Suwa en el FICUNAM

El FICUNAM es un festival que cumple al pie de la letra la promesa de ofrecer cine de autor, en el sentido más estricto del término: artistas que conciben el cine únicamente como medio de expresión personal.

A la abundancia de trabajos de realizadores emergentes o ya consagrados, nacionales e internacionales, sólo se contrapone la corta duración de esta celebración, que dura apenas una semana.

Por ello habrá que apresurarse a ver la retrospectiva, programada por el festival, de la obra de Nobuhiro Suwa, singular cineasta, mal llamado el más francés de los directores japoneses; en realidad, el trabajo de Suwa es una especie de aleación entre dos cinematografías, un compuesto que fortalece las propiedades de cada una. La espontaneidad de tomas y planos, de gestos y movimientos de la Nueva Ola francesa, convierte la cámara en pincel para pintar ideogramas.

Historia H (Japón, 2001) no es una nueva versión de Hiroshima, mi amor (1959), es la respuesta de Suwa, artista japonés nacido en Hiroshima (1960), a una visión, la de Duras, autora del guion, y del director Alain Resnais, sobre el experimento de destrucción masiva del bombardeo nuclear. La angustia de Suwa es que la tragedia se convirtió en película y en material documental, de ahí su preocupación por cambiar el discurso sobre Hiroshima. ¿Cómo evocar el horror que una imagen, repetida hasta el cansancio, termina por apocar? Como si Hiroshima, inenarrable, ya sólo existiera en el cine. Algo similar ha ocurrido, por ejemplo, con las Torres Gemelas de NuevaYork.

Se entiende que Suwa, fascinado por tales íconos, busque cómo romperlos. En el mediometraje Carta de Hiroshima (segmento de Después de la guerra, 2002) propone conecciones sutiles con la catástrofe de su ciudad natal, un diálogo entre presente y pasado, entre lo cotidiano y la gran historia, lo personal con lo colectivo. Corea se asoma con esa actriz coreana que invita el director, sin acudir a recibirla, y evoca la invasión japonesa a esa península masacrada por ellos antes de la guerra.

A la locuacidad del cine francés, Suwa opone el silencio, una de las maneras más elocuentes de comunicar en la cultura japonesa; a esas parejas que hablan y hablan de Erich Rohmer, se contraponen las de Suwa en 2/Duo (Japón 1997); el problema de esta pareja de jóvenes japoneses se destapa cuando él habla y propone matrimonio. O el equilibrio, aparente, de la pareja formado por Aki y su compañero, que se rompe cuando éste trae a su hijo de ocho años a vivir con ellos. Los problemas de toda una generación de mujeres japonesas, que comienzan a liberarse socialmente, se ve cuestionado.

Espléndido trabajo el corto de 10 minutos, Cabellos negros, parte de la expo virtual Brune/Blonde de la Cinemateca francesa, alrededor del fetiche de la cabellera femenina. Nobuhiro Suwa es uno de esos artistas que sólo puede conocer el mundo a través del cine, como la anécdota que él mismo cuenta sobre su primer viaje a Buenos Aires, cuyo referente único era Wong Kar-wai (“Happy Together”).