Productora del documental Yo no me llamo Rubén Blades, la cineasta colombiana Cristina Gallego hace mancuerna por tercera ocasión con Ciro Guerra (Río de Oro, 1981), con quien se llevó un Oscar 2016 por El abrazo de la serpiente. Su nueva cinta recrea el mundo de los indígenas wayúu en los años setenta, cuando el contrabando de droga resquebrajó las relaciones ancestrales y de las familias en la zona de La Guajira, en el norte de su país.
Con el premio Fénix 2018 como Mejor Película de Ficción y propuesta por Colombia para concursar al Oscar, el drama fílmico Pájaros de verano, de Cristina Gallego y Ciro Guerra (los creadores de El abrazo de la serpiente), se verá en México el próximo diciembre.
Mientras este largometraje de 125 minutos continúa recorriendo certámenes mundiales, durante la VII edición del Festival Internacional de Cine de Los Cabos, efectuado del 7 al 11 de noviembre, formó parte de la sección Competencia Los Cabos.
La trama de Pájaros de verano se inspiró en hechos reales ocurridos en la región de La Guajira, al norte de Colombia, entre las décadas de 1960 y 1980. Centrada en el clan Pushaina de los pueblos wayúu (guajiros), muestra cómo surgió el problema del narcotráfico en ese país. Cristina Gallego, quien ha sido la productora del cineasta Ciro Guerra, ahora también dirige la cinta y según manifiesta, “es la primera vez que lo hago, era un paso natural”.
En entrevista con Proceso, ella rememora que la idea de este proyecto surgió desde 2008 cuando filmaban Los viajes del viento en Valledupar, donde conocieron la historia. El guion de Pájaros de verano, escrito por María Camila Arias y Jacques Toulemonde Vidal, inició en 2014 y finalizó en 2017. La realizadora destaca que Pájaros de verano es una de las películas más taquilleras del año en Colombia; lleva 15 semanas en la cartelera de esa nación y sigue todavía en salas.
Mirada renovadora
“El recibimiento de la película es muy interesante y para nosotros los colombianos, que somos los protagonistas de esta tragedia, ha sido muy importante poder hablar sobre el tema (del narcotráfico)”, subraya Cristina Gallego.
La cinta (cuya música es del compositor mexicano Leonardo Heiblum, quien también se llevó un Fénix), presenta a Rapayet (José Acosta), quien desea casarse con Zaida (Natalia Reyes), aunque debe pagar una altísima dote y convencer a Úrsula (Carmiña Martínez, otro Fénix por su actuación), la matriarca del clan Pushaina. A través de una red de cultivo y tráfico de marihuana, Rapayet encuentra la manera de cubrir la dote sin medir las consecuencias tanto para su familia como para el pueblo wayúu.
–En la película se menciona la importancia de la familia, del honor y de que, si hay palabra, existe la paz; pero en Pájaros de verano todos estos valores se pierden por el narcotráfico. ¿Cómo surgió este relato fílmico? –se pregunta a Cristina Gallego, nacida en Bogotá, Colombia, en 1978.
–Esta sociedad wayúu tiene una figura muy importante, la de “el palabrero”, un personaje que llama a mantener el equilibrio en la sociedad wayúu. Eso es atractivo en una comunidad tradicional, pero profundamente capitalista, que posee una relación muy fuerte con el honor, el pago, el dinero y la negociación; entonces, la idea de contar este filme desde el punto de vista wayúu para nosotros fue atractivo, y pensamos en el género gánster por las luchas familiares, y la imagen del “palabrero” la asociamos con el consigliere (consejero o asesor). Sentíamos que debíamos contar todo eso…
“Deseábamos explorar ese mundo tan frágil y tradicional que se ve quebrado cuando el capitalismo salvaje, la modernidad, llegan tan abruptamente y ya no hay forma de mantener acuerdos, ni la paz, ni de mantener el equilibrio. Queríamos contar esa transformación.”
Hubo 14 versiones del guion. Incluso se reescribió al final durante la última semana del rodaje en el desierto, porque un aguacero desbarató la locación:
“Contamos con dos guionistas increíbles. La inquietud de filmar esa película era muy fuerte, con ideas claras, y empezamos a trabajar con ellos: primero con María Camila Arias y luego con Jacques Toulemone, tratando de aterrizar la historia. En el proceso de escritura tuvieron una labor muy fuerte con un antropólogo de la región porque queríamos ser muy fieles con la cultura wayúu, en especial con sus tradiciones, con el imaginario, con todo lo que se ve representado en la película. Entonces, fue un trabajo largo de investigación que tiene que ver más con lo oral, con las narraciones de los sobrevivientes de este periodo y fueron una cantidad de historias que recreamos para poder hacer esta cinta, viendo todo desde el interior de esta familia.”
