Jair Bolsonaro llegaría a la Presidencia gracias al apoyo empresarial y evangélico, pero también por el rechazo del electorado al Partido del Trabajo, sumido en un escándalo de corrupción. Su casi seguro triunfo, sin embargo, entraña un gran riesgo para su país y para toda Sudamérica: la llegada al poder de un exmilitar ultraderechista que amenaza con rearmar a la población y expulsar o encarcelar a cualquiera que se identifique con la izquierda podría ser un elemento de desequilibrio para las democracias de la región, dado el peso político de Brasil, octava economía del planeta.
RÍO DE JANEIRO.- “La limpieza ahora será mucho más amplia. Estos izquierdistas, si quieren quedarse aquí, tendrán que someterse a nuestra ley: o se irán del país o irán a la cárcel. Estos marginales rojos serán expulsados de nuestra patria. Como la patria es nuestra, no pertenece a esta banda de comunistas que no tiene cerebro.”
Tales fueron las palabras de Jair Bolsonaro al terminar uno de los mítines de apoyo a su candidatura en Sao Paulo, el domingo 21.
El exmilitar prometió también acabar con los dos movimientos sociales más importantes de Brasil: el de los Sin Tierra y el de los Trabajadores Sin Techo. El candidato presidencial del Partido Social Liberal (PSL) participó por teléfono desde su residencia de Río de Janeiro, de donde casi no salió durante la campaña, después de haber sido atacado en un acto proselitista el 6 de septiembre pasado.
Seguro de su triunfo este domingo, Bolsonaro vuelve a provocar. Hasta ahora había mostrado una imagen más democrática, intentando ganarse el voto de los indecisos. Pero con cerca de 14 puntos de ventaja sobre su adversario –Fernando Haddad, del Partido de los Trabajadores (PT)–, el candidato del PSL demostró una vez más su intolerancia y el poco aprecio que le tiene a la democracia.
Pero el riesgo para la democracia brasileña no parece tener mucho impacto sobre sus electores. Las razones principales que invocan sus seguidores para votar por él son siempre la corrupción, la falta de seguridad y la crisis económica. Y para ellos el PT es responsable de esos problemas, aun si no ha gobernado Brasil desde hace cerca de dos años.
Juez tramposo
En las encuestas los electores brasileños relacionan mucho más al PT, del expresidente Luiz Inacio Lula da Silva, con la corrupción que a los otros partidos políticos.
Eso tiene como explicación la actuación del juez Sergio Moro, encargado de la operación Lava Jato, que investiga la corrupción en los contratos de Petrobras.
Moro y el equipo de procuradores se encargaron los últimos tres años de difundir en la prensa la responsabilidad directa y mayor del PT en el caso. Un ejemplo claro tuvo lugar en septiembre de 2016, durante una conferencia de prensa transmitida en vivo, cuando el procurador Deltan Dallagnol aseguró que “Lula era el comandante máximo de la corrupción y el mayor beneficiario de la red de corrupción en Petrobras”.
Lula fue condenado a 13 años de cárcel por un caso estimado en 2.7 millones de reales, cuando el perjuicio estimado para Petrobras (la empresa petrolera brasileña de propiedad mayoritariamente estatal) es de 21 billones de reales.
Moro utilizó todos los medios, incluyendo una grabación ilegal de Dilma Rousseff –entonces mandataria–, para ganarse a la opinión publica. Lo volvió a hacer filtrando a la prensa fragmentos de la delación recompensada de Antonio Palocci, exministro de Hacienda de Lula, pocos días antes de la primera vuelta electoral, a principios de este mes.
Ante el Consejo Nacional de Justicia, que le pidió explicaciones por el momento poco oportuno de la difusión de esa delación, dado el clima de inestabilidad que tiene Brasil, Moro se justificó diciendo “que no podía interrumpir su trabajo porque hay una elección en curso”.
Pero nunca mostró tal apuro con los otros partidos políticos. En realidad, 26 partidos políticos son investigados por el Lava Jato y el Partido Progresista (PP), que fue el partido de Bolsonaro durante toda su vida parlamentaria, tiene más casos abiertos en su contra que el PT.
