Atraer a inversionistas y evitar el dinero sucio son desafíos que enfrenta la liga de futbol americano profesional de nuestro país, creada en 2016 por el excomentarista deportivo Juan Carlos Vázquez. Peculiar por tener entre sus franquiciatarios a figuras como el abogado José Luis Nassar Daw –quien ha sido defensor de Raúl Salinas de Gortari, entre otros personajes polémicos–, la organización está en su tercera temporada. En entrevista con Proceso, su actual presidente, Óscar Pérez Martínez, y el propio penalista hablan de las medidas contra el lavado de dinero que han establecido en su sociedad.
Singular porque entre sus franquiciatarios se encuentran abogados penalistas expertos en materia de lavado de dinero, la Liga de Futbol Americano (LFA), la primera organización profesional de este deporte en el país, opera con números rojos desde su creación, en 2016.
Según las cuentas confirmadas por su administración, las pérdidas de la primera temporada de la LFA fueron de medio millón de pesos. Al año siguiente, el torneo concluyó con un déficit de 2.7 millones de pesos, que en su mayor parte fueron producto de préstamos otorgados por el actual presidente de la liga, Óscar Pérez Martínez.
En entrevista, el responsable de la organización considera normal el difícil momento financiero por el que están pasando, que justifica como producto de un proyecto en pleno crecimiento. “No nos espanta (el déficit)”, dice en perspectiva sobre el potencial que tiene este deporte a nivel comercial.
La LFA, que pretende ser un semillero para el exigente futbol americano profesional de Estados Unidos, inició este año su tercera temporada bajo una nueva administración, con mayores recursos y publicidad que se puede ver en el transporte público de la Ciudad de México.
La presente temporada tiene como plus la transmisión de sus juegos por televisión abierta, restringida y plataformas digitales; es el caso de TV Azteca, FOX Sports, Televisa Deportes Networks (TDN), Claro Sports y la versión electrónica del diario El Universal.
A poco más de dos años de su creación, la LFA también atrajo el interés de patrocinadores e incrementó el número de franquicias, pues de cuatro equipos iniciales ahora seis integran la actual campaña.
En el esquema de la liga aparece el penalista José Luis Nassar Daw y su hijo José Luis Nassar Peters, dueños del conjunto de los Condors. Con la llegada de ambos, firmas como Banco Azteca y la marca Electrolit se acercaron a la organización para ser patrocinadores.
Fuera del emparrillado, Nassar Daw y su hijo –propietarios del despacho Nassar Nassar y Asociados– defienden al futbolista Rafael Márquez, acusado por el gobierno de Estados Unidos de pertenecer a una red de lavado de dinero al servicio del narcotráfico. También es abogado de Guillermo Álvarez, presidente del Cruz Azul.
El penalista, además, ha llevado otros casos polémicos, como el de Raúl Salinas de Gortari (acusado de enriquecimiento ilícito), hermano del expresidente Carlos Salinas. También defendió a Belén Coronado, la podóloga que denunció por acoso sexual al entrenador argentino Ricardo Antonio La Volpe cuando éste era el técnico del club Chivas, y representó a Lizzette Farah, madre de la niña Paulette, quien desapareció y apareció muerta debajo de su cama.
Nassar Daw es hijo de Miguel Nassar Haro, comandante de la Dirección Federal de Seguridad (DFS) en los años de la llamada Guerra Sucia, uno de los episodios más temibles en la historia policiaca del país.
El presidente de la LFA, Óscar Pérez Martínez, tiene título de ingeniero en electrónica por la Universidad Autónoma Metropolitana. En la estructura de la Liga de Futbol Americano figuran otros abogados penalistas, como Guadalupe Gabriela García Tejeda, Julio César Martínez y José Luis Montero, del equipo Raptors.
Pese a que no hay un ente gubernamental que la regule, la LFA, que tampoco figura en el Registro Nacional del Deporte, exige a los nuevos franquiciatarios la entrega de 2.5 millones de pesos por concepto de renta de una temporada. A cambio, la liga se hace responsable del pago de los jugadores y de los entrenadores. También la organización carece de una reglamentación.
“El proyecto está en una fase de prueba y error. En lo deportivo, de repente nos encontramos con circunstancias que no estaban consideradas en el reglamento. Sería muy fácil bajar el reglamento de la NFL, darle copy paste y dejarlo aquí, pero eso no va a generar conocimiento. Estamos creando nuestro valor, nuestro conocimiento.
“Incluso, el futbol americano de Canadá tiene reglas diferentes y parecidas. Nosotros estamos haciendo una fusión entre el reglamento de la NFL y el futbol universitario. También estamos creando nuestro propio modelo”, dice Pérez.
