La reducción de la desigualdad social en México no fue una prioridad del gobierno del presidente Enrique Peña Nieto. Al término de su sexenio esta es la realidad del país: casi la mitad de la población (48%) cuyos padres se encuentran en los peores niveles de pobreza difícilmente podrá superar dicha condición.
De acuerdo con la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), sólo 4% de esos mexicanos tiene la posibilidad de ser parte del 20% de la población con mayores ingresos.
En su reporte ¿Un ascensor social roto? Cómo promover la movilidad social, publicado en junio último, la OCDE también expone la otra cara de la moneda: 52% de los niños cuyos padres son de un nivel socioeconómico alto mantendrá el mismo estatus; sólo 3% caerá en el grupo del 20% de los que tiene menor ingreso.
Tomando en cuenta dicha información, los mexicanos tienen menos oportunidades de mejorar sus ingresos y nivel de vida en comparación con otras economías similares, como Brasil, China, Indonesia o Sudáfrica.
En el contexto de su Sexto y último Informe de Gobierno, cuyo mensaje presentará el lunes 3, y a tres meses de que deje el cargo, Peña Nieto ha aceptado lo que su administración no pudo realizar.
“Reconocemos lo que aún nos falta por hacer, donde no hemos sido lo suficientemente asertivos, donde todavía tenemos un gran reto en revertir las condiciones de pobreza, lograr mayor igualdad entre la sociedad, ser mucho más certeros y eficaces en el combate a la inseguridad”, dijo en un acto en Guanajuato.
Magros resultados
Para el director del Centro de la OCDE en México, Roberto Martínez Yllescas, las reformas estructurales que promovió el mandatario saliente quedaron a deber.
Participante en el Foro Balance de las Reformas Estructurales, organizado a mediados de agosto pasado en el Senado, Martínez alertó que “la tendencia de la desigualdad es persistente y va en aumento”.
Consultado sobre el tema, Juan Carlos Moreno-Brid, profesor en economía de la UNAM y doctor en economía por la Universidad de Cambridge, dice que las acciones contra la pobreza perdieron espacios en función de los intereses por mantener la estabilidad económica para mantener las finanzas públicas con un déficit acotado, sin querer hacer una mayor reforma fiscal.
“La desigualdad nunca fue objeto de atención de las autoridades. Sacrificaron la inversión pública, que es un motor de crecimiento, y con eso condenaron la economía a seguir en esta trampa de lenta expansión en la que lleva décadas.”
Moreno-Brid, quien fue coordinador de Investigación de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), en su sede en México, explicó que para reducir la desigualdad se requieren una política fiscal y un mercado laboral sano con baja informalidad, salarios que cubran las necesidades básicas de una persona y la creación permanente de empleos.
Expone que en materia de ingresos México, antes de impuestos, tiene similitudes con varios países europeos. Sin embargo, una vez que entra la mano del Estado en materia fiscal, Europa es mucho más igualitaria que México y que otros países de América Latina.
“Nuestros impuestos servirán para muchas cosas, pero no para tener un México más igualitario. Ahí tenemos una falla inmensa: la política tributaria no es progresiva”, agrega el experto.
Apapacho tributario
De acuerdo con el informe Desigualdad extrema en México, elaborado por Gerardo Esquivel, propuesto por el presidente electo, Andrés Manuel López Obrador, como el próximo subsecretario de Egresos de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, el haber gravado el consumo por encima del ingreso causó que las familias pobres terminaran pagando más que quienes tienen más ingresos.
“El que no haya impuestos a las ganancias de capital en el mercado accionario, entre otras cosas, es ejemplo de cómo el sistema tributario beneficia a los sectores más privilegiados”, expuso.
El director del Instituto para el Desarrollo Industrial y el Crecimiento Económico AC (IDIC), José Luis de la Cruz Gallegos, coincide con los demás entrevistados en cuanto a que la pobreza no tuvo solución en este gobierno.
“Para que esto se solvente se requiere un país con mejores salarios. Además de los 53 millones de pobres tenemos 62 millones cuyo ingreso económico no les alcanza para superar la línea de la pobreza.”
El problema de fondo, agrega De la Cruz Gallegos, es que el crecimiento de 2.5% que ha caracterizado al país es desigual. Algunos estados, como Aguascalientes, Guanajuato, San Luis Potosí y Chihuahua, llegan a tener crecimientos de más de 4%, mientras en el sur del país, donde no hay industrialización y además hubo una crisis petrolera, las tasas negativas persisten.








