El alcalde atiza el fuego Se impone en Tijuana el odio estilo Trump

“¡Es la guerra!”, gritó un manifestante en Tijuana el domingo 18. Esa consigna, llena de odio hacia el éxodo centroamericano que se volcó en la ciudad fronteriza, resume el sentir de un enorme sector de la población tijuanense que se hace eco de las noticias falsas y del discurso trumpiano, según el cual los migrantes son delincuentes que vienen a robar a los mexicanos. El alcalde panista Juan Manuel Gastélum atizó el fuego cuando escupió: “Los derechos humanos son para los humanos derechos”.

TIJUANA, BC.- “Mis propios paisanos me agredieron, me dijeron que fuera a chingar a mi madre, que no estuviera jodiendo, que si estaba del lado de los hondureños, me abriera con ellos para allá”, cuenta Montserrat Montiel, vecina de un “barrio bravo” de la zona norte de esta ciudad.

“Entonces –añade– me enojé y que les digo: ‘¡No estoy ni del lado de ellos ni de nosotros! ¡Estoy del lado de los niños!’”

La tarde del domingo 18 Montserrat estaba acostada. Afuera de su casa, en la calle 5 de Mayo, 200 personas vociferaban contra la “invasión” y gritaban: “¡Fuera hondureños, aquí no los queremos!”, mientras intentaban pasar la valla policiaca para avanzar un centenar de metros, hacia el refugio donde se alojaban 3 mil integrantes del éxodo centroamericano.

El pequeño grupo “nacionalista” se manifestaba en las calles de Tijuana desde la mañana para gritar su rechazo a la presencia de los centroamericanos en la ciudad fronteriza. Sus lemas –“Migrantes sí, invasores no”, “Primero nuestros pobres” o “No al terrorismo”– replicaban la retórica del presidente estadunidense Donald Trump. 

“Eso que dice Donald Trump es verdad, es una invasión… y vienen más caravanas”, gritó un hombre.

La hija de Montiel, de 12 años, llegó a la casa y le dijo que una mujer la había golpeado. Enfurecida, salió de la vecindad. “Les dije que por favor no hicieran desmadre aquí, porque la gente también trae niños; la que le pegó a mi hija se fue corriendo y me peleé con otra, que me preguntó por qué defendía a los hondureños. Le pegué el primer trancazo en la cara, luego todos me empezaron a patear, mis paisanos mexicanos”, cuenta a Proceso.

La Policía Municipal llevó a Montiel a la delegación 20 de Noviembre, donde permaneció unas horas hasta que una amiga la sacó pagando una multa de 4 mil pesos. “Hasta lloré del coraje, no porque me pegaron sino porque, digo yo, ¿cómo puede ser que son mis paisanos, si no somos así nosotros?”, abunda.

“En la vida he sufrido y sé lo que es no comer. Que se pongan en sus zapatos y van a saber lo que es, ¿me entiendes?, no tener qué comer. Pero mis paisanos dicen que vinieron a comer su comida. Les digo: ‘No creo, porque ustedes ni les han dado un taco’”, sostiene la mujer, un día después de la golpiza que sufrió.

No fue el único acto violento de la marcha: una joven, quien llegó a criticar la existencia de las fronteras y abogar por el paso libre a través de ellas, fue sacada de la protesta a empujones, gritos de “¡traidora!” e insultos, mientras otro joven salió corriendo cuando le gritaron “pinche mariguano”. A una cuadra del albergue temporal, el grupo de jóvenes que encabezó la marcha, algunos alcoholizados, trató de forzar la valla policiaca a palazos, reventó bloques de concreto que la policía había instalado para cerrar el acceso al albergue y sostuvo una trifulca con los uniformados. 

Los manifestantes entrevistados por este semanario calificaron a los centroamericanos de gente “mala”, los tacharon de pandilleros y de malagradecidos. Algunos aseveraron que se robaron niños para cruzar la frontera, mientras otros dijeron que se trataba de un complot mundial financiado por el magnate George Soros.

