Hari Sama va a Sundance con “Esto no es Berlín”

Es 1986 y dos chavos del Estado de México se lanzan a la capital para una tocada de punk, donde se iniciarán en el mundo de la contracultura retomando las ideas vanguardistas europeas. Así recrea el cineasta Hari Sama, en su cuarta ficción Esto no es Berlín, temas que marcaron su adolescencia, y que cuenta a Proceso. Actúan Lumi Cavazos, Marina de Tavira, Klaudia García, Xabiani Ponce de León y Ximena Romo, entre otros. La película se estrena este fin de mes.

Esto no es Berlín, de Hari Sama, es la única película totalmente mexicana en World Cinema Dramatic Competition (Cine Mundial de Drama), la sección más importante del Festival de Cine de Sundance, el cual en sus diez días de duración espera recibir más de 125 mil personas, participando 33 naciones y 45 nuevos cineastas.

Se trata del cuarto largometraje de ficción de Sama, basado en situaciones que vivió en los años ochenta en la Ciudad de México. En entrevista, el realizador de inmediato acepta que la historia es autobiográfica.

Este encuentro cinematográfico independiente y uno de los más grandes de Estados Unidos se efectuará del 24 de enero al 3 de febrero de este año en Park City, Utah, donde se proyectarán 112 filmes.

Sama señala en entrevista que en esta misma categoría concursará Divino amor, de Gabriel Mascaro (Brasil, México, Dinamarca, Uruguay y Noruega); pero Esto no es Berlín “sí es la única película mexicana como tal”, y manifiesta entusiasta:

“Me siento muy afortunado de haber podido crear este filme, de haberlo terminado y estrenarlo en un lugar como Sundance. La verdad me siento extremadamente halagado y feliz. Es el festival perfecto para esta película.”

La cinta la filmó a principios del año pasado. Acentúa que la invitación a Sundance fue inmediata:

“Nos avisaron muy pronto que formabamos parte de esa sección para que casi, casi, no buscáramos otro estreno internacional, y nos invitaron elogiando mucho el largometraje. Yo siento una enorme afinidad con Sundance, desde muy joven me ha interesado muchísimo, y tengo una relación importante con el cine independiente estadunidense, siempre ha sido una influencia muy importante para mí. Estar ahí, es un sueño hecho realidad.”

El también realizador de Sin Ton ni Sonia (2003), El sueño de Lu (2011) y Despertar el polvo (2013), adelanta que es la historia de dos jóvenes, quienes están creciendo en Lomas Verdes, en el Estado de México, de 1986:

“La trama se halla en el contexto de la primera generación de familias rotas, de divorcios masivos, por lo menos de la clase media. Mujeres que estaban acostumbradas a verse a sí mismas como las señoras de la casa de alguna manera, y cuando se rompe ese rol de pronto hay un descontrol bastante grande en los hogares, y eso da como resultado familias fragmentadas y padres deprimidos.”

Ambos chavos se encuentran en ese contexto, estudiando en el Colegio Cristóbal Colón, con una educación religiosa.

“Uno de ellos posee mucho talento para la electrónica, y gracias a eso repara el sintetizador de unos chicos más grandes; en premio los llevan a la Ciudad de México a una tocada de punk electrónico en un lugar donde es el punto de convergencia de toda la contracultura mexicana, el epicentro del underground  de la Ciudad de México, muy pequeño pero muy interesante y muy subversivo”, detalla el cineasta nacido en la Ciudad de México.

Los actores que forman parte de esta ficción son Lumi Cavazos, Marina de Tavira, Klaudia García, Xabiani Ponce de León, Ximena Romo, Mauro Sánchez Navarro y José Antonio Toledano.

–¿Por qué una cinta autobiográfica?

–Desde hace mucho tiempo que deseaba realizar una cinta sobre mi adolescencia, incluso amigos que me conocen y saben por dónde transité en aquel tiempo, me decían: “Debes rodar una película sobre eso, tal cual”. Supongo que también la cuestión personal era un gran obstáculo. Pensaba: “Es que esto lo quiero escribir con alguien, porque es un filme muy complejo”. Hace un par de años, después de que nos fuimos haciendo amigos, Rodrigo Ordoñez, Max Zunino y yo, en algún punto dije: “Quizá con ellos se pueda armar un bonito lazo creativo”, y se los propuse. Yo contaba con más conocimiento de la época de los ochenta y les di a leer cosas. Empezamos a escribir juntos y todo cuajó.

El primer tratamiento del guion pasó el estímulo fiscal Eficine.

“Son cosas que viví. Los adolescentes llegan a este universo en el que se encuentran, sobre todo con artistas plásticos, quienes también son jóvenes, aunque mayores que ellos, que buscan un nuevo lenguaje en un mundo en donde no había las telecomunicaciones de ahora. Todo era difícil de ver y conseguir. Los artistas jóvenes no tenían dónde exponer, la verdad es que las galerías no tomaban artistas jóvenes, los museos menos. Los conciertos estaban prohibidos, entonces toda esta banda empieza a tomar las casas y lugares abandonados para exponer y ofrecer conciertos. Era banda muy reventada, muy loca y con muchas ideas, pero muy escondida.”

