El presidente Andrés Manuel López Obrador ha decidido creer que México crecerá a un ritmo de 4% anual durante todo su sexenio, y considera que para el actual es factible alcanzar el 2%. Pero la realidad lo contradice: proyecciones de analistas y organismos internacionales apuntan a un porcentaje menor para 2019, de entre 1.4% y 1.7%. Y hay más factores que tienden a desinflar la fantasía lopezobradorista: por ejemplo, su errónea decisión de vetar a tres proveedores del sector salud dio pie al desabasto de medicamentos, mientras que su “austeridad republicana” provocó ya un grave subejercicio en la administración pública.
El reporte divulgado por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) el pasado 30 de abril sobre la contracción de 0.2% del Producto Interno Bruto (PIB) en el primer trimestre del año no sólo confirma el difícil arranque económico del sexenio de Andrés Manuel López Obrador, sino que va en línea con los pronósticos de desaceleración que tanto ha cuestionado el presidente.
El decrecimiento trimestral reportado por el Inegi coincide con los ajustes a la baja que han hecho en los últimos días diferentes organismos multilaterales en sus pronósticos de desempeño de la economía mexicana para 2019 y 2020.
“Técnicamente estamos en un ciclo de pronunciada desaceleración”, dice el investigador del Centro de Modelística y Pronósticos Económicos (Cempe) de la UNAM Emmanuel Gerardo Salas.
De acuerdo con el doctor en economía y experto en modelos econométricos, la desaceleración ya es un hecho que no admite debate porque está sustentado en datos duros, como el aumento del desempleo, que llegó a 3.56% en marzo –la cifra más alta en 28 meses– y la caída de 2.1% en el último año en las actividades secundarias (industria y manufacturas).
Indicadores de ese tipo han creado un consenso entre analistas y expertos del sector público en que la economía mexicana no crecerá en 2019 lo que se anticipaba a principios del año.
El jueves 2 la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) redujo en 0.4 puntos la expectativa de crecimiento de México para 2019 y la ubicó en 1.6%.
Ese mismo día el Banco de México (Banxico) dio a conocer su encuesta con especialistas del sector privado, la cual también recorta la expectativa de crecimiento para este año y lo deja en 1.52%.
Lo mismo hizo la agencia calificadora HR Ratings, que espera una expansión moderada en México este año, de entre 1.4% y 1.5%.
El viernes 3, en su conferencia matutina, López Obrador volvió a criticar esos pronósticos y dijo: “Los tecnócratas corruptos conservadores están muy molestos y han agarrado esa cantaleta de que se va a caer el crecimiento… como si ellos hubiesen garantizado mucho crecimiento en 36 años”.
Esos 36 años abarcan los sexenios de Miguel de la Madrid, Carlos Salinas de Gortari, Ernesto Zedillo, Vicente Fox, Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto. Durante ese periodo el PIB de México creció a un promedio anual de 2.4% y el ingreso per cápita apenas se incrementó 0.86% cada año.
López Obrador mantiene su promesa de que México crecerá a un ritmo de 4% anual durante su sexenio y sostiene que es factible lograr una expansión de 2% este año, a pesar de que todas las proyecciones de organismos multilaterales y economistas privados proyectan un porcentaje menor, de entre 1.4% y 1.7%.
El viernes 3 dijo que ya hasta tiene una apuesta de que el PIB crecerá 2% este año y “les vamos a ganar en sus pronósticos”, ya que hay “una variable” que ayudará a lograr esa meta: “Ya no hay la corrupción que existía cuando ellos gobernaban”.
Lo cierto es que mientras esa variable está por comprobarse, el dato duro que dio el Inegi sobre la caída del PIB en el primer trimestre del año, en relación con el último trimestre de 2018, juega contra la apuesta del presidente.
En opinión de Salas, López Obrador va a perder la apuesta: “Las actuales circunstancias de la economía mexicana no indican que se va a lograr un crecimiento de 2% este año. Técnicamente son correctos los pronósticos que hablan de un crecimiento menor a ese porcentaje, apenas arriba de 1%”, dice el investigador del Cempe, organismo que anticipa una expansión de 1.23% este año en un escenario “optimista” y de 1.38% para 2020.