“Estamos limpios”
Pero no cualquier persona con 2.5 millones de pesos en la bolsa puede ser dueño de un equipo de futbol americano profesional en México, para lograr su aceptación el aspirante debe ser recomendado por alguien de la liga o pasar por una investigación que consiste, básicamente, en inspecciones oculares y preguntas.
Al cuestionar la laxitud de las medidas de la liga para evitar el ingreso de dinero sucio, Pérez Martínez asegura que la organización está libre de operaciones con dinero de dudosa procedencia.
“Hemos labrado nuestra credibilidad con trabajo, esfuerzo, congruencia y con el hecho de aceptar nuestros errores, corrigiéndolos. Precisamente, una de las fuentes que nos cubre (la temporada) nos advirtió: ‘Tengan cuidado, porque en Proceso se está hablando de una investigación sobre el tema de lavado de dinero en la liga’”, relata el titular de la LFA.
“No dejo pasar ninguna situación. En este momento estamos en una etapa muy sensible del proyecto, construyendo y demostrando lo que somos. Sí, seríamos vulnerables a un desprestigio de esta naturaleza y sería muy lamentable que un programa que tiene propósitos muy correctos, muy nobles, se vea otra vez en una etapa de retroceso o de fracasos por este tipo de cosas”, agrega Pérez.
En entrevista conjunta en la redacción de este semanario, Óscar Pérez y el abogado Nassar Daw hablan del potencial del proyecto y del juego limpio que procuran. “La liga tiene un control ético y financiero de sus integrantes”, afirman.
El abogado explica que desde que él entró a la liga como franquiciatario le consultan sobre la integridad o qué sabe de posibles inversionistas. “A veces nos tomamos hasta tres semanas, y cada franquiciatario hace lo que debe hacer y preguntar a quien deba preguntar (sobre el empresario en cuestión).
“En concreto, digo: oye Óscar (Pérez), a mí no me han reportado nada indebido de fulano de tal. Por lo tanto, doy mi voto, siempre y cuando exista transparencia y el interesado haya depositado (el recurso) por la franquicia y que provenga de una transferencia bancaria”, explica Nassar.
–¿Esta due diligence (la investigación de una empresa o persona previo a la firma de un contrato) la hacen únicamente entre ustedes, entre amigos? Es decir, ustedes hacen sus propias investigaciones, ¿pero se reporta a alguna autoridad? ¿Hay alguien que a su vez supervise esta revisión?
–No como due diligence, pero en mi caso, que soy persona moral, pago, reporto el ingreso y el egreso; hago la transferencia del IVA como cualquier empresa normal. No existe en México un mecanismo de esa naturaleza. Tampoco hay un organismo que me diga ¿quién es Alfredo Méndez?, por poner un ejemplo –responde Nassar.
De acuerdo con el penalista, la ausencia de ese mecanismo de protección no les deja de otra más que cuidarse entre ellos. “Primero, la liga nos dice: ‘Quiero que tengas un modo honesto de vivir, que no seas un ayudante al que ponen de empresario, sino que realmente sepa yo que eres empresario’”.
–¿Basta con estar en regla ante Hacienda, aunque el origen del dinero puede estar en duda? –se le insiste.
–No, por hablar de un franquiciatario…
–¿Y en el caso de un particular?
–El particular sabe que tengo la solvencia. Yo tomé de mis fondos personales y constituí una empresa en términos de la ley. De otra manera, el notario no lo hubiera permitido. Una vez que fue fondeada la empresa y dada de alta ante la Secretaría de Hacienda, hice la transferencia de los fondos. Si le hubiera dado de mi dinero a Óscar, no me deja.
“Entonces –expone Nassar–, de dónde viene el patrimonio, pues Hacienda lo puede saber. En mi caso, somos dos los franquiciatarios: mi hijo y yo. En otros equipos son cuatro, pero todos somos personas morales que estamos sujetas a régimen fiscal, a transparencia de estados financieros.”
Óscar Pérez complementa: “Para nosotros es importante saber el tipo de personas que quieren entrar a la liga, quién se está subiendo, cuáles son sus intenciones y cuál es el origen de sus recursos. De todas maneras, tenemos otro mecanismo de control que es que todo se factura, se crea una razón social, pagamos y cobramos IVA. Estamos en la temporada tres en el año dos, nuestros estados financieros todavía son muy modestos, pero estamos saliendo adelante. El ADN de la liga está diseñado para blindarse, para permanecer”.
Nassar Daw agrega: “Todos tenemos cara, todos tenemos pedigrí, todos sabemos quiénes somos y todos nos involucramos. Hay un equipo que no tiene franquiciatario, es Monterrey, entonces, la liga es dueño de ese equipo. Todos los demás estamos ahí y sabemos qué hace uno y qué hace el otro. Decidimos y opinamos en torno a la liga”.