Generación libertaria

Sama rememora:

“En ese mundo de la contracultura había artistas como Gabriel Orozco, Francis Alÿs, Damián Ortega y Rubén Ortiz, que hoy por hoy son quizá de los nombres más importantes no sólo en el arte mexicano, sino universal. Estaban en esa época exponiendo en la casa de unos chavos en Coyoacán y encuchando a Santa Sabina o a las Insólitas Imágenes de Aurora, la banda que después sería Caifanes. Todo eso pasaba en la Ciudad de México y ha sido escasamente documentado, se sabe muy poco de los ochenta en México.”

La cinta recupera el ambiente contracultural de esos años, en el que jóvenes artistas buscaban retomar lo que sucedía en Berlín y Londres, “de ahí el título”.

–En Esto no es Berlín el rock es importante.

–Justo es la época previa al “Rock en tu idioma”. Estaban todas estas bandas que se quedaron en el underground porque cantaban mucho en inglés o apostaban por una cosa como más agresiva o con propuestas muy fuertes.

“Lo que pasó en México en los ochenta ayudó muchísimo para que hoy se pueda caminar por Reforma y ver parejas del mismo sexo besándose o agarrándose de la mano. En esa época era impensable hacer una cosa así, te estabas exponiendo muchísimo, incluso a que te mataran casi, casi. Fue una generación que le tocó un país muy rudo y en el que poco a poco y de manera muy entregada fuimos abriendo espacios, para recuperar el espacio público.

“Yo realicé la curaduría musical de Esto no es Berlín. Al principio dijimos que necesitamos un supervisor musical, y la verdad es que yo tenía que ser el supervisor musical. Yo soy músico. La parte creativa la efectué yo y la parte administrativa la elaboró Max Oldham, cuyo papá Andrew Loog Oldham fue el primer manager de los Rolling Stones. Él nos ayudó a encontrar derechos de música muy compleja, muy grande.”

En el soundtrack suenan Joy Division y Roxy Music, de Brian Ferry, por lo que se siente “muy contento también con eso, es parte muy importante de la película”, siendo probablemente el largometraje con más música en su carrera.

–¿Qué tan complicado es elaborar un guión con temas autobiográficos?

–Es padre, porque ya tienes el punto de partida que en este caso yo conocía bastante bien y sabía que quería que el protagonista de alguna manera fuera yo. Es muy interesante el diálogo con una estructura que permita  mantener el interés del espectador.

“Descubro con esta película que a pesar de lo incómodo que puede llegar a ser ponerse en lugares muy vulnerables, es cuando mejor trabajo. Me interesa hablar de mis propias cicatrices y mis propios lugares débiles, y eso es duro porque mientras filmaba, la verdad es que me empecé a dar cuenta cómo me estaba afectando personalmente estar filmando estas cosas.”

No contaba con tantos recursos, “por lo cual fue muy difícil el rodaje”; pero enfatiza con alivio:

“Era muy fácil que me comiera la parte de producción, pero como vengo de esta experiencia de contar historias de gente que está luchando por encontrar la luz en lugares muy oscuros, y que hacen como un proceso de autoreflexión importante, siento que todo eso me preparó para no perder la brújula de lo que era más importante en la película: que es la esencia de esos conflictos humanos, de estos personajes de carne y hueso que están adoloridos, atormentados.”

La película formó parte de Impulso Morelia 4, donde obtuvo el Premio Cinépolis Distribución que consiste en una garantía de distribución nacional, con inversión de 250 mil pesos en P&A (Prints & Advertising, campaña de marketing para el lanzamiento y mantenimiento de una cinta).

Sama platica que el largometraje cuenta con invitaciones para algunos festivales durante el año.

“Nuestra idea es, si todo se alínea, estrenar en Morelia. Daniela Michel y Andrea Stavenhagen de alguna manera son medio madrinas de la película, en ese sentido sí queremos estar en ese festival”, agrega.

Otras películas iberoamericanas de World Cinema Dramatic Competition son la uruguaya Los tiburones, de Lucía Garibaldi, y la colombiana Monos, de Alejandro Landes. El primer relato cinematográfico, premiado en San Sebastián el año pasado con el galardón Cine en Construcción, aborda el despertar sexual de una adolescente. El segundo, también es cooprodución con Argentina y se centra en ocho chicos que cuidan a una rehén y una vaca lechera.

Divino amor, con participación de México, se ubica en el Brasil del 2027, donde una mujer profundamente religiosa usa su posición en una oficina de notarios para tratar de evitar que las parejas se divorcien.

En tanto, los filmes Pájaros de verano (Colombia y México), de Cristina Gallego y Ciro Guerra, y la braileña Abe, de Fernando Grostein Andrade, se proyectarán en la sección no competitiva Spotlight.

Y más precencia de cine latinoamericano: En World Cinema Documentary Competition intervienen la brasileña Untitled Brazil, de Petra Costa, y la colombiana Lapü, codirigida por Juan Pablo Polanco y César Alejandro Jaimes.

Cabe destacar que por primera vez en la historia de World Cinema Dramatic Competition, más de la mitad de las películas en la categoría de este 2019 son directoras. El año pasado fueron el 31% en esta categoría.