España vota en medio de una honda crisis política

Este domingo 28 España realiza elecciones adelantadas para elegir nuevo gobierno. Es la tercera vez que los votantes acuden a las urnas desde 2015 –cuando se terminó el bipartidismo PP-PSOE– para elegir a su jefe de Gobierno y al nuevo parlamento. El escenario es convulso y aun cuando las encuestas dan como favorito a Pedro Sánchez, del PSOE, ninguno de los dos partidos mayoritarios podrá gobernar solo, pues tendrá que formar coalición con las fuerzas minoritarias. El quid de la cuestión está justamente en las alianzas. Para Lucía Méndez, del diario El Mundo, la pregunta no es quién ganará, sino con quién va a gobernar.

MADRID.- La inestabilidad política por la que atraviesa España desde 2015 –cuando terminó la era del bipartidismo del Partido Popular (PP) y el Partido Socialista Obrero Español (PSOE)– parece tener garantizada su continuidad de cara a la conformación de un nuevo gobierno tras las elecciones de este domingo 28.

La fragmentación política y la profunda polarización son los signos que vive el país y que marcaron este proceso convocado por el presidente Pedro Sánchez 10 meses después de su arribo al palacio de La Moncloa.

Parece cumplirse el diagnóstico que aquel 2015 hizo el expresidente Felipe González cuando habló de la “italianización” de la política española. “Vamos hacia un Parlamento italiano, pero sin italianos que lo gestionen”, ironizó.

Los dos debates electorales (el del lunes 22 en Radio Televisión Española y el del martes 23 en Atresmedia) definieron con mayor claridad los dos bloques en la carrera hacia La Moncloa, sede del gobierno central: uno de centro-izquierda y el otro de derecha.

Prácticamente todas las encuestas daban como triunfador al presidente Pedro Sánchez, pero debido a que España es una monarquía parlamentaria, el ganador deberá negociar acuerdos de investidura y de gobierno con votos suficientes para aprobar sus políticas en el parlamento.

Uno de los pactos al que aspira un sector del electorado es que Sánchez lo haga con Ciudadanos, con lo cual conseguiría 178 escaños, dos por encima de la mayoría parlamentaria, de acuerdo con la encuesta del diario El País publicada el domingo 21, suficiente para gobernar. No obstante, este escenario es poco factible, si no es que imposible.

La razón es que Albert Rivera, de Ciudadanos, colocó un “cordón sanitario” porque no quiere pactar con Sánchez –porque éste se alió en la moción de censura con “Podemos y con los independentistas que quieren romper España”–; Sánchez, a su vez, ecuando el segundo debate aseguró que no está en “sus planes” pactar con un partido que le pone cordones sanitarios, si bien después matizó su declaración.

La otra posibilidad más viable es que Sánchez alcance acuerdos de gobierno con los mismos partidos con los que consiguió la moción de censura a Rajoy; es decir, sumando a Unidas Podemos (nueva denominación de Podemos), Compromís y Partido Nacionalista Vasco (PNV), con lo cual alcanzaría 170 escaños.

Sánchez tendría que contar con el voto de los partidos independentistas catalanes, una alianza riesgosa, pues daría argumento a los partidos de la derecha para atacarlo en pleno desafío soberanista y en medio del juicio en el Tribunal Supremo contra los líderes del proceso de independencia. Entre los partidos catalanes, Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) podría crecer de nueve a 13 escaños y prevé formar grupo parlamentario con la formación vasca EH Bildu.

Por su parte, el encarcelado exvicepresidente catalán Oriol Junqueras hizo campaña desde la madrileña prisión de Soto del Real. En una videoconferencia expuso que su partido “no facilitará un gobierno de extrema derecha ni por acción ni por omisión”, abriendo así la puerta a un posible pacto con el PSOE de Sánchez.

Y advirtió que eso tampoco significa un cheque en blanco para Pedro Sánchez, ni descartó tener una mayoría suficiente para hacer posible un referéndum de autodeterminación pactado.

Este posible escenario ya lo adelantaba Lola García, directora adjunta del diario La Vanguardia, al analizar los resultados de la encuesta de GAD3 para ese diario, el lunes 15, cuando señaló que ese pacto era factible si se parte que el PSOE tendría de 137 a 139 escaños; U. Podemos entre 27 y 30, y ERC de 13 a 15. Con la horquilla más baja de escaños alcanzarían 177.

En el espectro político de la derecha están Pablo Casado del Partido Popular, Albert Rivera de Ciudadanos (C’s) y Vox, la nueva fuerza de extrema derecha, ausente en los debates, pero que ha condicionado el discurso político y obligado a los dos partidos de derecha a inclinar sus propuestas políticas más a la derecha.

