Había expectativa, sonaba interesante eso de combinar música, cine, grabaciones y videos de y sobre los Revueltas, esa familia excepcional que aportó cuatro de sus 12 hijos al, auténticamente, engrandecimiento de la cultura nacional. Pero si a esa no inédita, pero sí poco común combinación de elementos artísticos se agregaba una conferencia, como era el caso, entonces la cosa se ponía realmente interesante.
La intérprete participante era la juvenil Orquesta Escuela Carlos Chávez, que si bien es cierto ya ha enfrentado con éxito peligrosas pruebas (de algunas de las cuales nos hemos ocupado aquí mismo), no por ello, como su propio nombre indica, es un conjunto con toda la experiencia y conocimientos. A su frente, en contraposición, un hombre muy experimentado en, justamente, la formación de músicos y orquestas, Eduardo García Barrios.
El conferenciante, otro viejo conocido en las lides culturales pero que no sabíamos experto en estas cuestiones familiares, Gregorio Luke, hijo de la mayor exponente del neoclásico en danza en nuestro país, Gloría Contreras.
Así las cosas, la conferencia-concierto empezó, naturalmente, evocando al creador de la música que iba a escucharse a lo largo de la presentación, Silvestre (31 de diciembre 1899-5 de octubre 1940), lo que motivó el recuerdo de la España republicana y su lucha contra el facio en la que participó, y su singular “Homenaje a García Lorca”. El inicio no fue el mejor momento del expositor, pero paulatinamente fue asentándose y exponiendo con mayor soltura y comodidad, lo que repercutió favorablemente en el público que llenó el Auditorio Blas Galindo del Centro Nacional de las Artes.
Tocó turno a Rosaura (6 de agosto 1910-30 de abril 1996), esa estupenda bailarina y actriz que tuvo el privilegio de ser la única mexicana que haya trabajado en Alemania con Bertolt Brecht y a quien, a su regreso a México, se negó todo reconocimiento y apoyo. El propio secretario de Educación del momento, Jaime Torres Bodet, le espetó en una entrevista personal, “Yo no puedo ayudarla en nada señorita Revueltas, y creo que no hay nadie en México que pueda hacerlo”. Como sus hermanos, murió en situación de pobreza no obstante su gran calidad de actriz demostrada, entre otras cosas, en la película La sal de la tierra, que le valió reconocimiento mundial.
En la pantalla, momentos de la vida y obra de estos cuatro magníficos y, envolviendo todo, la música de Janitzio, el Baile, Sensemayá y la Danza Geométrica, entre otras. Gregorio se crecía.
Luego Fermín (7 de julio de 1901-9 de septiembre de 1935), el formidable pintor muralista, y vitralista sin par, que con Diego y otros muy pocos fue precursor del Muralismo mexicano reconocido en todo el mundo, y quien pese a tener el mejor estándar de vida de los hermanos, murió de un repentino ataque cardiaco a sólo 34 años.
Cerró el ciclo el formidable Pepe (20 de noviembre de 1914-14 de abril de 1976) a quien, como no podía ser de otra manera, con el fondo de La noche de los mayas y Redes, se recordó en sus múltiples facetas, narrador non, militante de granito, maestro inigualable… El que, como el Cid, sigue ganando batallas después de muerto, la primera e inmediata después de su fallecimiento, expulsar de su sepelio al enviado del desgobernante en turno, Luis Echeverría.








