Riesgos internos y externos de la apertura

“El Ejército cuida los cultivos de amapola en Guerrero. El crimen organizado y los militares llevan a cabo una delimitación de espacios, entregando cada tanto una cierta cantidad de cultivos de amapola para su erradicación. Es un juego publicitario: tienes que entregar algo a la policía, a las Fuerzas Armadas, para darles buena imagen, para dar buena imagen a la política de seguridad nacional.”

Esta declaración de un alto funcionario de seguridad del gobierno de Felipe Calderón Hinojosa fue revelada en un amplio informe publicado el pasado jueves 11 por el International Crisis Group (ICG), organización con sede en Bruselas.

En abril pasado, durante un recorrido por sembradíos de amapola de la región guerrerense de La Montaña, productores de goma de opio dijeron a este semanario que los operativos de erradicación de cultivos del Ejército provocan que muchos jóvenes se vayan temporalmente a la sierra, donde rentan sus brazos para rayar amapola. “Ahí los dejan tranquilos los huachos (militares)”, dijo un productor del municipio de Acatepec.

El analista Falko Ernst, quien realizó la entrevista con el exfuncionario de Calderón y redactó el informe del ICG, dice que “buscamos a este tipo de entrevistas porque en el discurso público persiste la visión de que tenemos una guerra contra el narcotráfico que postula el enfrentamiento entre dos bloques monolíticos: uno representa lo que es bueno, el Estado, y otro lo malo: el narco.

“Nosotros siempre hemos dicho que es mucho más complicado que eso y que hay muchas divisiones dentro del Estado y dentro de las Fuerzas Armadas”, afirma en entrevista con Proceso.

El informe del ICG incluyó otra entrevista, con el “coordinador de un grupo criminal que compite por la región de Tierra Caliente en Michoacán”. Éste reveló cómo compraba información a comandantes militares locales para anticipar los ataques del Estado y de grupos rivales. “A cambio, dijo, también suministraba información sobre estos últimos a los mismos comandantes, con base en la cual supuestamente actuaban”, se plantea en el documento.

“Como líder de grupo criminal no tienes que temer necesariamente al Estado: hay espacios para negociar, y esto se traduce muchas veces en que actores armados estatales y no estatales comparten el espacio local”, añade el analista.

Este semanario entrevistó a Ernst el viernes 12. Seis días antes, durante una gira por el estado de Guerrero, el general Salvador Cienfuegos, secretario de la Defensa Nacional, reconoció que la legalización de la producción de amapola en ese estado para fabricar analgésicos “puede ser una salida al problema (de la violencia)”.

A decir del analista, “es muy interesante en sí que el militar más alto del país diga esto. (Cienfuegos) era un representante de la mano dura, de las medidas duras contra el narco, y yo leo su declaración como una señal de apertura hacia el espectro de ideas que actualmente está llevando Morena, y en particular el próximo presidente, Andrés Manuel López Obrador”.

Y añade: “Es interesante en este contexto, pero también es el general que se va. Lo más interesante será la postura de quien viene a sustituirlo en la Sedena (…) será interesante ver cómo se posicionarán los militares en la próxima administración”.

Según Iván Briscoe, director del Programa del ICG para América Latina y el Caribe, es “común” en la región que militares encabecen las propuestas para encontrar una alternativa a la guerra contra los traficantes de drogas.

“Están en la línea de frente de la lucha contra el crimen organizado y el narcotráfico u otras formas de violencia, y se dan cuenta que son guerras que no se pueden ganar, y hasta se dan cuenta de que es una fuente de corrupción en sus fuerzas”, dice. 

Ofrece un ejemplo: “He hablado con un muy alto militar en El Salvador, que es probablemente uno de los principales defensores del diálogo con las pandillas. Se da cuenta que no se puede ganar”.

Brisco señala que la legalización del cultivo de amapola no necesariamente reduciría los niveles de violencia en Guerrero y en los demás estados de producción. “Como muestra la investigación, no es la producción de los cultivos de amapola o de mariguana lo que genera la violencia. Se podría comentar, aún más, que no es el tráfico de las drogas el que realmente está causando los peores problemas de violencia en la población”, dice.

