Para el arquitecto Honorato Carrasco, con una larga trayectoria en la cátedra y cargos académicos en la Facultad de Arquitectura, la constructora Be Grand cumplió con los requisitos delegacionales frente a Ciudad Universitaria, pero hubo indicadores de excesos. Por ejemplo, el que el jefe de gobierno, Miguel Ángel Mancera, quien fuera asesor jurídico de varias inmobiliarias, consolidó ese vínculo al mezclar el desarrollo urbano con la posibilidad de decisiones de la iniciativa privada. “Se ha perdido la consulta pública”, dice en entrevista.
Tras la protesta realizada por vecinos, trabajadores y estudiantes de la UNAM frente al mega complejo Be Grand Universidad, que prevé una torre doble de más de 600 departamentos, se explicó a Proceso que la construcción se saltó puntos importantes: el de zona de amortiguamiento y el del plan delegacional, que jamás tomó en cuenta la restricción de altura.
“En defensa del Patrimonio Cultural de la Humanidad NO a Be Grand” fue una de las leyendas en las pancartas con las que se protestó el pasado 23 de febrero, después de que circulara en redes sociales una imagen que alertó a la comunidad universitaria y vecinal.
El rector Enrique Graue, quien manifestó su preocupación al igual que el Consejo Universitario, sostuvo que el tema “es de una preocupación importantísima para la Universidad, no sólo por lo que representa en el impacto ambiental, explotación de agua y generación de tráfico en la zona, sino por la afectación a la visibilidad de este patrimonio de la humanidad”, como consignó la agencia apro el 23 de febrero.
Por otra parte, Nuria Sanz, directora y representante en México de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), quien informó que “esperaba las conclusiones del debate de la UNAM” sobre si la construcción del edificio afectará el entorno de Ciudad Universitaria para informar a la sede de la organización en París.
La preocupación de la UNAM resalta tras la celebración en noviembre pasado de los diez años del nombramiento como Patrimonio Mundial, para el cual se efectuó un programa cultural y artístico. El proyecto de Be Grand inició en el segundo semestre de 2017.
En entrevista con Proceso, el arquitecto y profesor universitario Honorato Carrasco, excoordinador de Vinculación y Proyectos Especiales de Arquitectura en la máxima casa de estudios y vicepresidente de Acción Social de El Colegio de Arquitectos de México, explicó (recalcando que su postura es a título personal):
“Un problema serio es que la ley es clara en tanto a cuáles son los instrumentos de planeación para una edificación de este tipo, que son cuatro: un programa general de desarrollo urbano, un programa delegacional, otro parcial y otro de gestión, que por ley deben de pasar por la Asamblea Legislativa de la Ciudad de México y consulta pública.
“Lo que sucedió es que se emplearon herramientas adicionales que permiten modificar ‘bajo ciertos criterios discrecionales’ la planeación: los polígonos de actuación, transferencias de potencialidad y sistemas de actuación por cooperación…”
Y dijo que Be Grand frente a la UNAM tiene un uso por zonificación de cuatro niveles, con cuarenta por ciento de área libre, y norma de vialidad de seis niveles máximo, de acuerdo con el programa delegacional, aunque acotó:
“Pero si se saca el coeficiente de uso de suelo, es decir, la cantidad de metros cuadrados que podrían ser sujetos de desarrollo, eso equivale a una multiplicación sencilla: se resta el área libre, se multiplica por el número de niveles y eso da la cantidad de metros cuadrados que pueden edificar; entonces se construye cuando menos el triple de ese coeficiente de uso: dos terceras partes de la intensidad la trajeron de otra zona de la ciudad.
“No digo que sea ilegal. Probablemente sean legales, pero no necesariamente legítimas, porque deberían quedar balanceadas en cargas de servicio.”
–¿Hay medidas que revelan un problema en esa edificación?
