Meses después de que se conociera en Brasil el caso Lava Jato, se descubrió también el escándalo por los sobornos que entregó la empresa de Marcelo Odebrecht a por lo menos 12 países, incluido México. El periodista Raúl Olmos consultó documentos sobre el caso para escribir su libro Gigante de lodo. Odebrecht y su historia de corrupción en México, que en breve pondrá en circulación Penguin Random House. En el volumen, del cual se adelantan fragmentos sustantivos con autorización del sello editorial, se explica la trama de corrupción que envolvió al propio Enrique Peña Nieto desde la década pasada.
En los días previos a que Enrique Peña Nieto tomara posesión como presidente de México, los directivos de Odebrecht movieron una serie de piezas para garantizar que el trabajo de acercamiento que habían tenido en el periodo de la campaña política con el equipo del candidato rindiera frutos una vez que se concretara el retorno del PRI al gobierno.
La toma de protesta se realizaría el 1 de diciembre de 2012, y en la víspera Olivio Rodrigues Júnior, uno de los operadores financieros de Odebrecht, depositó en tres tandas casi 1 millón de dólares en una cuenta ligada a uno de los hombres más cercanos al entonces presidente electo.
A la par que fluían esos depósitos, el negociador de los sobornos de Odebrecht en México, Luis Alberto de Meneses Weyll, preparaba una reunión de su jefe, Marcelo Odebrecht, con Peña Nieto, en la ciudad de Querétaro.
La cita entre el mayor corruptor de América Latina y el futuro mandatario de México se concretó el 12 de noviembre de 2012, tan sólo 19 días antes de la toma de protesta. Al día siguiente de ese encuentro el operador de Odebrecht en Europa, identificado con la clave “Gigolino”, depositó 386 mil 725 dólares a la cuenta 1001.560.103, en el Neue Bank, del principado de Liechtenstein, atribuida a uno de los colaboradores de Peña. El depósito equivalía a 5 millones de pesos al tipo de cambio de aquellos días.
¿Ese encuentro de Marcelo y Peña y el depósito al día siguiente fueron una simple coincidencia de fechas o una acción sincronizada de la maquinaria corruptora de Odebrecht?
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El acercamiento del más alto directivo de Odebrecht en México, Luis Alberto de Meneses Weyll, con el equipo de Peña Nieto había iniciado en marzo de 2012, unos días antes del arranque de la campaña presidencial. Weyll ha declarado ante la fiscalía en Brasil que aquel mes tuvo tres reuniones con Emilio Lozoya, quien era el coordinador de enlace internacional del candidato; la primera cita fue –según el testimonio– en un hotel de Ciudad de México, la segunda en el café El Globo en Lomas de Chapultepec y la tercera en el edificio de Odebrecht, ubicado en la misma zona.
En los dos últimos encuentros –de acuerdo con la versión del ejecutivo brasileño– se negoció el pago de 4 millones de dólares que deberían ser depositados en una cuenta en el banco Gonet & Cie, en Ginebra, Suiza.
La labor proselitista comenzó el día 30 de aquel mes, y a las tres semanas –el 20 de abril– empezó a fluir el dinero a la cuenta asignada para los sobornos. Primero fueron 250 mil dólares, a los cinco días 495 mil, dos días después otros 505 mil, hasta completar 3 millones 150 mil dólares en siete transferencias realizadas desde la cuenta de una empresa offshore de Odebrecht en el Meinl Bank de Antigua a favor de otra compañía fantasma creada en las Islas Vírgenes Británicas. Al concluir la campaña electoral se hicieron otros tres depósitos por 951 mil dólares, pero ahora a una cuenta en el Neue Bank de Liechtenstein –también ligada con un operador de la campaña de Peña–, con lo que incluso se superó la cifra acordada de 4 millones de dólares.
La suma aportada por Odebrecht en plena contienda electoral y en los meses posteriores fue equivalente a 55 millones de pesos, una cantidad mayor a la que en enero de 2013 el entonces Instituto Federal Electoral reconoció que fluyó a través del esquema de financiamiento electoral paralelo conocido como “Monexgate”.
