La imagen oficial del gobierno de Andrés Manuel López Obrador, dada a conocer un día antes de la toma de posesión, provocó cuestionamientos por incluir sólo las figuras de José María Morelos y Pavón, Miguel Hidalgo, Benito Juárez, Francisco I. Madero y Lázaro Cárdenas, y a ninguna mujer.
El coordinador general de Comunicación Social, Jesús Ramírez, explicó entonces que por tratarse de “símbolos, más que personas” no tienen género. Y añadió que las mujeres que han hecho historia serán reconocidas durante el sexenio, aunque no estén en el logotipo.
Sin embargo, el día de la ceremonia, se colocaron sendos pendones en cada uno de los flancos de la avenida 20 de Noviembre, de cara al Zócalo. En el izquierdo los rostros de sor Juana Inés de la Cruz, al lado de Morelos e Hidalgo. Y en el derecho Cárdenas, Madero y Juárez.
Nacida hace 370 años, en 1648 en San Miguel Nepantla, hoy parte del Estado de México, Sor Juana no deja de ser polémica y ha trascendido a través de los siglos, más allá del decreto presidencial que, al cuarto para las doce del fin de su gobierno, expidió Enrique Peña Nieto para declararla Mujer Ilustre e instruir a la Secretaría de Gobernación para rendirle los homenajes póstumos en la Rotonda de las Personas Ilustres.
Se podría pensar que, junto a los héroes patrios citados, cabría la figura de Josefa Ortiz de Domínguez, Leona Vicario o Carmen Serdán. ¿Por qué no Frida Kahlo?, pensarán otros. Pero es la monja jerónima una viva representación de la rebelión frente al autoritarismo, del arte, la literatura, la ciencia, la historia…
Interesada por la filosofía de Descartes, la física, la astronomía, como la describe Octavio Paz en El laberinto de la soledad, “ella responde a lo que su tiempo podía pedir a una mujer”. Fue poetisa, amante de la conversación y de la música, “sus tentativas literarias y hasta las tendencias sexuales que algunos le atribuyen, no se oponen, sino exigen un fin ejemplar”, escribe el poeta, y agrega:
“Sor Juana afirma su tiempo tanto como su tiempo se afirma en ella. Pero dos de sus obras, la Respuesta a Sor Filotea y el Primero Sueño, arrojan una extraña luz sobre su figura y sobre su tiempo. Y la hacen ejemplar en sentido muy distinto al que piensan sus panegiristas católicos. Se ha comparado el Primero Sueño a las Soledades. En efecto, el poema de Sor Juana es una imitación del de don Luis de Góngora. No obstante, las diferencias profundas son mayores que las semejanzas externas…”
Intelectual moderna
Paz dedica varias páginas del capítulo V “Conquista y Colonia” de El Laberinto… a la escritora novohispana. La describe como una intelectual ávida de conocimiento y la sitúa por adelante de los escritores españoles de la época que “desdeñan la curiosidad intelectual y todo su saber lo refieren a la conducta, a la moral o a la salvación”. Eso la aísla, sostiene:
“Su doble soledad, de mujer y de intelectual, condensa un conflicto también doble: el de su sociedad y el de su feminidad. La respuesta a Sor Filotea es una defensa de la mujer. Hacer esa defensa y atreverse a proclamar su afición por el pensamiento desinteresado, la hacen una figura moderna.”
El poeta Nobel escribió también Sor Juana Inés de la Cruz o Las trampas de la fe, en cuyo prólogo recuerda que fue el poeta Amado Nervo quien “encendió la chispa del reconocimiento” a la escritora novohispana, con su libro Juana de Asbaje, publicado en 1910 y dedicado “a las mujeres todas de mi país y de mi raza”.
Enumera a otros estudiosos de su vida y promotores de su obra: Manuel Toussaint, Ermilo Abreu Gómez, y los poetas Contemporáneos Jorge Cuesta y Xavier Villaurrutia. Y añade:
“Mi libro no es el primero sobre Sor Juana ni será el último. La bibliografía sobre su persona y su obra cubre tres siglos y se extiende a varias lenguas, aunque todavía nos falta el previsible estudio de algún erudito japonés. Las últimas en llegar fueron las mujeres. Pero han reparado el retraso con entusiasmo: Dorothy Schons, Anita Arroyo, Eunice Gates Joinier, Clara Campoamor, Elizabeth Wallace, Gabriela Mistral, Luisa Luisi, Frida Schultz y otras. A este grupo se han unido recientemente Georgina Sabat de Rivers y Margarita López Portillo. A esta última le debemos, además una obra que merece reconocimiento: el rescate y la reconstrucción del claustro de San Jerónimo.”
Muchos han leído, escrito, debatido en torno a Sor Juana, dentro y fuera. Ahí están el fallecido Antonio Alatorre, el especialista José Pascual Buxó o Alejandro Soriano Vallés, por citar sólo algunos. Al recibir el Premio Cervantes en abril de 2014, la escritora Elena Poniatowska citó a José Emilio Pacheco, quien la definió así: “Sor Juana/ es la llama trémula/ en la noche de piedra del virreinato”. Y ella añadió por su parte:
“Su respuesta a Sor Filotea de la Cruz es una defensa liberadora, el primer alegato de una intelectual sobre quien se ejerce la censura. En la literatura no existe otra mujer que al observar el eclipse lunar del 22 de diciembre de 1684 haya ensayado una explicación del origen del universo. Ella lo hizo en los 975 versos de su poema Primero sueño. Dante tuvo la mano de Virgilio para bajar al infierno, pero nuestra Sor Juana descendió sola y al igual que Galileo y Giordano Bruno fue castigada por amar la ciencia y reprendida por prelados que le eran harto inferiores.”
Con todo, no estará en el emblema del nuevo gobierno. l








