Catapultado a la Presidencia por la aceptación ciudadana de su propuesta de austeridad, entre otras que implican fuertes cambios en la política y la economía del país, Andrés Manuel López Obrador ha sido un virulento crítico de las élites gobernantes por su fastuoso estilo de vida. Incluso emitió lineamientos de conducta para los integrantes de su partido que obtuvieron cargos en la pasada elección. Sin embargo fue César Yáñez, uno de sus más cercanos colaboradores, quien provocó un caudal de críticas por su boda al estilo del sexenio de Peña Nieto: millonaria, ostentosa –pasará a la historia popular como “fifí”– y para colmo exhibida en el escaparate predilecto de los nuevos ricos: la revista ¡Hola!
Ventana para “celebrities”, realeza europea, actores, deportistas y famosos, todos asistentes a subastas de arte, exclusivos eventos deportivos, pasarelas organizadas por diseñadores de fama mundial, o bien sus versiones vernáculas, la revista ¡Hola! México es ya la favorita de la clase política que, en el sexenio que termina, hizo costumbre lucirse en su portada.
Ahora, en pleno periodo de transición, dicha publicación es la primera en exhibir el glamur de la élite lopezobradorista que asumirá el poder el próximo 1 de diciembre.
La portada de su edición 609 –que empezó a circular el pasado jueves 4, aunque está fechada el 11 de octubre– muestra a plana entera la pareja de César Alejandro Yáñez Centeno Cabrera y Dulce María Silva Hernández sobre un fondo rosa en el que se sobrepuso, justo atrás del hombro derecho del novio, la fotografía del presidente electo, Andrés Manuel López Obrador, y su esposa, Beatriz Gutiérrez Müller. El presidente electo, como testigo principal del enlace.
“Entramos a la celebración de la que todo el mundo habla”, presumió la revista. Al pie de la portada, la foto de un grupo femenino con vestidos rojos lleva este pie: “Las ocho mujeres del momento reunidas en el aniversario de Benito Santos”. Se trata de ocho actrices de telenovelas que usan atuendos del diseñador jalisciense, que –se indica en la parte dedicada a la boda– fue quien confeccionó los tres vestidos de la novia para las etapas de la ceremonia.
El pasado 29 de septiembre, a dos meses de que López Obrador asuma la Presidencia de la República, su inseparable colaborador César Yáñez acaparó la atención de medios de comunicación, menciones y comentarios en redes sociales, reconvenciones de simpatizantes de Morena y abiertas descalificaciones por una boda cuyo costo se calculó entre 10 y 13 millones de pesos.
El vendaval de críticas empezaba a amainar cuando la publicación de ¡Hola!, con imágenes notablemente posadas y evidente acceso preferencial a la pareja, dio cuenta de la celebración y provocó que el mismo jueves 4, de gira por Morelos, el presidente electo fuera cuestionado al respecto.
En su “austeridad republicana” AMLO ha fincado gran parte de su discurso político y, aunque en la campaña lo repetía a diario para referirse a los privilegios de los gobernantes y sus colaboradores, en las semanas que siguieron a la elección presidencial se convirtió en el eje de su propuesta de reducción salarial para los altos funcionarios que en estos días se ha usado en su contra, tanto como la expresión coloquial que dio pauta para que la prensa y las redes sociales denominaran el enlace de Yáñez como la “boda fifí”.
En el eje la “cuarta transformación”
No habían pasado ni dos semanas desde que ganara la elección presidencial con amplia ventaja cuando López Obrador se reunió con los legisladores electos de Morena, encuentro organizado por la dirigente del partido, Yeidckol Polevnsky.
El 11 de julio delineó su plan de austeridad y pidió que los morenistas electos para un cargo público se comportaran con responsabilidad. Días después presentó los “50 Lineamientos generales para el combate a la corrupción y la aplicación de una política de austeridad republicana”.
Sin embargo, con la boda de Yáñez el equipo lopezobradorista se colocó en el límite de varios de esos lineamientos, pues aún no asumen los cargos para los que han sido anunciados.