“Es una guerra”

Paloma Zúñiga forma parte del grupo de personas con doble nacionalidad (mexicano-estadunidense) que apoya a Trump, pese a sus repetidos insultos contra México y sus habitantes. Durante la marcha del domingo 18 se presentó con una bandera nacional en las manos y usando un sombrero de mariachi; se subió al cofre de una camioneta y gritó “¡mexicanos primero!”, eco del lema que llevó al magnate a la presidencia de Estados Unidos.

La mujer tiene una actividad desbordante en sus cuentas de redes sociales –cuyo avatar, “Paloma for Trump”, tiene 34 mil seguidores–, desde las cuales despotricó contra la caravana a lo largo de la semana, a menudo con noticias falsas. El lunes 19 la entrevistó la cadena conservadora Fox News.

El jueves 22, mientras un centenar de centroamericanos protestaba en las inmediaciones de la garita del Chaparral, la residente de Tijuana apareció con un celular en la mano y una gorra con la leyenda “Make Tijuana great again”. Hizo una transmisión en vivo. Horas antes había advertido desde su cuenta: “Va a ser una guerra, créanme, ya no querrán meterse con Tijuana”.

Cuando Proceso le preguntó su opinión acerca del memorando con el que Trump autorizó el uso de la fuerza letal contra los migrantes, la mujer explicó que “nosotros tenemos leyes en Estados Unidos que te permiten portar armas, si yo como estadunidense estoy en mi casa, y alguien se trata de meter, yo tengo el derecho de disparar”.

–¿Está de acuerdo con que se dispare contra la gente de la caravana? –pregunta el reportero.

–No, yo no estoy de acuerdo con que nadie muera en esta guerra, a mí nadie me va a meter palabras en la boca –reviró. 

Y añadió: “Esta es una guerra… ve nada más, ¿por qué hay policías si no lo es?”. A su alrededor había decenas de personas con colchonetas y cobijas, entre ellos niños.

Se le pidió su opinión sobre la separación de niños en la frontera. Dijo: “¿De qué manera vamos a verificar que son sus hijos, que no vienen traficando niños, que nada más viniendo aquí los usen como escudo y los vendan y sea tráfico de órganos y trata de blancas?, ¿Cómo sabemos que ésa no es la situación?”.

Durante la plática, la mujer –quien aseguró no ser racista ni xenofóbica– respaldó el argumento de Trump según el cual “México no envía su mejor gente a Estados Unidos”, lamentó que con la caravana “nada más se viene más pobreza a nuestro país” y deploró que “mucha gente llega a Estados Unidos porque quiere que les regalen cosas; se ponen a tener hijos porque el gobierno te paga por cada hijo que tengas”.

Trump en México

Según la activista Gabriela Soraya Vázquez Pesqueira, directora del Comité Estratégico de Ayuda Humanitaria, Zúñiga no fue la única persona con doble nacionalidad que participó en la marcha: señala que el grupo de “cholos” de cabeza rapada, que encabezó la manifestación y atacó a la policía, vive en el otro lado. Uno de ellos gritaba: “¡Es la guerra!”.

Otros agitadores aparecieron durante la marcha, como Iván del Campo Riebeling, conocido en Tijuana como Comandante Cobra, quien usa ropa militar, tiene la cabeza rapada y exhibe un imponente reloj dorado en la muñeca derecha. El hombre, que amenazó de muerte a varias personas, periodistas incluidos, exhortó a la gente a armarse contra la “invasión”. Varios manifestantes se tomaron selfies con él.

También acudió Alex Bachmann, un youtuber que en su canal, Concienciaradio, atizó el odio, saludó la “defensa de la patria”, despotricó contra la “gente que no tiene nada que aportar a la República, que no tiene papeles, no tiene estudios, no tiene valores, es gente que invade, que roba, que te puede quitar lo que tienes”, y difundió una serie de noticias falsas, entre ellas que llegan 7 millones de centroamericanos. 