Conflicto en ciernes
Hace tres años, Juan Carlos Vázquez, excomentarista deportivo de TV Azteca, emprendió la aventura de crear la Liga de Futbol Americano. Finalmente, lo consiguió en 2016 con el arranque formal de la temporada.
Sin embargo, por falta de recursos, el proyecto se empantanó en la recta final del torneo y solicitó un préstamo de 565 mil pesos a uno de sus socios, Emilio Orozco. Luego, terminó pagándole a los jugadores con boletos para los partidos programados en el calendario.
Sin si quiera conocerlo, Vázquez recurrió a Óscar Pérez Martínez y de él obtuvo el apoyo financiero que buscaba, pero a cambio de otorgarle el control de la LFA.
Vázquez asegura que firmó un contrato con Pérez por la venta de un porcentaje de las acciones de la LFA, en el cual se especificó que ambos serían inversionistas con partes iguales, es decir, el excomentarista se quedó con 45% de las acciones y el actual presidente de la liga, con otro 45%; el 10% pertenece al resto de los socios: Jorge Cruz, Arturo Carlos y José Antonio Diez. Sin embargo, Vázquez dejó en prenda 5% de sus acciones en el convenio que firmó sobre el préstamo.
En total, la deuda de la liga asciende a 2.7 millones de pesos y se los debe a su presidente. “Si el señor Pérez se paga la deuda –a través de la liga–, automáticamente yo recupero mi 5% de acciones. ¿Cuándo va a terminar de pagar la deuda? tal vez nunca”, ironiza.
El fundador de la LFA asegura que a Oscar Pérez, quien actualmente tiene 50% de las acciones de la liga, no le urge recuperar su propio dinero. “Quiero pagarle 5% de las acciones que le dejé en prenda, pero él no lo acepta. Claramente me dijo que ya no tengo nada que ver en la operación de la liga, que me fuera acostumbrando, que ya no es mi organización”, denuncia en entrevista.
Juan Carlos Vázquez explica que cuando Óscar Pérez quiso asumir el control de la organización en ese momento pensó que sí era el indicado para llevarlos a otro nivel. “Óscar llegó prometiéndonos tres cosas: patrocinadores, convertirnos en la liga de desarrollo de la NFL y ser una organización autosustentable”.
Hoy, Juan Carlos Vázquez enfrenta una demanda civil de su anterior socio Emilio Orozco por la deuda de 565 mil pesos. Según el fundador de la liga, Óscar Pérez lo obligó a firmar el contrato a título personal y no a nombre de la liga.
–¿No sabías con quién estabas tratando?
–No.
–¿Te queda la percepción de que Óscar se quedará con la liga?
–Soy y sigo siendo una persona de buena fe, así que dudo mucho que vaya a hacerme una trastada o reducir mi porcentaje.
De los socios que iniciaron esta aventura deportiva, sólo quedan Arturo Carlos y José Antonio Díaz. En la temporada dos, en 2017, se integraron Óscar Pérez y Jorge Cruz.
–¿A ti ya no te permiten operar en la liga?
–No.
–¿Eso fue parte del convenio?
–Pues no. Te digo, soy persona de buena fe y sigo confiando en las personas hasta que me demuestren lo contrario.
–¿No te permiten asistir a las reuniones?
–Ni siquiera me invitan.
–¿En calidad de qué estás en la liga?
–De dueño nada más, de accionista mayoritario. Aunque insistan que no, estoy a la par con el porcentaje de las acciones.
Juan Carlos cuenta que cuando buscaba a los franquiciatarios para la liga, acudía personalmente a sus negocios. “Al primero que tuvimos fue a Jesús Omaña, franquiciatario de Mayas, fuimos a su rancho en Teotihuacán. Es un hombre que le renta al gobierno federal parte de sus espacios para el cuartel de la policía. Eso te va dando certidumbre de los negocios y a lo que se dedican cada uno de ellos. Omaña es franquiciatario de Mayas desde la segunda temporada, cuando Jorge Cruz ideó el modelo de negocios”.
–Es decir, ¿solamente porque la persona cuenta con propiedades ya no se indagaba más sobre la procedencia de sus recursos?
–Precisamente, cuando preguntaba, Óscar Pérez me decía: “Ya los investigué”. Óscar es el encargado de investigar a los potenciales socios. Yo confiaba en la palabra de Óscar.
–¿No se indagaba más? ¿Era una garantía la palabra de Óscar?
–Insisto: confío en las personas.
(Con información de Jorge Carrasco)