En su lucha por el liderazgo, los partidos de derecha (popularmente denominados el “trifachito”) aluden al nacionalismo español y acusan a Sánchez de “pactar con los que quieren romper España” y le atribuyen la “debacle” de la economía. Asimismo esos partidos buscan rebajar derechos sociales, particularmente los de la mujer, así como enderezar una ofensiva contra los inmigrantes musulmanes.

En la citada encuesta de La Vanguardia, los tres partidos de derecha no logran mayoría –como sí la consiguieron en Andalucía, donde gobiernan juntos–. La horquilla más alta de escaños les daría 161, lejos de los 176 necesarios. Igualmente, en la encuesta del diario El País de domingo 21 esos tres partidos logran 152 escaños.

La crisis vota

La periodista Lucía Méndez, fundadora del diario El Mundo, en el cual es redactora jefa de opinión desde 1998, advierte que el proceso de inestabilidad política en España que se volvió “crónica”, es fruto de la “crisis bestial de 2008”. 

“Eso –dice– ha supuesto un grado de sufrimiento social muy grande, un aumento de la desigualdad, así la incertidumbre sobre el futuro de las personas, sobre todo de los jóvenes, provocando un malestar social enorme”; e insiste: “eso ha fragmentado el sistema político como castigo a los partidos tradicionales: PP y PSOE.”

Recuerda que durante 40 años de gobiernos democráticos con esas dos alternativas políticas el escenario político se mostró estable y con seguridad.

Pero en 2015 irrumpieron en el escenario político nacional Podemos y Ciudadanos, la primera una alternativa de izquierda; la segunda, de centro-derecha, enarbolando un discurso de regeneración. Eso rompió el bipartidismo y el sistema entró en una “inestabilidad crónica” desde los comicios de diciembre de 2015.

En esa ocasión, Mariano Rajoy aspiraba a su segundo mandato, pero la fragmentación del voto puso a prueba las previsiones constitucionales, cuando el ganador de las elecciones –Rajoy– le dijo no al rey Felipe VI, cuando éste le pidió que se sometiera a la investidura.

Pedro Sánchez, entonces líder de la oposición, debilitado por los peores resultados del PSOE en su historia, quiso intentar una alianza con Podemos y los nacionalistas catalanes y vascos, pero su partido se lo impidió. Luego firmó un pacto con Ciudadanos, pero no alcanzó la mayoría de votos y tampoco consiguió la abstención de Podemos.

El bloqueo político obligó a una nueva convocatoria de elecciones para el 26 de junio de 2016, en las cuales se impuso el presidente Mariano Rajoy, quien obtuvo la confianza del parlamento hasta septiembre de ese año y juró el cargo ante el rey el 31 de octubre siguiente.

Su mandato estuvo marcado por la celebración del referéndum ilegal de independencia de Cataluña y la aplicación del artículo 155 de la Constitución, que implicó la intervención del gobierno central de la administración de la Generalitat de Cataluña.

Además de que varios de sus ministros fueron reprobados por el Congreso, su gobierno se vio dinamitado por los innumerables casos de corrupción.

El 25 de mayo de 2018, el PSOE registró una moción de censura liderada por Sánchez contra el gobierno de Mariano Rajoy, la misma semana que se conoció la sentencia de la Audiencia Nacional sobre el caso Gürtel. El tribunal daba por probada la existencia de una “estructura paralela” en la contabilidad del PP –la llamada “caja B”– y ponía en cuestionamiento la “credibilidad” del testimonio de Rajoy, único presidente en España que se sentó en el banquillo como testigo.

En la votación del 1 de junio de ese año en el Congreso de los Diputados fue adoptada por mayoría absoluta la moción y Sánchez fue investido presidente de España.

Su debilidad fue que sólo contaba con 84 de los 350 escaños, lo que convirtió su mandato en dependiente de Podemos y de los nacionalistas vascos y catalanes.

Rajoy no sólo abandonó la presidencia, sino la secretaría general del PP y en unas elecciones internas surgió como ganador Pablo Casado, de 35 años, quien se definió como heredero del legado de José María Aznar, el presidente más conservador de esa formación política.

Así se inició un proceso de crispación inusitada con permanentes ataques contra Sánchez, a quien acusó de ser “partícipe y responsable del golpe de Estado que se está perpetrando en España”, en alusión al desafío soberanista en Cataluña.

Lucía Méndez asegura que “todo esto ha provocado inestabilidad en el gobierno y, por lo tanto, un parlamento que tampoco cumple sus obligaciones de legislar. Estas son las terceras elecciones desde 2015 y una legislatura muy convulsa”.

Advierte que los partidos que sostenían el sistema no pudieron o no entendieron que las cosas habían cambiado: “Hay una inercia de los dos grandes partidos a continuar como si nada hubiera pasado.