Es decir, si se compara por monto, el posible financiamiento electoral vía Odebrecht es más grave que el Monexgate y pese a ello, la investigación del caso fue frenada abruptamente por la PGR en octubre de 2017, y el fiscal que encabezaba la pesquisa, Santiago Nieto, fue despedido en medio de amenazas e intentos de extorsión y chantaje. “Intentaron comprarme para que guardara silencio”, reveló Nieto. Cuando fue cesado, estaba en curso una petición de asistencia internacional a Islas Vírgenes y Suiza para conocer el nombre del beneficiario final de la cuenta offshore que recibió los depósitos y saber a manos de quién fue a dar el dinero transferido en los días de la campaña electoral.
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El nombre de Enrique Peña Nieto aparece en correos electrónicos que fueron interceptados por la Policía Federal de Brasil, como parte de la investigación del caso Lava Jato.
La relevancia de los mensajes es que, en ellos, Marcelo Odebrecht negocia una reunión privada con Peña después de que su compañía ya había aportado 3.1 millones de dólares durante la campaña presidencial de 2012.
En principio, Peña es mencionado en una cadena de mensajes que Marcelo intercambió con directivos de su empresa y con Fernando Pimentel, gobernador del estado brasileño de Minas Gerais, quien ha sido acusado de haber recibido sobornos cuando fue ministro de Desarrollo, Industria y Comercio Exterior de Brasil, durante el mandato de Dilma Rousseff, y de haber gestionado y recibido financiamiento ilegal para campañas políticas en Brasil.
Los documentos consultados para esta investigación muestran que, mientras Marcelo preparaba su encuentro con Peña, estaba en curso la negociación para el pago de sobornos al mencionado político brasileño. Por ejemplo, un expediente detalla que en septiembre de 2012 un emisario de Fernando Pimentel, de nombre Benedito de Oliveira, le pidió a Marcelo 20 millones de reales para facilitar la liberación de recursos o financiamiento público del Ministerio de Industria para dos proyectos de Odebrecht. El directivo de la constructora logró negociar un monto menor, el cual fue pagado por la oficina de sobornos a finales de aquel año.
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Aquella no era la primera vez que se reunían ambos personajes. El 9 de abril de 2010, cuando era gobernador del Estado de México, Peña Nieto viajó a Brasil para entrevistarse con el empresario, que ya para entonces tenía en marcha un sofisticado esquema de financiamiento de campañas políticas y compra de funcionarios para obtener millonarios contratos de obras y servicios en Latinoamérica y África. De acuerdo con la confesión de ejecutivos de Odebrecht ante una corte federal en Estados Unidos, fue justo a partir de aquel año cuando se entregó una primera tanda de sobornos en México.
En octubre de 2011, cuando Peña ya había terminado la gubernatura y se perfilaba como candidato presidencial, se agendó una segunda cita de ambos personajes. Una vez más, se pudo conocer de este encuentro gracias a otra cadena de correos electrónicos interceptados en Brasil.
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Once meses antes de la elección presidencial de 2012 los priistas Beatriz Paredes Rangel y Enrique Jackson Ramírez también volaron a Brasil en compañía de Javier Duarte y Luis Alberto de Meneses Weyll, el señor de los sobornos, para reunirse con Marcelo Odebrecht. El viaje inició a finales de julio de 2011 y el encuentro ocurrió el 4 de agosto, en São Paulo.
Paredes acababa de dejar la presidencia nacional del PRI, en la que durante cuatro años había enfocado todo su esfuerzo en preparar el retorno de su partido al poder, y en ese momento ocupaba un escaño en el Congreso federal, pero ninguna de las comisiones en las que participaba justificaba su viaje para encontrarse con quien ya se perfilaba como el mayor corruptor de América Latina, con sobornos comprobados hasta ese momento en al menos 12 países. En tanto, Jackson no desempeñaba ningún cargo público; su reinserción a la política se dio a los dos meses de aquel periplo por Brasil, cuando en octubre de 2011 fue elegido secretario del consejo nacional del PRI.