De acuerdo con la reseña publicada por ¡Hola!, en la boda estuvieron Manuel Bartlett Díaz, futuro director de la Comisión Federal de Electricidad, y Olegario Vázquez Aldir, heredero de Prodemex, la contratista gubernamental con intereses en el sector.
El punto 30 de los lineamientos establecidos por AMLO indica: “Los funcionarios de Hacienda, Comunicaciones, de Energía y de otras dependencias, no podrán convivir en fiestas, comidas, juegos deportivos o viajar con contratistas, grandes contribuyentes, proveedores o inversionistas vinculados a la función pública”.
La ceremonia inició en la Capilla del Rosario de la Iglesia de Santo Domingo, en Puebla, una joya del barroco. Desde ahí, la logística implicó colocación de vallas y movilización policiaca local, cuando el punto 31 de los mencionados lineamientos sentencia: “Ningún funcionario, sin causa de emergencia, podrá ordenar cerrar calles, detener el tráfico o pasarse los altos o estacionarse en lugares prohibidos”.
El portal informativo de Alberto de Tavira, especializado en información de sociales, dio a conocer la mesa de regalos de la boda y publicó las capturas de pantalla que El Palacio de Hierro dispuso para la ocasión, naturalmente a elección de los novios.
Entre los presentes enlistados destacan tres por su cuantía: un juego de sala en escuadra de casi 110 mil pesos, un biombo de 102 mil y una vajilla de 96 mil pesos.
Los lineamientos de López Obrador establecen en el punto 32: “Ningún funcionario podrá recibir regalos cuyo valor exceda los 5 mil pesos”.
Los discursos públicos y privados de López Obrador han sido insistentes desde aquel 11 de julio en que colaboradores, legisladores y militantes de Morena se conduzcan conforme a la ley. Él fue todavía más explícito el pasado 5 de septiembre, en un encuentro con legisladores de su partido, cuando según el periódico Reforma les dirigió un mensaje en privado: que se comportaran de manera decente, respetar a la oposición, no marearse con el poder, no pedir moches y no caer “en gritos ni estridencias”.
El novio
Originario de Colima, César Yáñez colaboró desde 1988 en la campaña presidencial de Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano. Cinco derrotas en elecciones presidenciales precedieron a la primera vez que aquella vieja formación escindida del PRI consiguió la victoria electoral con López Obrador.
Cuando el hijo del general Lázaro Cárdenas encabezaba el recién fundado PRD, Yáñez trabajó con él en tareas de relación con la prensa, y en el convulso 1994, cuando dicho partido postuló a Cárdenas como candidato presidencial, fue el encargado de atención a medios.
Fue ese año cuando AMLO se catapultó al escenario político nacional tras denunciar un fraude y el dispendioso uso del aparato de Estado para favorecer a Roberto Madrazo Pintado en los comicios para gobernador de Tabasco.
Yáñez, cuya anterior esposa, Bertha, estuvo casada con Porfirio Muñoz Ledo, siguió colaborando con el PRD mientras el actual presidente de la mesa directiva en la Cámara de Diputados lo dirigió, y en 1996, al asumir la dirigencia, López Obrador lo ratificó.
Desde entonces Yáñez jamás se separó de AMLO, que lo designó su coordinador de Comunicación Social en la Jefatura de Gobierno del Distrito Federal. Siguió con él en la campaña presidencial de 2006; una vez asimilado el resultado adverso, siguió encargándose de la comunicación de López Obrador y fue uno de sus principales apoyos aun cuando el proyecto se sostenía sin partido ni cargo público, hasta 2013, cuando Morena obtuvo su registro.
Sin embargo, de acuerdo con los datos publicados por Morena en la Plataforma Nacional de Transparencia, Yáñez devengó un salario neto de 30 mil pesos mensuales durante 2016 y 2017. En dicha herramienta, donde toda dependencia o entidad que reciba recursos públicos debe dar a conocer su información, incluidos los partidos políticos, no hay registro de que Yáñez haya tenido algún tipo de percepción salarial en 2018.