Y Ernst abunda al respecto: “En Tierra Caliente (una región donde el analista vivió varios años), y en México en general, vemos una mutación del crimen organizado, en el sentido de que hay cada vez menos dependencia al narcotráfico, y una importancia cada vez mayor de la protección violenta, o sea la extorsión.

“¿Qué pasa con estos grupos? Si les quitas las drogas, se gotean con la extorsión y en particular afectan las cadenas de producción legales. En Michoacán, por ejemplo, después de la extinción de La Familia Michoacana o Los Caballeros Templarios, los productores dicen que la situación empeoró porque ahora son grupos más pequeños, con menos acceso a las rutas transnacionales del narcotráfico, quienes se voltean hacia la producción de aguacate o de limón.”

Si bien saludan la apertura del gobierno entrante hacia la legalización de las drogas, los expertos señalan un obstáculo mayor en ese camino: el gobierno de Estados Unidos, que presiona a los países de América Latina para que redoblen esfuerzos en el combate al tráfico de drogas. De hecho, Washington declaró el consumo de opiáceos –entre ellos la heroína– como una situación de emergencia nacional.

El pasado 18 de julio Sarah Huckabee Sanders, vocera del presidente Donald Trump, contestó de manera tajante a una pregunta sobre los posibles cambios que López Obrador llevaría en su política de drogas: “No apoyaríamos la legalización de todas las drogas en ningún lugar, y desde luego no haríamos nada que permitiera el ingreso de más drogas a este país”.

La legalización de la amapola “sería una negociación difícil entre México y Estados Unidos, y sería fuente de tensiones en una relación bilateral que ya tiene suficientes tensiones. Habrá que ver si el próximo gobierno estaría dispuesto a enfrentarse con la Casa Blanca sobre este tema”, opina Briscoe.

Como garrote en las negociaciones, Trump podría presionar a la futura administración con no ratificar el nuevo tratado de libre comercio –en el caso de que al menos una cámara del Congreso siga en manos del Partido Republicano–, pero también con intensificar su política antimigrante, explica el especialista.

“En las entrevistas que hicimos salieron a la luz que las mejores relaciones entre Estados Unidos y México se dan en la cooperación entre las Fuerzas Armadas. Pero no sólo es la cooperación por el narcotráfico o la seguridad, sino también por el control de la migración en el sur de México”, abunda.

Recuerda que la base social y electoral de Trump reside principalmente en las regiones pobres que conforman el “Cinturón de óxido” y se empobrecieron a la par del proceso de desindustrialización. En estas regiones, abunda, se consumen muchos opiáceos y el combate contra las drogas genera un alto rendimiento electoral.

“Sería muy fácil que (la cadena televisiva) Fox tome el tema de la legalización de la amapola en México, que ello acabe en el radar de Trump y que él saque su furia antimexicana. Porque se puede dar una imagen pública de que el nuevo gobierno mexicano está en la cama con los narcos y que López Obrador mismo les va a extender la droga”, opina Ernst.

El analista resalta que la legalización del cultivo de la amapola es una de las alternativas que abrió el futuro presidente de México para pacificar el país, junto con la propuesta –todavía mal definida– de amnistía o la integración de comisiones de la verdad.

“Hay una apertura que hace dos años era impensable, es algo muy positivo. La sociedad mexicana está aprendiendo mucho en muy poco tiempo, y es un mérito de López Obrador abrir esta puerta. Pero al mismo tiempo, la esperanza es tan alta que necesita ser realista con sus propuestas porque, si no se dan los grandes cambios prometidos, esta esperanza se va a esfumar en una frustración, y esta frustración puede llevar a una demanda de políticas más radicales e incluso fomentar a una ultraderecha que todavía no vemos en México, pero que está en otros países como Brasil, Estados Unidos o Europa. Y es algo muy peligroso”, advierte.