Gallego también produjo el documental Yo no me llamo Rubén Blades, que también estrenó casi al mismo tiempo que Pájaros de verano en Colombia, y recorre aún otras partes de Latinoamérica.
Para crear Pájaros de verano pidieron permiso a la comunidad wayúu, con un 30 por ciento del equipo de dicha cultura. Los actores naturales les enseñaron a los profesionales lo que podrían aprender de su cultura, en tanto que éstos les ayudaron a los actores naturales en la técnica de la actuación.
“Los profesionales tenían de alguna manera cierto contacto con la tribu o con el norte de Colombia porque son de allá. Hace diez años, Juan Bautista, quien interpreta al personaje de Aníbal, también fue parte de Los viajes de viento y nos platicó anécdotas que él vivió.”
Pájaros de verano se encuentra dividido en cantos, ya que quien narra la trama es una cantante del pueblo. Fue creado a la manera de la tragedia griega. La directora especifica que “esta historia del origen del narcotráfico se encuentra muy viva para nosotros porque sufrimos sus secuelas, la película se encuentra situada entre los años sesenta y ochenta, pero aún no salimos de ello. Es una tragedia, por eso la dividimos en actos. Se encuentran los cantos del narrador y la relación entre lo mitológico, lo racional y lo intuitivo”.
Los avatares de los wayúu no han sido abordados desde la cinematografía, “sólo existen un par de novelas, cuenta”. Los realizadores conocieron a muchos de los protagonistas de los sucesos:
“Esos hechos nos hablan de la forma en que entró el narcotráfico a Colombia. Fue absolutamente naif, no había malicia. La zona pasó de contrabandear café, güiski y gafas, a la mariguana, porque los estadunidenses buscaban un poco de diversión en los años sesenta y se desató todo el mundo del narcotráfico. Cuando conocimos aquello fue fascinante.”
En el filme se ve que en dicha comunidad los hombres son quienes toman las riendas del negocio; sin embargo, quien manda es la matriarca, “una mujer mayor con carácter muy fuerte”.
–¿Cuál fue la reacción en Colombia al largometraje, cuando sus habitantes parecen no desear ver más historias sobre el crimen organizado?
–La película trae una mirada completamente renovadora sobre el tema. Partimos de la idea de que existe un tabú sobre el narcotráfico y las personas manifiestan que ya están saturados del tópico y muy cansadas de ese tipo de largometrajes; pero la mayoría han sido creados desde fuera, en nuestra cinematografía no hay más de cinco filmes en torno a eso. Casi todo ha sido contado desde los Estados Unidos y las cosas desde el exterior se ven diferentes. Vemos cómo se glorifica a figuras como Pablo Escobar, y lo más complejo es que nuestros realizadores también adoptaron esas formas de contar las historias, creo que de eso es de lo que estamos saturados.
“Cuando decidimos contar esta cinta, sabíamos que debíamos contarla desde la tragedia, que pudiera conectar con la gente y hablar de la transformación de la familia.”
Pájaros de verano también fue producida por Dinamarca y México. El largometraje se proyectó por primera vez en la Quincena de Realizadores del pasado Festival de Cine de Cannes. En México se podrá ver en las salas comerciales a partir de 14 de diciembre próximo.
–Representará a Colombia para el Oscar 2019. ¿Qué opina?
–Estamos muy contentos por eso, pero lo más importante es que sea vista por la mayor cantidad de gente. En esta historia se aprecia el origen del narcotráfico, en la que hay una corresponsabilidad entre lo que sucedió con nosotros y lo que ocurre en el consumo en Norteamérica y Europa. No hay que olvidar que las víctimas del narcotráfico están de México hacia abajo. Sacar a la luz esto es importante para todos.
Guerra rodó su primera película Sombras errantes en 2004, cuando contaba con 23 años de edad, seleccionada para concursar por la estatuilla de Hollywood cual mejor Película Extranjera, mas no fue nominada. Su siguiente obra, Los viajes del viento, también fue candidata al Oscar, pero no llegó. En 2016, El abrazo de la serpiente sí logró el Oscar.