“La otra pata es que los nuevos partidos –Podemos y Ciudadanos– tampoco han sabido leer la voluntad política del electorado de forma adecuada y no han sabido instalarse en el sistema político de forma efectiva ni de forma práctica. Los dos partidos que nacieron con la intención de sustituir la hegemonía de los dos grandes partidos, ahora están ‘colgados’ de esos partidos, Pablo Iglesias queriendo ser ministro de un gobierno de Pedro Sánchez y Rivera de un posible gobierno de Pablo Casado.”

Critica que los dos partidos emergentes hayan renunciado a la transversalidad al inicio, hace cuatro años, para combatir la corrupción y terminar con las prácticas clientelares de los grandes partidos y las instituciones del Estado. “No ha sucedido porque los dos partidos nuevos han replicado lo peor de lo que venían a combatir”, sostiene Méndez.

Recuerda que Podemos no logró el sorpasso (adelantamiento, en italiano) al PSOE en 2015, ni Rivera está en la posición de ser presidente que le daban las encuestas hace un año. 

“La verdad –insiste– es que España es muy presidencialista y aunque el bipartidismo terminó, es muy difícil que haya un presidente que no sea de los dos grandes partidos, el PSOE o el PP. Eso sí hubiera significado un cambio político en el país, pero no lo veo.”

Inestabilidad persistente

Lo peor, prosigue Lucía Méndez, es que tras los comicios de este domingo 28 “no hay seguridad de que este desgobierno pueda terminar o que pueda haber un gobierno efectivo”, las propias encuestas en últimas elecciones no han sido un instrumento efectivo para hacer proyecciones efectivas.

Entrevistada en vísperas de la jornada electoral, Méndez sostiene que todos los análisis de las encuestas dan al PSOE como ganador, “pero la pregunta es con quién va a gobernar”.

Dice que aun cuando Sánchez es “un político sin ideología”, “sin una gestión de gobierno destacable” y que hace un año estaba en tercera posición en intención de voto, “es un hombre osado y con suerte”, como lo demuestran dos operaciones de alto riesgo: haber vencido en unas elecciones internas al establishment del PSOE y la moción de censura contra Rajoy, “algo que muchos querían, pero nadie sabía cómo lograrla”.

Ahora, señala, “sus adversarios lo convirtieron en un hombre de Estado al caricariturizarlo de forma tan burda, grosera y sobreactuada”.

Sánchez incluso aprovechó la campaña para mostrarse como la opción más moderada y progresista ante la irrupción de Vox, el partido de extrema derecha que ya gobierna con el PP y Ciudadanos en Andalucía.

Y en su campaña, que inició el viernes 12, insistió en pedir el voto para el PSOE porque, arguyó, la otra opción era “la foto de Colón”, la glorieta de la avenida Castellana donde se celebró una manifestación “por la unidad de España” y contra Sánchez por negociar con los partidos independentistas los presupuestos generales del Estado.

En el debate en Atresmedia, Sánchez arremetió contra el líder de Ciudadanos, Albert Rivera, al señalarle que “hay silencios clamorosos”, porque no menciona a Vox, “que lo necesita para gobernar en España. La ultraderecha es peligrosa, temible”; también le recordó algunas de las propuestas del partido ultra, como que las mujeres violadas no tienen derecho a abortar y se refirió a las mujeres de la izquierda como “piojosas”, al tiempo que calificó al movimiento feminista como “dictadura feminista”.

La periodista de El Mundo señala que Vox es una escisión del PP con fuerte “esencia patria”, pero que “tiene que ver más con Trump (Donaldo, el presidente de Estados Unidos) que con la oleada de la extrema derecha europea. Es decir, Vox es más una escisión del aznarismo que está roto en dos mitades: una está con Santiago Abascal (Vox); la otra con (Pablo) Casado (PP)”.

Advierte también que esta formación que irrumpió en las elecciones europeas de 2014 y que ahora lo hace por primera vez en el ámbito nacional, “es una pulsión principalmente para castigar al PP por haberse olvidado de España”.

“Toda esta base de escisión del PP se ha completado con corrientes que están contra las políticas identitarias de la izquierda, como el feminismo y el ecologismo, que tienen una pata en un lobby de padres separados que abogan contra las mujeres y que tienen gran capacidad de activismo y de movilización; y la otra es una corriente que se nutre de la cultura del franquismo y el falangismo, que tiene mucho que ver con su discurso de la reconquista”, que ensalza la época imperial española tras las guerras contra los  musulmanes.

La paradoja es que en las elecciones de este domingo 28 hay una fuerte pelea por el voto de la derecha, de ahí que la retórica tanto del PP como de Ciudadanos tenga el propósito acercarse al discurso sin complejos y extremo de Vox.

“Este es el problema que tiene Pablo Casado, porque él no es nada distinto que Abascal. Ambos son alumnos de Aznar y los unen lazos emocionales muy potentes. Por eso, para Casado, es inexplicable que haya un grupo de irreductibles, primero en Andalucía, y ahora a nivel nacional, que se vayan a ir a Vox.”