Transcurridos ya tres meses del presente año y con sólo ocho más que vivirá la actual administración que finaliza el próximo 30 de noviembre, la Dirección de Ópera de Bellas Artes, a través de Alonso Escalante Mendiola, su nuevo y transitorio director, ha declarado que la temporada de este año destaca en términos cualitativos y cuantitativos ya que consta de siete títulos, “más de lo que se ha presentado en años recientes”.
La declaración que pretende ser optimista pone plenamente al descubierto la miseria de nuestra ópera ya que, “en términos cuantitativos”, “destaca” la “apabullante” cima de siete títulos. Por Dios, ¡siete títulos en un año! Tal aserto es para indignar o para ponerse a llorar.
¿Cómo es posible que alguien se vanaglorie de, en una ciudad como la nuestra, con –redondeemos, veinte millones de habitantes– se presenten siete óperas a lo largo de todo un año?
Se puede entender que como llegó al último tramo de la administración, Escalante, quien tomó posesión apenas el pasado 15 de enero, ya no tenga margen de acción, haya encontrado la programación ya hecha y sin posibilidades de modificarla y, menos, incrementarla; pero eso no justifica que tal programación sea digna de encomio.
Siguiendo con lo cuantitativo –le dejaremos a lo cualitativo el beneficio de la duda por el momento–, vale recordar que desde finales del siglo pasado, cuando Sergio Vela y su equipo tomaron posesión de la ópera pregonando que alcanzarían “la excelencia”, el número de títulos y funciones se cercenó brutalmente, y desde entonces no se programan más de siete títulos en Bellas Artes. No es pues, desgraciadamente, nada nuevo lo que se pretende hacer este año, cuya temporada arrancará hasta finales de abril.
A cada uno de esos siete títulos, salvo rarísimas excepciones, se le otorgan cuatro funciones. Es decir, a lo largo de 365 días, los aficionados podrán ver ópera en vivo la “extraordinaria” cantidad de 28 días. Hablo de los aficionados y no de la población de la Ciudad de México (para efectos de esta planeación el resto del país no existe) porque, para que empecemos a darnos cuenta de lo que estos números implican en cuanto atención a los usuarios, tenemos que agregar otros más. En números cerrados, Bellas Artes tiene capacidad para dos mil espectadores. Si en cada función se llena el teatro, con público totalmente distinto en cada ocasión, eso quiere decir que únicamente 56 mil personas tendremos acceso a la ópera.
Empero ni siquiera eso es cierto porque, de acuerdo a lo declarado, de Stifelio, una muy rara vez programada ópera de Verdi, se ofrecerán únicamente dos funciones y en la modalidad de concierto, además. La temporada terminará en diciembre con El murciélago de Johann Strauss, simpática opereta que es eso, opereta y no ópera, para acabar.
Así, la “extraordinaria” temporada 2018, si es que no se recorta a última hora –como ha ocurrido en algunos años–, presentará además: Rusalka de Antonin Dvorak, El juego de los insectos del mexicano Federico Ibarra, La italiana en Argel de Rossini, Macbeth de Verdi, y Las bodas de Fígaro de El Divino Mozart.








