Yo, Aureliano Maldía*

Esquilo escribió que la primera baja que se da en una guerra es la verdad. Tiene razón y Alejandro Madrazo, del CIDE, fue a las audiencias sobre la Guardia Nacional en el Senado a decirlo así, con todas sus letras: El presidente miente. Y yo añadiría: Alfonso Durazo miente, Ricardo Monreal miente. ¿Ustedes, senadores? Pues todavía les doy el beneficio de la duda.

Sumándome a ese derecho cívico y ciudadano de auscultar al gobierno, quisiera ilustrar cómo funciona exactamente la diseminación de la mentira sobre la cual está construida la Guardia Nacional. La mentira enmascarada. Les pido que me acompañen en un ejercicio intelectual –como el que acaba de hacer la congresista estadunidense Alexandria Ocasio Cortez para ilustrar problemas con las leyes de su país– y se imaginen que yo soy un miembro de este “nuevo cuerpo” creado por Morena para salvar a México. Les pido a los senadores presentes que se vuelvan mis co-conspiradores en el asesinato de la verdad.

Me llamo Aureliano Maldía, y soy General de División, a cargo de una de las 266 regiones donde ya estamos operando como Guardia Nacional aunque no hayan aprobado la reforma constitucional para crearla. No hay problema. Ahí se las encargo. Me quito el viejo uniforme del Ejército, que he usado durante 12 años, y me coloco la nueva casaca, diseñada para hacerme parecer una fuerza civil. Soy el pueblo uniformado, el pueblo bueno, el pueblo raso. Nada de mafia en el poder. Esa ya está reubicada en el Consejo Asesor Empresarial de la 4T.

Entonces, les pregunto a ustedes, senadores: la iniciativa para crear la Guardia Nacional dice que las instituciones de Seguridad Pública serán de carácter civil. ¿Es así, verdad? Pero a mí no me entrenaron para ser policía y ahí, en la misma minuta, dice que yo mero, General, diseñaré operativos, políticas, estrategias, acciones. Yo mero, General, dispondré de lo necesario para que la estructura jerárquica, la disciplina, el régimen de servicios, los ascensos, las prestaciones, el ingreso, la educación, la capacitación, la profesionalización, estén homologados a los que se aplican a las Fuerzas Armadas. Yo feliz porque podré seguir actuando como he actuado los últimos 12 años, y no me tengo que entrenar para ser policía. Más bien tengo que entrenar a los policías para que sean militares como yo. Súper.

Les pregunto a ustedes: si yo cometo faltas y delitos contra la disciplina militar, y parte de esa disciplina es identificar al enemigo y abatirlo, no seré sometido a un tribunal civil, sino a uno militar. Eso dice el proyecto de reforma en materia de Guardia Nacional, ¿o no? Y como hemos visto en caso tras caso, donde militares son juzgados por militares, probablemente saldré libre aunque haya cometido una ejecución extrajudicial. Si resulta que la persona que asesiné en un retén era una madre de familia y sus hijas, no importará. Mi crimen quedará impune, como el de los soldados que mataron a Jorge y Javier en el Tec de Monterrey. Vamos bien. A todo mecate.

Y si yo, a la hora de aprehender a un presunto culpable, violo o torturo a esa persona antes de ponerla a disposición de un Ministerio Público, ¿quién me investigará o me sancionará a mí? Dado que el INEGI –por “cambio de prioridades”– ya no realizará la Encuesta Nacional de Población Privada de la Libertad, ¿quién se enterará si yo hice eso? Y pues como suprimieron esa partecita sobre la “ley nacional de registro de detenidos”, nadie me estará vigilando; nadie podrá enterarse qué hice a la hora de aprehender, investigar y trasladar a un presunto delincuente; el que se robó un taco, o los que andan por ahí violando la Constitución Moral fumando mariguana. Alabado sea Dios que ya nadie en Morena habla de legalizarla porque nos quitarían el negocio. ¡Albricias! ¡Bravo! ¡Bien por mí! 

También les pregunto a ustedes: En la minuta dice que entre mis responsabilidades estará la “preservación de la paz pública y el orden”. Esto significa que me llamarán para estar presente en manifestaciones de grupos opositores, en marchas en contra del gobierno. Y aunque el presidente ha dicho que jamás dará la orden de reprimir al pueblo, yo no le voy a hablar para pedirle instrucciones cada vez que haya una confrontación, ¿o sí? Tendremos que lidiar con esos “radicales de izquierda conservadores”, como los llamó. Ahora los vamos a poder agarrar y meter al tambo así, rápido –como quiere el Presidente– con eso de la prisión preventiva oficiosa que van a aprobar. Nada de investigar, nada de seguir el debido proceso. Eso es para civiles.

Luego, por ahí también estipula que mi formación se regirá por el respeto a los derechos humanos. La neta la neta, es que nos han dado un montón de cursos sobre eso, pero pues a la hora de los balazos, no puede haber abrazos. La orden es abatir, y lo padre es que ahora lo puedo hacer con protección constitucional. La verdad es que me puse un poco nervioso en la campaña cuando López Obrador dijo que nos iba a regresar a los cuarteles. Pero pues ya con esta Guardia Nacional me siento cuidado, apapachado por el Presidente. Qué alivio que no cumpliera con sus promesas de campaña porque si no, hubiéramos perdido todos los privilegios y la protección que nos han provisto en los últimos 12 años.