“Es la primera vez que me toca ver algo con estas características”, sostiene el doctor Rodolfo Cruz Piñeiro, director del Departamento de Estudios de Población del Colegio de la Frontera Norte.

En entrevista, el académico, director de la revista Migraciones Internacionales, estima que “varios grupos, personas o políticos del lado mexicano están retomando el discurso del gobierno de Donald Trump para aplicarlo de este lado y hacer un poco el juego que él hace en su país”. 

Si bien la marcha antimigrante aglutinó a un reducido grupo de tijuanenses “nacionalistas”, en esta ciudad se propagaron mensajes e ideas preconcebidas contra la caravana, lo que generó un clima de hostilidad que se fue disipando poco a poco a lo largo de la semana.

El investigador señala el importante papel de “la desinformación o la mala información” en la difusión de la xenofobia: “Corrió inmediatamente en los medios y redes sociales que estos inmigrantes iban a provocar el cierre de la frontera; un noticiero de Estados Unidos decía que venían personas infiltradas de Medio Oriente… muchos rumores de ese tipo”.

Añade: “La sociedad tijuanense está muy expuesta a los medios de comunicación y a las redes sociales estadunidenses, entiende el idioma inglés, entonces pueden permear de manera más fácil estos discursos de odio de ciertos grupos”.

Gabriela Soraya Vázquez, por su parte, estima que “sí hay un grado de racismo y expresiones racistas en México. Con tantito que fomentes, puedes generar una cosa mucho mayor. Creo que en Tijuana la inmensa mayoría es empática con la migración, pero esta migración está muy estigmatizada por el tema de las pandillas, de las maras; ellos ya vienen cargando desafortunadamente con ese prejuicio”, apunta en entrevista.

Las noticias falsas en torno a la caravana también abundaron en las redes: un taxista muestra al reportero una nota que le llegó por Whatsapp, la cual establecía que la gente del Cártel de Jalisco Nueva Generación “ya está preparada para comenzar con la cacería en las próximas 24 horas si la caravana de los centroamericanos no se va de la frontera de Tijuana (…) se menciona que en toda la franja fronteriza habrá sucesos fuertes donde se esperan ejecuciones, levantones y desaparecidos”.

“Dos ya es mucho”

Desde un principio, el propio gobierno municipal, encabezado por el panista Juan Manuel Gastélum Buenrostro, difundió estereotipos negativos hacia los integrantes del éxodo, los cuales avivaron las llamas del odio: el alcalde los tachó de “mariguanos”, planteó que “los derechos humanos son para los humanos derechos” y pidió que se deportara a los centroamericanos con base en el Artículo 33 constitucional.

“Yo no dije todos, yo dije muchos, partiendo de la premisa de que ‘dos o más ya es mucho’”, se defendió el alcalde en entrevista con Proceso.

Cuestionado respecto de su argumento sobre los derechos humanos, afirma que “no significa otra cosa que no sea que si, de la sana convivencia de toda sociedad, tú me exiges un derecho también yo te puedo exigir un deber”.

–Los derechos humanos no se condicionan –se le comenta.

–No, espérame, siempre vienen acompañados de un deber. A ver: por tu derecho humano, ¿tú puedes llegar y quitarme el pan? No. Puedes compartir conmigo la necesidad de compartir el pan (sic) (…) Hay una concepción equivocada del derecho humano, tú lo acabas de decir, “es que lo tienen que tener todo”. “Pérame: ¿Y si no puedo dártelo, lo puedes tomar?”.

Al ser cuestionado sobre las expresiones de odio que se oyeron durante la marcha, el alcalde asevera que “no debe ser” y añade inmediatamente: “Yo, en lo personal, soy proclive a permitir la libertad de expresión (sic)”.

Momentos después comenta: “¿Qué tiene de malo decir que le apliquen el 33? ¿Violento la Constitución? No. ¿Violento un derecho humano? Tampoco. ¿Violento una garantía constitucional? No”.