lista negra en 2012.
Alejo Vidal-Quadras, primer presidente de Vox, reconoció la captación de esas aportaciones y aseguró que Abascal estaba enterado. Sin embargo, la dirigencia pretendió minimizar la información asegurando que las finanzas del partido están en regla y que fueron revisadas por el Tribunal de Cuentas, algo que un portavoz de esta institución negó.
Luces y sombras de Vox
El pasado 7 de octubre Vox celebró una multitudinaria asamblea en la plaza de toros de Vistalegre, barrio obrero madrileño, el mítico coso que durante décadas fue el sitio de celebración de actos de los sindicatos o del PSOE. En ese acto, Abascal lanzó consignas como “juntos haremos a España grande otra vez” o “los españoles primero”, imitando los lemas de Donald Trump (Proceso 2195).
El discurso escorado a la extrema derecha de Abascal arrastró al PP y a Ciudadanos a endurecer sus propios discursos para mantener a ese sector del electorado.
Y sus palabras fueron particularmente críticas con esos partidos al llamar al PP “derechita cobarde” y a Ciudadanos “veleta naranja” (por sus constantes cambios de posturas políticas) por permitir que “los socios de los enemigos de España lleguen al poder”, por permitir que el socialista Pedro Sánchez llegara al gobierno apoyado por Podemos y por los partidos independentistas de Cataluña.
Casals señala que la irrupción de Vox produjo una competencia con el PP y Ciudadanos por captar al electorado de derecha, lo que se traduce en que los discursos y las posiciones políticas sufren un “desplazamiento radical” y se escenifica una “batalla de desgaste” entre estos partidos y también contra las políticas del gobierno de Sánchez.
En la asamblea de Vistalegre, Vox presentó sus propuestas, entre ellas la “deportación inmediata de los inmigrantes ilegales”, la construcción de “un muro en Ceuta y Melilla”, el endurecimiento judicial para combatir las mafias de la inmigración ilegal, así como “para quienes colaboren con ellas, ya sean ONG, empresas y particulares”.
La Reconquista
Maestre explica en la entrevista quién compone el núcleo dirigente en esta formación: “Es Abascal; el secretario general Joaquín Ortega-Smith; Iván Espinosa de los Monteros, vicesecretario de Relaciones Internacionales; Rocío Monasterio, ambos vinculados a la Fundación One of Us que se define como ‘provida’; y Manuel Mariscal, quien maneja prensa y las redes sociales del partido”.
Sin embargo “la materia gris” en el Comité Ejecutivo Nacional de Vox y quien permanece en “un segundo plano” es Rafael Bardají, asesor de los ministros de Defensa del PP, Eduardo Serra y Federico Trillo, en los gobiernos de José María Aznar.
Fue director de política internacional de la Fundación para el Análisis y los Estudios Sociales, de Aznar, especializado en el pensamiento neoconservador estadunidense y próximo a los halcones de defensa del gobierno de George Bush.
Vinculado a compañías de seguridad y relaciones en Estados Unidos (es director ejecutivo de World Wide Strategy), relacionado con Steve Bannon, Bardají impulsó en septiembre de 2010 la fundación sionista Friends of Israel Initiative, al lado de Pablo Casado, el actual dirigente del PP.
En la Casa Blanca de Trump, Bardají mantiene dos contactos de primer nivel: Jared Kushner, yerno del presidente estadunidense, y John Bolton, actual Consejero de Seguridad Nacional, el “halcón” del presidente para la crisis venezolana.
“Este núcleo duro es el que ha aglutinado a muchos de los personajes de la ultraderecha española extraparlamentaria, donde hay grupos neonazis, falangistas, partidos como España 2000, Alianza Nacional, Alianza por la Unidad Nacional, grupos nazis como CEDADE (Círculo Español de Amigos de Europa)”, dice Maestre, quien en La Marea, medio para el que trabaja, publicó que durante su fundación este grupo contó con el apoyo de oficiales nazis de las SS protegidos en España, como León Degrelle y Otto Skorzenky, falangistas y combatientes de la División Azul.
A esos vínculos se suman los que mantienen miembros del núcleo duro de Vox con la agrupación HazteOír, considerada la marca española de El Yunque, la organización secreta que busca instaurar “el Reino de Dios en la tierra”.
La portavoz de Vox, Rocío Monasterio, y Alicia Rubio aparecen en fotos en Twitter con Arsuaga en una acción por la libertad de expresión y en repudio a lo que calificaban como “persecución” del gobierno del PP de Mariano Rajoy por disentir contra “los dogmas de lo políticamente correcto, el marxismo cultural y la ideología de género”.
HazteOír irrumpió en la campaña andaluza en abierta sintonía con Vox, poniendo a circular vehículos en Sevilla que difundían el mensaje “echen al PSOE del gobierno de la Junta de Andalucía” y pregonaba por un acuerdo del PP, Ciudadanos y Vox para conseguirlo. También difundieron una guía del voto pidiendo que se produjera el cambio.