Y ahora hasta negocios nos van a dar. Desarrollos inmobiliarios, construcción, el aeropuerto de Santa Lucía. Me enorgullece que vaya a ser el único aeropuerto mixto de uso-civil militar en el mundo, y gracias a Dios que por cuestiones de “seguridad nacional” no se nos va a aplicar la ley de transparencia. Vamos a poder contratar a Rioboó sin problema. Porque otro escándalo como el de la barda perimetral del NAIM, que construimos nosotros y que costó 75% más de lo presupuestado, nomás no. No a mi edad y con el añadido de cuidar a los nietos en las tardes, por eso del recorte a las estancias infantiles. Pero con los megaproyectos en los que vamos a poder participar, la verdad es que la Cuarta Transformación sí está funcionando para mí y mis cuates. 

Vaya, sólo en regímenes autoritarios le conceden tanto poder al Ejército, pero pues aquí la salvamos por eso de los 30 millones de votos. Les agradezco que siempre defiendan a la Guardia Nacional con ese argumento, porque pues no están tan padres las críticas de toda la comunidad internacional –la CIDH, la ONU, Human Rights Watch. Ellos qué van a saber. Ni que tuvieran una perspectiva histórica, internacional, comparativa como para alertar sobre los peligros de la supuesta “militarización”. Nosotros les vamos a demostrar que aquí vamos a tener rienda suelta sin problemas. Ni que fuéramos Venezuela, Nicaragua o Irán. Como México no hay dos. Aquí 80% de la población quiere un Estado de excepción permanente. Alegra saber que hay tanta gente dispuesta a sacrificar sus derechos. Reconforta ver que hay tantos gobernadores dispuestos a abdicar de sus responsabilidades y minar el federalismo.

Y nosotros leales, siempre leales al Presidente, al poder civil, como lo fuimos con Francisco I. Madero, siempre y cuando siga fluyendo la lana y nos dejen trabajar en paz, siempre y cuando cambie la Constitución para hacer legal lo que la Suprema Corte declaró ilegal. Nada de Comisiones de la Verdad, nada de eliminar el fuero militar, nada de incorporar las modificaciones al dictamen que hicieron organizaciones de la sociedad civil, nada de escuchar a los “expertos” alertando que la estrategia de los últimos 12 años no ha funcionado; a los que presentan datos duros y evidencia de cómo la tasa nacional de homicidios se disparó cuando Calderón nos sacó a pelear la “guerra contra las drogas”; a los que prueban cómo los enfrentamientos entre nosotros –las Fuerzas Armadas– y los delincuentes son catalizador de la violencia. Ni se les ocurra leer el dictamen alternativo que presentó el colectivo #SeguridadSinGuerra donde se delinea una opción civil a la Guardia Nacional, porque nadie quiere eso, ¿verdad?

Lo bueno es que al Presidente y a ustedes no les importa la evidencia, y legislan como se los pedimos. Gracias. Gracias. Gracias. Son unos verdaderos patriotas, no como esos de la llamada “sociedad civil” que desde la izquierda llevan años jode y jode y jode contra nosotros con eso del “índice de letalidad” y los desaparecidos y la violación de los derechos humanos. Afortunadamente, ya las criticó el Presidente ayer. Qué latosas son, poniéndole trabas a un proyecto que le da a las Fuerzas Armadas un protagonismo nunca visto; que nos concede todo lo que siempre hemos querido y los gobiernos posrevolucionarios nos escatimaron. Ya son otros tiempos, afortunadamente. Ya hasta andamos pensando en quien podría ser nuestro candidato presidencial. La gente nos quiere; nos respeta mucho más que a ustedes, senadores, nada más para que quede bien claro y vayamos midiendo fuerzas. Y por favorcito, archiven ese estudio donde dice que en realidad a las Fuerzas Armadas nos tienen más confianza porque interactúan menos con nosotros que con las policías. 

Por cierto, senadores. La iniciativa plantea que el Presidente le presentará al Congreso un informe anual sobre las actividades de la Guardia Nacional. Pero yo tranquis tranquis, porque como Morena le es leal e incondicional y es mayoría, pues van a darle visto bueno, sin chistar. Así como votaron en la Cámara de Diputados. Bien obedientes. Bien disciplinados como con los gobernadores, a quienes tienen agarrados del presupuesto. Y pues de la oposición priista y panista ni me preocupo porque les estamos dando más de lo que querían con su Ley de Seguridad Interior. Y todos sabemos cómo son estas cosas: te doy, me das. Apruébame mi Guardia Nacional y no mando a mi Fiscal General a investigarte. 

Bueno pues, gracias por su atención a este ejercicio de simulación, también denominado como Parlamento Abierto. No se les olvide incluir la modificación constitucional que exigió el señor Presidente, para que no nos quiten todo en cinco años y nos regresen a hacer labores de auxilio en casos de desastres naturales. Nosotros, los miembros de la Guardia Nacional, somos como la Charrita del Cuadrante. Llegamos para quedarnos. Y esa no es una mentira. Esa sí es la verdad.

*Presentación en las “Audiencias sobre la Guardia Nacional” realizada en el Senado de la República el 14 de febrero de 2019.