En enero de ese mismo año Paredes había estado en Brasil –todavía como líder nacional del PRI–, a donde acudió a presenciar la toma de protesta de Dilma Rousseff como presidenta, cuya campaña recibió financiamiento oscuro de la compañía Odebrecht, según ha confesado el propio Marcelo.
Cuando Paredes volvió a Brasil, en julio-agosto de 2011, lo hizo en la comitiva del gobernador de Veracruz, entre quienes además estaban los empresarios Eustaquio de Nicolás, amigo de Enrique Peña Nieto desde su época de estudiantes universitarios; el industrial cañero Francisco Franky García González y Moisés Manzur, estos dos últimos señalados como presuntos prestanombres de Javier Duarte. En el mismo avión iba Weyll, director de Odebrecht en México, y quien concertó la reunión con su jefe Marcelo.
“No hay ningún otro lugar del mundo donde tengamos un compromiso tan grande como lo tenemos en Veracruz a través de la empresa Braskem”, dijo Marcelo Odebrecht cuando los recibió en su oficina.
En ese momento la cadena de sobornos de Odebrecht ya estaba en marcha en México. Ante autoridades de justicia de Estados Unidos los ejecutivos de la constructora han confesado que empezaron a pagar favores desde 2010 en nuestro país, aunque en documentos obtenidos para esta investigación consta que los pagos ilícitos iniciaron desde junio de 2009.
Apenas asumió la Presidencia de México en diciembre de 2012, Peña Nieto nombró a Beatriz Paredes embajadora en Brasil, y desde ese cargo contribuyó a facilitar posteriores citas de Javier Duarte y su comitiva con ejecutivos de Odebrecht.
El registro de Enrique Peña como aspirante del PRI a la Presidencia de México ocurrió el 27 de noviembre de 2011, un mes después de que se había reunido con Marcelo Odebrecht. Se convirtió formalmente en candidato hasta el 17 de diciembre del mismo año y de inmediato empezó a armar su equipo de campaña, la cual sería coordinada por Luis Videgaray, su colaborador de mayor confianza. El 11 de enero de 2012 Peña invitó como su coordinador de vinculación internacional a Emilio Lozoya Austin, un economista egresado de Harvard, hijo de un veterano priista que había colaborado como director del ISSSTE y secretario de Energía durante el gobierno de Carlos Salinas de Gortari. A sus 37 años, Lozoya Jr. acumulaba experiencia en organismos internacionales, como el Banco Interamericano de Desarrollo, donde había negociado créditos para distintos países, y en el Foro Económico Mundial, del que fue jefe para América Latina durante cuatro años.
Su integración al equipo del candidato que en esos días encabezaba las encuestas de preferencia electoral atrajo la atención del director de Odebrecht en México, Luis Alberto de Meneses Weyll, quien presagiaba que Lozoya se convertiría en una persona influyente en el futuro gobierno, lo que se traducía en oportunidades de negocios para la constructora brasileña. Así que desde entonces buscó contactarlo.
El 12 de marzo Peña Nieto tomó protesta como candidato de la alianza integrada por el PRI y el Partido Verde, en un mitin en Dolores Hidalgo, Guanajuato, y el 30 de ese mes inició la campaña en Guadalajara. Justo en los días en que arrancaba la actividad proselitista, Weyll concertó una cita con Lozoya, según la versión que el ejecutivo de Odebrecht les ofreció a las autoridades de Brasil.
En su testimonio como delator, Weyll aseguró que en marzo de 2012 se reunió tres veces con el entonces integrante de la campaña de Peña Nieto y que en el segundo de esos encuentros se negoció el pago de 4 millones de dólares que deberían ser depositados en una cuenta en el banco Gonet & Cie, en Ginebra, que estaba a nombre de Latin America Asia Capital Holding Ltd., una compañía de papel afincada en las Islas Vírgenes Británicas, que sirvió para ocultar el nombre del beneficiario final. El dinero de Odebrecht empezó a fluir a las tres semanas. El 20 de abril el Meinl Bank, ubicado en la isla de Antigua, transfirió 250 mil dólares –equivalentes a 3 millones 350 mil pesos de entonces– a la referida cuenta en Suiza.