“Si hoy en día la población sigue viendo a Bolsonaro como un hombre honesto que va acabar con la corrupción, es claramente por culpa de la actuación del equipo de Moro y de la prensa, que hablaron mucho más sobre los casos que implicaban al PT que sobre los del PP”, considera Octavio Amorim, profesor en derecho de la Fundación Getulio Vargas.
Bolsonaro no propone nada en particular contra la corrupción, a no ser “acabar con ella”, así como promete “acabar con la inseguridad”, agrega.
Inseguridad y pobreza
Sobre el tema de la inseguridad, la gran propuesta de Bolsonaro es armar a la población y revocar el estatuto de desarme implementado por Lula a su llegada al poder, en 2003, y que ha permitido salvar al menos 160 mil vidas, según un estudio del instituto Foro de Seguridad Pública.
La inseguridad ha crecido alarmantemente en Brasil los años recientes por razones ligadas al tráfico de drogas y la consecuente guerra entre los cárteles, que se expandió por el país. Como en México, los grupos criminales que se disputan el territorio tienen armas modernas y potentes. Armar a la población no resolverá ese problema, consideran los especialistas en seguridad.
La pequeña delincuencia ha crecido también por razones económicas: el desempleo afecta a 13 millones de brasileños y según el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, 14.8 millones de personas están en pobreza extrema, viviendo con menos de dos dólares al día, cifra que ha aumentado 11% en los últimos dos años. Y la desigualdad en Brasil sigue siendo una de las más altas del mundo: 1% de la población posee 30% de la riqueza del país.
La crisis económica es una de las razones del voto por Bolsonaro, incluso si sus electores apuestan allí por una incógnita. El candidato del PSL siempre ha declarado que “no sabe nada de economía pero que Paulo Guedes sí sabe”.
Guedes es un ultraliberal, adepto de la escuela de Chicago, y sería el ministro de Hacienda de Bolsonaro.
Además de las clásicas propuestas liberales de reducir la administración pública, privatizar al máximo y dejar a la iniciativa privada tomar el mando, Guedes no ha explicado cómo piensa crear empleos o mejorar el desempeño económico.
Sus entrevistas se detuvieron después de la confirmación, del Ministerio Público a principios de este mes, de que Guedes es uno de los investigados por un supuesto fraude multimillonario en la gestión de fondos de retiro de varias empresas estatales. Eso no le ha quitado a Bolsonaro el apoyo del mercado ni del mundo financiero. Desde que su candidatura estaba al alza, la bolsa de valores estaba entusiasmada a tal punto que el valor del dólar empezó a bajar frente al real a principios de octubre, siendo que desde hacía un año no paraba de subir.
“Fake news”
Ahora se sabe que varios empresarios participaron en un apoyo más concreto y le pagaron al menos a siete empresas de comunicación digital para que dispararan en masa fake news contra el candidato del PT.
Las revelaciones hechas por la reportera Patricia Campos Mello en el periódico Folha de S. Paulo son investigadas y podrían ser un delito electoral. La periodista comprobó que hubo un disparo en masa de estos mensajes algunos días antes de la primera vuelta electoral y que otra campaña estaba prevista antes de la segunda.
“Hay dos cosas que son ilegales: primero la compra de mensajes políticos usando una base de datos de terceros. Además de ser ilegal, según la legislación electoral, no se sabe de dónde se obtuvo esta base. Y el otro aspecto potencialmente ilegal es que empresas privadas han pagado por eso.
“Esto no aparece en las cuentas de campaña de Bolsonaro. Las donaciones privadas están prohibidas. Esto sería una donación ilegal no declarada”, explico la periodista a la radio de Folha de S. Paulo.
Es difícil de saber qué impacto tuvieron esas fake news en la elección, pero es seguro que ayudaron a “demonizar” un poco más la imagen del PT, presentándolo falsamente como una institución que está a favor de la pedofilia.
“Aunque pueden parecer ridículas, esas fake news sobre la pedofilia fueron compartidas millones de veces y la gente cree realmente que Haddad promueve la pedofilia en las escuelas”, explica Pedro Noel, quien trabaja para la AFP en un proyecto de verificación de noticias falsas, montado por Facebook con 24 medios brasileños.
