Señor director:
El domingo 1, como resucitación prodigiosa, resonaron en nuestra patria (¿se vale decir pobre patria?) los “gritos jubilosos” del pueblo mexicano que, una vez más, está eufórico ante la llegada inminente del día sacrosanto 1 de julio, en el que, “democráticamente”, tomaremos la histórica decisión de elegir al Huey Tlatoani, al ungido, al illuminati, al mesías que regirá nuestro destino por los próximos ¡seis años! (¡Jesús nos agarre confesados!)
Cada uno de los candidatos, como es de esperarse, tuvo su arranque de potro brioso, y de potranca garbosa, en el caso de la mujer.
Salieron a relucir las frases domingueras, retadoras, grandilocuentes que a más de uno dejaron apantallado. Son las muy famosas frases que durante la campaña estarán siendo machacadas para que el pueblo las aprenda.
Ya las hemos tenido en tiempos idos, en innumerables campañas politiqueras e igualmente despilfarradoras del dinero del pueblo: ¡arriba y adelante!, fue una de ellas; ¡por la renovación moral de la sociedad!, escuchamos en otra oportunidad, y ¡la solución somos todos!, pronunció otro ungido.
En esta ocasión, el señor Meade, quien se ostenta como candidato sin partido pero que lleva tras de sí todo el aparato priista, del gobierno federal y varios estatales, también hizo resonar su frase dominguera: ¡haremos un gobierno de gente decente!
Al escuchar esta declaración surge de inmediato la pregunta obligada: ¿Sabe este señor lo que está diciendo? ¿Tendrá, aunque sea ligera, una visión del alcance de estas palabras? ¿Es una señal de que pretende desmarcarse del PRI? Esto último no es muy recomendable; basta recordar el caso Colosio. La mafia no perdona.
Para que el señor Meade forme un gobierno de gente decente, en primer lugar tendrá que hacerse a un lado él mismo, sacar de la campaña a Nuño, a Ochoa Reza, etcétera.
Lo que es peor: si gana la elección tendrá que formar un gabinete con personas totalmente ajenas a él, lo que implicará que tácitamente estará calificando de indecentes a todos sus allegados. Y si ya estarán de antemano calificados como indecentes, el paso obligado es meter a la cárcel a todos sus compinches de ahora, dado que, de acuerdo con su propuesta, ellos y él son indecentes y, por lo tanto, indignos por desconfianza. Y si los incorpora al gabinete, estará faltando a su promesa de campaña.
¿Cómo ve este asunto, señor Enrique Peña Nieto? Usted también es parte de ese selectísimo grupo de indecentes creado por Meade, en virtud de que si él ofrece crear un gobierno de gente decente significa que no ha habido ni hay tal gobierno.
Atentamente:
Profesor Arturo Rodríguez Roque








