Nueve meses de indolencia y burlas de empleados judiciales de la CDMX

Señor director:

Le solicito que de ser posible publique la siguiente carta, que dirijo al jefe de Gobierno de la CDMX, José Ramón Amieva; al procurador capitalino, Edmundo Porfirio Garrido Osorio; al jefe de la policía de la ciudad, Raymundo Collins, e incluso a la próxima jefa de Gobierno, Claudia Sheinbaum:

Señores, señora:

Es claro que, en su condición de políticos, más que de servidores públicos, resulta muy fácil para ustedes, funcionarios salientes y entrantes, prometer lo imposible a los habitantes de la Ciudad de México: seguridad y justicia, para decir “lo menos”.

En febrero del presente año fui víctima de uno de los miles y miles de fraudes de toda índole que se cometen contra los capitalinos sin que se haga la más mínima justicia y sin que los empleados de las instancias policiacas y judiciales de la CDMX se comprometan en absoluto con las víctimas. Me refiero específicamente a la indignante negligencia del personal de la agencia investigadora BJ3 (avenida Obrero Mundial número 473).

El agravio en mi contra tuvo que ver con la venta de un auto de mi propiedad. El 18 de febrero del presente año anuncié en la página electrónica de Segunda Mano el automóvil Chevrolet, submarca Optra MEJ8114, sedán, color carbón flash metálico, motor hecho en Corea, modelo 2009, con No. de serie KL1JM52Z49K106011.

El mismo día surgió un comprador, con quien hice la transacción por $64,500.00. Al día siguiente, miércoles 21, recibí un aviso de Bancomer de que esta suma había quedado depositada en mi cuenta, pero resulta que cuando fui a retirarla, no existía tal dinero. 

El jueves 22 levanté una denuncia por fraude en la agencia investigadora BJ3, ubicada en Obrero Mundial 473, en contra de “Claudia Alvarado Rodríguez” y quienes resulten responsables (carpeta de investigación es CI-FBJ/BJ3/UI-3 S/D/01131/02-2018). Ahí me citaron para el 28 de febrero. Acudí entonces y la persona que me atendió, la “licenciada” Mariela Gladis Colexcua Rojas, me dijo que apenas le habían pasado mi carpeta y no tenían sistema.

Posteriormente, fui canalizado con la “licenciada” Marisol Pérez Jiménez, de BJ2, quien me dio cita para el viernes 9 de marzo a las 11:00 de la mañana. Asistí también, y lo mismo: me citó para el 21 de marzo a las 11:00 de la mañana. Ahí estuve puntual, pero ahora me atendió el “licenciado” Alfonso Toscano, quien –¡una vez más! –, me dio cita para el 30 de abril a las 11:00 horas. Me presenté esa fecha, y bueno: el caso es que la historia se repitió y volvió a repetirse, y así podría repetirse al infinito, como infinito es el cinismo de los empleados referidos, a ellos les importa un bledo el tiempo de los demás. 

Lo cierto es que en todo momento aporté elementos de sobra para que la indagatoria se realizara de inmediato, pudiera aprehenderse a los responsables y yo recuperara mi vehículo.

La historia no acaba ahí… A las diez de la mañana del pasado 10 de octubre me presenté por enésima vez en la BJ2 para darle seguimiento a mi caso… Y, claro, se me dijo que el expediente ya no estaba ahí sino en BJ3, por lo cual debía presentarme ahí con el “licenciado” José Suastes, quien estaba en posesión de la carpeta. Me trasladé pues a dichas oficinas, donde la pesadilla continuó. Me entrevisté de nuevo con la “licenciada” –entrecomillo “licenciados” porqure quién sabe en qué artes o ciencias lo sean porque no resuelven absolutamente nada– Colexcua Rojas, a quien le pregunté por el “licenciado” Suastes. Me respondió que éste no se encontraba. Como sea, le expliqué a la “licenciada” que iba en busca de mi carpeta, pero me indicó que aún no se la pasaban. Y por si yo quisiera albergar alguna esperanza, me señaló que, además, ahí tenían muchas carpetas por revisar, y de plano me despachó diciéndome que me presentara… ¡la semana entrante!

Ante este inmenso escenario de indolencia e irresponsabilidad les hago a ustedes, funcionarios salientes y entrantes de la administración capitalina, un llamado para que den indicaciones a sus subalternos a fin de que, como “servidores públicos” que son, se apliquen con ahínco, respeto y compromiso en mi caso, como deberían hacerlo con toda una ciudadanía que los repudia por su burocratismo y su falta de compromiso con la comunidad.

Lo que me queda muy claro es que si ustedes y sus subalternos no pueden detener a criminales de baja estofa como los que me hicieron fraude, mucho menos podrán contra la delincuencia organizada, dueña y señora de la ciudad y casi del país entero, aun cuando, de unas semanas para acá, a algunos de ustedes les haya dado por andar de protagónicos en los medios de comunicación como héroes que salvan a suicidas, auxilian a motociclistas que se raspan las rodillas o ayudan a viejitas a cruzar la calle.

Atentamente:

Alfonso Pacheco Aparicio