Bolsonaro repite siempre que defiende a la familia, frente a un Haddad que sería “la destrucción de los valores familiares”, sin importar que el candidato de izquierda esté casado con la misma mujer desde hace 30 años y que Bolsonaro va por su tercer matrimonio.
Pero con este discurso ganó el apoyo de los evangelistas, sobre todo del pastor Edir Macedo, fundador de la Iglesia Universal del Reino de Dios, quien puso a disposición de Bolsonaro su imperio mediático. Su Televisión Record, segunda cadena del país, difundió largas entrevistas del candidato con preguntas más que condescendientes y dejándolo afirmar que “no soy racista ni homofóbico”, cuando hay numerosas declaraciones que muestran lo contrario.
Su portal de noticias R7 se prestó a atacar los periodistas que investigaron a Bolsonaro, y sus templos se volvieron verdaderos palcos de campaña en favor del candidato ultraderechista. Según un sondeo reciente del Instituto Datafolha, 68% de los evangelistas apoyan a Bolsonaro.
“Desde al menos 2016 los evangelistas dieron la vuelta a la izquierda, cuando 93% de los diputados evangélicos votaron en favor del juicio a Dilma Rousseff. Sobre todo, hace tiempo que la izquierda abandonó la relación con ellos y dejó el tema de la ‘familia’ a la derecha. Al contrario, Bolsonaro trabajó hace tiempo esta relación participando en la ‘demonización’ del PT, como lo hace la ‘teología de la prosperidad’. Lo que se dice en los templos es que tú mereces una vida buena y si no lo logras es por culpa del diablo, y el diablo es el PT”, explica Lamia Oualalou, autora del libro Jesús te ama, sobre la expansión evangélica en Brasil.
La autora muestra cómo el templo se volvió el único espacio de convivencia social en las periferias, sobre todo para las mujeres. “El templo es también un lugar de empoderamiento para ellas, donde el pastor les dice que tienen derecho a trabajar, a no aceptar la violencia doméstica, etcétera. Esto explica mucho por qué dos tercios de los evangelistas votan como el pastor aconseja”, añade la especialista.
Consecuencias regionales
Ante la inminencia del triunfo de Bolsonaro, los analistas empezaron a pensar en las consecuencias… y son preocupantes para Brasil, la región y el planeta.
“La historia nos enseña que lo que pasa en Brasil tiene un impacto fuerte en la región. La dictadura militar que comenzó aquí en 1964 se expandió en seguida a los otros países de la zona. También cuando llegó la izquierda al poder en 2003, toda el área conoció la misma experiencia. Creo que lo que pasa ahora con Bolsonaro podría reproducirse en los países vecinos, yo apuntaré a Perú como el próximo país donde podríamos ver un personaje del tipo de Bolsonaro.
“La crisis económica, la corrupción y la inseguridad existen en toda la región. Creo que Bolsonaro va a ser visto como un modelo político, el uso que hizo de las redes sociales, por ejemplo, va ser reproducido”, considera Mauricio Santoro, profesor de relaciones internacionales de la Universidad del Estado de Río de Janeiro.
Bolsonaro no esconde su admiración hacia Trump y promete aproximarse a la política estadunidense. Como él, ha hablado de salir del Acuerdo de París, dejar la ONU y acercarse a Israel. Intentó aproximarse al presidente Mauricio Macri, de Argentina, pero éste no ha respondido.
Pero Argentina tendría que trabajar con Bolsonaro por razones meramente económicas. En política externa, sus primeras decisiones deben impactar en Venezuela: quiere parar el flujo migratorio y aplicar sanciones económicas. Uno de sus hijos, reelecto diputado federal, habla hasta de entrar en guerra contra el país gobernado por Nicolás Maduro.
“Hay palabras de campaña y está la realidad de gobernar un país. No creo que vaya a salirse de la ONU ni entrar en guerra. Pero la verdad es que no sabemos cómo sería un gobierno de Bolsonaro ni cuál sería su relación con el mundo”, añade Santoro.
La octava economía del planeta es ahora una incógnita y con ella, toda América Latina.