Salas aclara, sin embargo, que con un crecimiento de ese rango, y aun con la caída de 0.2% en el PIB el primer trimestre de este año, “no se puede hablar de que la economía mexicana está en una recesión”.
Un parámetro económico que caracteriza una recesión es una caída del PIB durante tres trimestres consecutivos. Otro, la pérdida de empleos en las tres cuartas partes del sector industrial. Y ninguno de esos dos escenarios se ha producido en México.
Incluso, ni las proyecciones más pesimistas de los organismos multilaterales y analistas privados anticipan una recesión de la economía mexicana este año. Y para 2020 todos prevén un crecimiento mayor, de alrededor de 2%.
Al presentar, el jueves 2 en Palacio Nacional, un estudio económico sobre México, el secretario general de la OCDE, el priista y secretario de Hacienda de Ernesto Zedillo, José Ángel Gurría, consideró que es posible que López Obrador alcance las metas de crecimiento establecidas en el Plan Nacional de Desarrollo 2019-2024, que entregó el 30 de abril al Congreso.
Ese documento establece que una de las tareas centrales del gobierno de López Obrador es “impulsar la reactivación económica y lograr que la economía vuelva a crecer a tasas aceptables”, de 4% anual durante el sexenio.
Gurría recordó que el sexenio de Zedillo arrancó con una enorme crisis económica en 1995, producto del famoso “error de diciembre”, lo que generó una caída del PIB de 6.2% ese año, pero en los sucesivos se registró una recuperación y el país creció durante ese gobierno a una tasa promedio de 3.5% anual.
La caída del PIB en 0.2% en el primer trimestre de este año es la peor que se registra desde el inicio del gobierno de Zedillo, en 1995, pero todos los arranques de sexenio han sido difíciles desde entonces.
El sexenio de Calderón ha sido el segundo de peor desempeño económico en la historia del México moderno, con un crecimiento anual promedio de apenas 2%, sólo superado en resultados negativos por el de Miguel de la Madrid (1982-1988), con 0.21%.
Según la encuesta del Banxico con expertos del sector privado divulgada el jueves 2, la economía mexicana registrará una expansión moderada en los próximos 10 años, de apenas 2% anual, lo que mereció un comentario de López Obrador.
El presidente dijo el viernes 3 que el Banxico tiene como función principal controlar la inflación, pero debería preocuparse también por apoyar el crecimiento.
“Es una institución autónoma, independiente, ellos defienden esa postura; bueno, es legítimo, pero nosotros decimos: ‘Vamos a crecer y vamos a crecer sin inflación’. Entonces todo el tiempo, en los últimos días han estado con eso (que México crecerá menos de lo esperado), pero estamos seguros que vamos muy bien”, aseguró el gobernante en su rueda de prensa matutina.
Los flancos débiles
La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), un organismo de la ONU que siempre ha defendido modelos alternativos al liberalismo y el neoliberalismo, también ajustó a la baja el mes pasado la perspectiva económica de México para este año y fijó el crecimiento del país en 1.7%, 0.4 puntos menos que la estimación de diciembre.
Sin embargo, el porcentaje de expansión que tendrá México este año será superior al 1.3% que crecerá, en promedio, América Latina, de acuerdo con las proyecciones de la Cepal.
El organismo explicó que la reducción en el pronóstico para México obedece a la desaceleración de la actividad económica en el último trimestre de 2018, al menor impulso de la inversión pública en los primeros meses de 2019 por el subejercicio presupuestal y a una “moderada inversión privada”.
El organismo señaló en un reporte sobre México que, además, existe un adverso entorno internacional para el país por la desaceleración de las economías de Estados Unidos –su principal socio comercial–, China y la Unión Europea, que crecerán menos de los esperado a finales de 2018.
“El desempeño económico de México también se ha visto afectado, aunque en menor medida, por la toma de vías férreas por parte de trabajadores de la educación en enero, las huelgas en las maquiladoras en el norte del país y el insuficiente abasto de gasolina en enero en estados importantes para la actividad económica”, indicó la Cepal.
