Varias actividades coreográficas y pedagógicas realizó la Compañía Cuerpo de Indias en su visita a la Ciudad de México. Se trata de una agrupación de Cartagena, Colombia, que amalgama corporalidades mestiza y mulata.
Montó Negra/Anger en memoria de la cantante Nina Simone y el poeta Aimé Césaire, artistas contra el racismo, en contexto de taller con estudiantes de danza mexicanos, impartido en el Centro Nacional de las Artes.
Estrenó en el Teatro Julio Castillo –sede del 46 Festival Internacional Cervantino–, SacrifiXio: La consagración de la paz, sobre el nueva etapa histórica en Colombia al haberse acordado la paz entre gobierno y guerrilla en 2016.
Y presentó además Animal Family, una obra en proceso inspirada en la novela Rebelión en la granja (1945), de George Orwell, en el foro La Caja.
SacrifiXio: La consagración de la paz fue su trabajo coreográfico más relevante de esos tres, dirigido por el colombiano Álvaro Restrepo. Fueron varias las analogías con México.
En el prólogo de la obra se proyectaron los retratos en blanco y negro del fotógrafo Jesús Abad Colorado, colombianos reales abatidos, como testimonios de una vieja Colombia, de un pasado conflictivo. Las imágenes revelan la dimensión individual del dolor por luto o desaparición, que en México también se padece.
En el primer movimiento coreográfico, el conjunto de bailarines desarrolló una batalla marcial, que fue desvaneciéndose a la pauta de un coro de tenores y sopranos cantando la frase “¡Basta ya!”, mientras aquellos iban cambiando a la acción física de temblar para concluir la escena.
La demanda ciudadana de detener las víctimas, encarnada por las voces operísticas bajo un estilo clásico muy griego, bien pudo haber sido la frase mexicana ¡Ni una más!.
Este ensamble de la Compañía Cuerpo de Indias y el Coro Harmonia Vocalis de México integró también al grupo de percusionistas Tambuco y al pianista Duane Cochran. Todos bajo la música original del compositor Samuel Zyman y la dirección de Luis Díaz Herodier.
El segundo movimiento de la coreografía de Restrepo tuvo características de ritual: el contenido simbólico, el altar, el cuerpo, los elementos naturales y la intención común. Hombres y mujeres trazaron un círculo en el centro del foro con grandes caracolas de mar.
E hicieron una metáfora de fecundación con contracciones corporales, ambientándose con las figuras de la vida, el mar y el agua simbolizados en las caracolas, con la intención común de inaugurar la nueva etapa de Colombia, la de un futuro pacífico después de la violencia.
Cabe mencionar que al significar esta etapa violenta como relativa de lo masculino y la pacífica de lo femenino, Restrepo hizo interpretaciones estereotipadas de la historia. Como la compañía tiene su sede en Cartagena, puerto muy antiguo de culturas indígena, española, africana y mestiza, las referencias estéticas de la práctica ritual desde el paganismo y el catolicismo estuvieron presentes en la coreografía.
Sin embargo, lo relevante fue la visión del coreógrafo al ritualizar su realidad sin ponderarlas. Destacó, así, la dimensión sacra de la transformación de su país. México comparte esa amalgama de espiritualidades y performatividades, aunque sus problemáticas no se concentran en una sola dialéctica, como en el caso gobierno y guerrilla de Colombia.








