Señor director:
Le suplico de la manera más atenta, con humildad y desesperación, que dé a conocer esta misiva para la opinión pública.
Soy una ciudadana de 70 años que trató de combatir la corrupción de su entorno. Acudí a las autoridades competentes porque durante cuatro meses he sufrido un calvario trasladándome de un lugar a otro sin tener solución al problema planteado. Me siento vejada y humillada. El único recurso que tengo para desahogar mi impotencia es dirigirme a este medio periodístico.
En la unidad habitacional Camelia 160 la administradora cometió el robo de energía eléctrica. El delito fue detectado en julio del año en curso y sigue haciéndolo. No ha sido penalizada por la Comisión Federal de Electricidad ni sancionada por ninguna otra autoridad.
Busqué al jefe de Gobierno de la Ciudad de México, José Ramón Amieva, para denunciar el ilícito. Solicitó al director general de la Comisión Federal de Electricidad, Jaime Francisco Hernández Martínez, y a la procuradora Social de la Ciudad de México, Rosa Patricia Gómez Chávez, intervenir en este asunto.
La funcionaria ha desacatado durante cuatro meses las órdenes superiores que se le dieron vía oficios para que atienda este problema. Desesperada, fui con el contralor de la ciudad, Eduardo Rovelo Pico, y le presenté documentos de las irregularidades que la Procuraduría Social ha cometido en mi contra. No hizo nada ni se tomó la molestia de leer mi denuncia de 48 hojas.
Me pregunto: ¿quién está protegiendo a esta funcionaria que no puede ser tocada por las autoridades ni con el pétalo de una rosa?
Percibiendo un sueldo tan oneroso que proviene de los impuestos que pagan los ciudadanos debería resolver los problemas de la comunidad para una mejor convivencia social.
Sexenio de corrupción, de compadrazgo, nepotismo y cinismo. Elefante blanco muy caro para un pueblo empobrecido.
Atentamente:
Alicia Rojano Ledesma








