“La pena de prisión. Un recorrido histórico”

Quizá debido a que el público está abandonando a la televisión abierta. Netflix ha captado a grupos de guionistas, actores y productores que quieren hacer series de mayor calidad, con temática social. En el caso de México tenemos varios ejemplos: Ingobernable, Club de Cuervos, Colosio y ahora Tijuana.

 La política de Netflix es ser una empresa global, divulgadora a nivel planetario de piezas elaboradas en distintas naciones, con sello local, subtituladas o la voz doblada, intérpretes del país, recuperando historias cuyo impacto suceda por la cercanía de la audiencia con los problemas presentados. Busca productores de la región, empero las series son anunciadas como “original de Netflix”. De esta manera la OTT se ha convertido de distribuidora e intermediaria en una empresa que conjuga varias fases del negocio.

La serie Tijuana es protagonizada por actores mexicanos. El principal, Damián Alcázar, es conocido por haber hecho filmes de fuerte crítica al régimen priísta. Tamara Vallarta es su coprotagonista. El elenco está compuesto por consagrados al lado de noveles muy poco vistos en las pantallas. Salvo en algunas escenas en que los jóvenes se sienten forzados, casi en todo su desempeño es sobresaliente. El guion ayuda. Los escritores conocen el habla de esa región del país, los dichos populares, las expresiones. Sus personajes las usan con profusión lo que le da el cariz verosímil.

Si bien se avisa al usuario que no debe confundir los lugares, personajes, ni los hechos con sucesos reales, las referencias son inevitables. Primero el sitio en que se grabó es claramente una ciudad fronteriza. La pobreza, los barrios miserables, las cantinas y los bares, la cárcel son retratados con crudeza. Aunque también están ahí las residencias ostentosas y las de clase media con aspiraciones.

La estructura está armada como serie policiaca, aunque los protagonistas no sean los policías sino los periodistas. Un semanario que se llama Frente Tijuana realiza una labor periodística que saca a la luz la corrupción del lugar. Sean los implicados políticos, partidos, traficantes de droga, líderes sindicales, aduaneros del puerto, dueños de maquiladoras, tratantes de niños.

Hay varios guiños: es ine­vitable traer a la memoria al semanario Zeta, justamente editado en Tijuana. Uno de sus fundadores fue asesinado, se le recuerda constantemente. El Gato Félix sufrió un atentado del que salió muy mal herido, con secuelas intensas. La serie abre con el asesinato del candidato puntero, un trabajador de la maquila. La búsqueda del criminal llevará a descubrir otros asuntos.

Hacen dupla el director del periódico: Antonio y la administradora, también reportera, Federica. A su lado se encuentran el experimentado y hábil periodista Humberto, la fotógrafa, así como la muy joven periodista en formación Gabriela Cisneros. Es ella quien mete en mayores problemas al medio por su afán de seguir la pista que la lleve a descubrir el fondo de la trama. No le importa arriesgar el físico con tal de conseguir la nota.

En cada episodio algo sucede que nos tiene en vilo y nos implica a seguir el sucesivo capítulo para saber en qué acabó el asunto, sólo que termina únicamente para iniciar el desarrollo del nudo siguiente. De manera sesgada pero la serie es un reconocimiento a los valientes informadores que han sido perseguidos y asesinados por cumplir con su labor y no corromperse en el camino.