Este año, cuando López Obrador entró en el periodo de intercampañas, tuvo numerosas actividades “privadas” con la estructura de Morena, siguió con la campaña oficial y, una vez anunciados los resultados y reconocidos el mismo 1 de julio por sus opositores, AMLO prácticamente no ha parado, excepto por unos cuantos días de descanso en Palenque, Chiapas. Y en toda esa actividad, Yáñez no se le ha despegado.
Su cercanía con el tabasqueño se hizo patente otra vez el pasado 21 de agosto, cuando el presidente electo anunció al equipo que lo acompañará en la Presidencia de la República. Yáñez ya no fue anunciado como coordinador general de Comunicación Social; para este cargo se designó a Jesús Ramírez Cuevas.
El mismo día nombró al ahora recién casado como coordinador general de Política y Gobierno, puesto que, según lo describió López Obrador, implica que la cercanía proseguirá, pues incluye relación con líderes, grupos y el área de atención ciudadana, lo que por otra parte ya atendía Yáñez cuando sólo tenía el encargo de la comunicación social en tiempos de escasez.
Como la realeza
En general poco proclive a los reflectores en 30 años, César Yáñez se convirtió en objeto de escarnio por su enlace nupcial de tintes nobiliarios, en sintonía con la costumbre que han implantado en la clase política los últimos presidentes y sus familias.
En el pasado, los mandatarios y sus colaboradores solían escapar hasta donde fuera posible de reflectores, e incluso de la cobertura de la prensa del corazón.
En su libro Historia crítica del periodismo mexicano (Editorial Luna Media Comunicación, 2016), el periodista Humberto Musacchio relata un episodio de los tiempos en que el gobierno tenía un control absoluto sobre los medios de comunicación, para el cual utilizaba el monopolio paraestatal Productora e Importadora de Papel, S.A. (PIPSA).
El director de ésta, Mario Moya Palencia, le escribió al entonces secretario de Gobernación Luis Echeverría una carta fechada el 10 de septiembre de 1968, en la que exponía que las secciones de sociales de El Sol de México y El Heraldo, “donde a todo color se hace gala de las actitudes exageradamente burguesas y hasta pretendidamente nobiliarias de ciertos sectores de la sociedad mexicana”, hacían daño por amplificar “el ocio y las diversiones deslumbrantes de un sector minoritario que piensa en términos anacrónicamente plutocráticos”.
En el contexto del movimiento estudiantil de 1968, remataba Moya Palencia: “Si en el mismo espacio se publicara todos los días el Manifiesto Comunista, haría menos daño”.
La alternancia rompió muchos de los viejos paradigmas de la simulación y, en un fuera máscaras protagonizado principalmente por Marta Sahagún, el panismo inauguró un periodo de exhibicionismo de vidas y gracias cuando ¡Hola! México publicó su boda con Vicente Fox.
A ella le siguió, por citar un ejemplo, el panista coahuilense Jorge Zermeño, quien después “abrió las puertas” de la mansión que ocupaba como embajador del calderonismo en España.
Pero nunca como en el sexenio de Enrique Peña Nieto, cuando la familia presidencial y los políticos de la élite mexiquense fueron tan proclives a la prensa del corazón. La esposa del presidente, Angélica Rivera, se llevó al menos 15 portadas de ¡Hola! México, además de posar para las revistas Marie Claire, Quién y Caras, eso sin contar a los hijos de la pareja presidencial del sexenio que termina.
Una revisión de las portadas de ¡Hola! México en los últimos dos años muestra que se han reseñado lo mismo la boda del príncipe Harry, de Gran Bretaña, que la del matador Diego Silveti con Maricruz González; la del empresario Jorge Vergara con Rossana Lerdo de Tejada; la de la modelo Ximena Navarrete con Juan Carlos Valladares; la del portero Memo Ochoa con Karla Mora; la de la actriz española Paula Echeverría con el futbolista Miguel Torres, y la más reciente, de César Yáñez con Dulce María Silva.








