A principios de este mes el músico escocés David Byrne lanzó su nuevo disco, American Utopia, título que invita a diversas reflexiones sobre la situación actual del país más poderoso del mundo. Escribe Byrne en el disco: “¿Me refiero a esto irónicamente?, ¿es una broma?, ¿lo digo en serio?”. Tal vez sí, tal vez no, lo cierto es que David Byrne vuelve a entregar un trabajo sólido e inteligente que recuerda los mejores tiempos de Talking Heads, la banda con la que revolucionó el new wave ochentero.
La colección de canciones no se refiere en realidad a aquel lugar imaginario al que se aspira con inocencia, es más bien una especie de representación de la vida actual en Estados Unidos y gran parte del mundo, pero con un dejo de esperanza.
Escribe Byrne al respecto:
“¿Hay alguna otra manera?, ¿una mejor manera?, ¿una manera diferente? Este grupo de canciones es indirectamente acerca de esas preguntas. El título no se trata tanto de una utopía, sino de nuestros anhelos, frustraciones, aspiraciones, miedos, esperanzas con respecto a lo que podría ser, lo que es posible. ¿Cómo y qué podríamos ser? Hay un anhelo de posibilidad, y tengo la sensación de que es a lo que tocan estas canciones.”
Compuesto en su mayoría junto al inglés Brian Eno, el disco es inclasificable, como la mayoría que estos dos músicos han hecho a lo largo de sus carreras, pero también es un trabajo artístico maduro e interesante que logra su objetivo.
Casi inmediatamente después del lanzamiento, el también guitarrista comenzó una gira que culminará bien entrado octubre y que lo traerá a México a partir del próximo 3 de abril, fecha en la que se presentará en el Teatro Metropolitan de la Ciudad de México para luego visitar Monterrey y Guadalajara.
Para esta nueva gira, David Byrne pareciera haberse propuesto “superar” lo alcanzado por Talking Heads en 1984 con “Stop making sense” (Dejen de tener sentido), espectáculo que quedó plasmado en celuloide gracias al ojo del cineasta Jonathan Demme.
En esta ocasión Byrne vuelve al gris como color principal en la vestimenta de los músicos. La banda incluye a seis percusionistas, quienes tienen absoluta libertad de movimiento gracias a que están equipados con arneses, lo que les permite recorrer el escenario al igual que un guitarrista o un corista.
En un escenario vacío el grupo es la escenografía mientras baila en su mayoría coreografías al mero estilo Byrne, o sea espasmódicas, cambiando de formación con cada canción, en un espectáculo con un nivel artístico muy elevado.
La lista de canciones que interpreta la banda incluye varios temas conocidos de los Talking Heads, con lo que David Byrne demuestra que, a pesar de que la música de la banda es recordada y disfrutada en la actualidad, no necesita reunirse con sus antiguos compañeros para seguir disfrutando de esa música en un escenario, como comentó hace un par de meses a la revista Rolling Stone:
“Hay mucho en eso. Veo lo que sucede con otras personas cuando hacen sus reuniones, y luego se convierte en una segunda reunión y una tercera reunión. Pero muchos de ellos parece que no tienen nada nuevo que decir y dicen: ‘OK, esto es sólo un tipo de ejercicio de nostalgia’. Y no estoy interesado en eso.”