Y mencionó “otros riesgos” que, de materializarse, podrían propiciar una desaceleración mayor del crecimiento del PIB mexicano este año.
Esos riesgos son el cambio en las condiciones financieras internacionales por un aumento de las tasas de interés de Estados Unidos, las tensiones comerciales entre ese país y China, la percepción de los inversionistas sobre el rumbo de las políticas económicas de López Obrador, la disminución de los ingresos públicos petroleros y la puesta en marcha del T-MEC.
La Cepal proyecta que este año la inflación en México se situará en 3.6% (menor en 1.2 puntos a la de 2018), la tasa de desempleo será de 3.5% (mayor en 0.2 puntos que la de 2018) y que el déficit fiscal del sector público cerrará en alrededor de 2% del PIB, porcentaje ligeramente menor al de 2018.
Hay preocupación también por el alto endeudamiento de Pemex y el impacto que esto pudiera tener en el encarecimiento del crédito y por la caída en la producción petrolera, la cual fue de 1.6 millones de barriles diarios durante el primer bimestre de este año, cifra menor 7.8% al promedio de 2018.
Tanto la Cepal como la OCDE coinciden en que dos de las principales fortalezas de la economía mexicana son su “sólido marco macroeconómico” y su sector exportador, aunque tanto las ventas externas como las importaciones registrarán un moderado descenso este año, según previsiones de analistas privados.
Para la Secretaría de Hacienda, algo que contrarió a López Obrador al sumarse al consenso y ajustar a la baja el crecimiento del PIB para este año, también hay buenos resultados que mostrar en materia económica, como un aumento en la recaudación de IVA e ISR en el primer trimestre del año, del orden de 1.7% y 1.9%, respectivamente.
Además los ingresos tributarios fueron 5.1% más altos que los del primer trimestre de 2018, mientras que el gasto neto del gobierno fue menor por los programas de austeridad que están en marcha.
De acuerdo con Hacienda, en la caída del PIB durante el primer semestre de este año influyeron factores coyunturales que no necesariamente se presentarán en lo sucesivo, como los problemas de abasto de gasolinas, las huelgas en las maquiladoras y los bloqueos de vías férreas en Michoacán.
Salas considera que a pesar de la contracción en el periodo enero-marzo, es factible que México logre una expansión de más de un punto este año.
Respecto a los continuos llamados a López Obrador para que promueva más la inversión extranjera directa (IED) con “reglas claras” y “certidumbre”, Salas considera que México ha “sobreestimado” la importancia del capital foráneo como factor de crecimiento económico.
La IED, asegura, representa alrededor de 11% de la inversión total que se registra en México, tanto pública como privada. En los últimos nueve años, la inversión en México ha promediado 22.2% del PIB.
México captó el año pasado 32 mil millones de dólares en IED, mientras que los ingresos por remesas familiares llegaron a 33 mil 480 millones de dólares.
En marzo pasado, el ingreso por remesas familiares estableció un récord histórico al llegar a 2 mil 896 millones de dólares, la cifra más alta de un mes desde que el Banxico registra ese rubro.
Durante el primer trimestre de este año, México recibió 7 mil 699 millones de dólares en remesas, monto superior en 7.1% al registrado en el mismo periodo de 2018.
López Obrador se ha quejado de que los expertos no quieren ver esas cifras positivas ni el efecto que tendrá la lucha contra la corrupción en el crecimiento económico.
El execonomista en jefe para América Latina del Banco Mundial, Guillermo Perry, considera que un combate efectivo contra la corrupción puede estimular la inversión y el crecimiento económico.
“Uno de los grandes errores de muchos gobiernos de izquierda en América Latina es que llegaron al poder con la promesa de combatir la corrupción y terminaron acusados de corruptos. Si López Obrador rompe esa tendencia, tendría un efecto económico muy positivo”, asegura el doctor en economía por el Tecnológico de Massachusetts.








