Con un modelo de exhibición híbrido, que fusiona la pertinencia comercial con la apariencia de una pequeña muestra retrospectiva, la galería OMR, en la Ciudad de México, presenta una atractiva selección de 31 obras del afamado artista fotográfico Thomas Ruff.
Interesante no sólo por su contenido, sino también por ser la primera exhibición que se realiza en México de este artista tan relevante, la muestra confirma no sólo la insignificancia de las instituciones museísticas gubernamentales, sino el protagonismo cultural que ejercen las galerías comerciales de primer nivel.
Integrada por piezas que abarcan un rango temporal de 1992 a 2017, la muestra, aun cuando se concentra en series realizadas entre 2014 y 2016, sí incorpora algunas obras de series anteriores que permiten experimentar la dinámica y siempre innovadora trayectoria de Thomas Ruff. Entre ellas, los emblemáticos retratos inexpresivos y de gran formato realizados en 1998 que prestó la Colección Jumex.
Nacido en 1958 en Alemania, Thomas Ruff pertenece al grupo de alumnos de la Academia de Arte de Düsseldorf que, en la pasada década de los años ochenta y bajo la tutela de Bernd y Hilla Becher, reinventaron las poéticas de la fotografía realista alemana –conocida como La Nueva Objetividad–, construyendo lenguajes visuales a partir de planteamientos conceptuales.
Complejo y fascinante por la creación de imágenes que confrontan las convenciones simbólicas, académicas, tecnológicas e inclusive visuales de la fotografía, Ruff es un artista que trabaja con la imagen deconstruyendo y recreando los elementos tangibles e intangibles que la configuran. Notoriamente poético en sus resoluciones formales, ha confrontado la veracidad de la representación fotográfica, los estereotipos de los géneros tradicionales –retrato, paisaje, fotografía científica, periodismo gráfico–, y la textura de la visualidad analógica y digital, creando series que reinterpretan las fotografías astronómicas –estrellas, noches, planetas–, los pixeles del formato Jpeg, la visualidad de los negativos, la representación de máquinas o el significado de los desnudos publicados en internet, entre otros temas.
Sin ser realmente una retrospectiva –ya que no exhibe piezas de todas sus series y no cubre sus inicios en la pasada de los años ochenta–, la muestra de la OMR permite ubicar tanto la exploración y transformación constante que hace el artista de las imágenes que lo rodean, como la evidente estética pictorial que caracteriza a todas sus propuestas.
Su interés por cuestionar y alterar la veracidad de la fotografía astronómica y científica se exhibe en una obra de 1992 de la serie Estrellas y en un paisaje de M.A.R.S (Marte) de 2010. La disolución de la vulgaridad de los desnudos femeninos en internet queda registrado en la serie Nudes de 2011. El misterio y afectividad de los antiguos negativos es abundante en distintos subtemas de las series Neg de 2014 y 2015, y la imperceptible existencia de pixeles en la cultura visual masiva y digital se evidencia en una pieza de 2007 de la serie Jpeg.
La alteración que puede tener la fotografía periodística al editarse se sugiere en la serie Pres de 2015 y 2016. Y, entre las obras más expresivamente pictoriales, la deconstrucción abstracta tanto de fotogramas en la serie Phg de 2013, como de animaciones japonesas en una imagen espléndida de la Serie Substrat de 2017, confirman que Thomas Ruff es un interesante artista fotográfico que merece ver el público mexicano.