–Sí, se les pidieron medidas de mitigación importantes que hacen ver que los servicios de la zona no son suficientes, como hacer un pozo de agua, porque su dotación no es suficiente para cubrir la demanda de 616 viviendas. Un estudio de desfogue del vertiente de agua de lluvias que indica –de nuevo- que el drenaje de la zona no es suficiente, no se está cumpliendo con el principio de subutilización que le da pertinencia a ese crecimiento de niveles, y eso sucede en toda la ciudad, y desafortunadamente en unas zonas más dramáticamente que en otras.
El arquitecto, en su cubículo de la facultad, explicó que una “densidad tope” es de 600 habitantes por hectárea, aunque hay autores que catalogan que mil habitantes por hectárea pueden ser adecuados. Pero en el caso de Be Grand la densidad es de 3 mil 500 habitantes por hectárea, por lo menos tres veces más los números considerados como óptimos.
“La declaratoria de UNESCO señala que la zona donde se está construyendo es zona de amortiguamiento, por la cual el edificio no debería pasar de cierto número de niveles, pero esto entra en contradicción con el plan delegacional, que jamás tomó en cuenta esta restricción. Ellos siguieron los caminos normales consiguiendo la autorización a través de este impacto urbano y actuación de estas herramientas, tanto el polígono de actuación como la transferencia de potencialidad, y lograron lo que están haciendo hasta hoy.”
(Las construcciones de Be Grand se caracterizan por tener un alto número de departamentos en una sola edificación, tal es el caso de las sedes en Reforma, Alto Polanco, Contadero, Coapa, Alto Pedregal, Park Bosques, y Universidad no sería la excepción, de acuerdo al sitio (https://begrand.mx).
–¿Este tema responde al cuestionamiento sobre la planeación de la ciudad?
–Creo que la ciudad debe tener desarrollo, aquí habitamos y requiere motores de crecimiento, y la construcción es un motor urbano que requiere más escuelas, hospitales, acciones de transporte. Pero el reto es cómo hacerlo equilibradamente sin demeritar variantes de calidad de vida que ya existen. El claro ejemplo es el Patrimonio Mundial de Ciudad Universitaria, ¿por qué demeritarlo? Más la calidad de vida de los vecinos, que van a tener problemas, los futuros pobladores de este desarrollo van a sufrir en algún momento las consecuencias.
–Hay un clamor general por parte de los habitantes de la Ciudad de México de que este gobierno que va de salida ha sido tremendo en términos de desarrollos inmobiliarios.
–Sí, hay indicadores de excesos en muchos aspectos y tienen que ver en relación con el jefe de gobierno, Miguel Ángel Mancera, quien en el pasado fue asesor jurídico de varias inmobiliarias, lo que no es pecado, pero sin duda había un vínculo que se consolidó en su administración, y el primer síntoma fue el nombramiento de Simón Neumann al frente de la Secretaría de Desarrollo y Vivienda.
–¿Por qué?
–Porque era desarrollador inmobiliario, y dejar la cartera de la planeación urbana en manos de un actor que tenía interés directo, fue como poner la Iglesia en manos de Lutero. Hubo inconformidades y salió, pero se vio ese vínculo. Mezclar el desarrollo urbano con la posibilidad de decisiones en la iniciativa privada se complica, es un asunto de intereses.
–¿Ha intervenido el factor corrupción?
–No tengo elementos para señalar, uno escucha, sabe o se pregunta cómo sucedió tal o cual acción. Hemos visto ejemplos de corrupción, hay una percepción de corrupción en el medio y mucho de esto tiene que ver con el hecho de que se ha perdido la consulta pública y participación ciudadana y otra, es que es muy difícil tener acceso a transparencia.
“Recientemente hubo cuestionamientos al desarrollo en tiempos de Andrés Manuel López Obrador por el Puente de los Poetas, el segundo piso del Periférico; con Marcelo Ebrard fue la Super Vía; y ahora con Mancera temas como el caso del parque La Mexicana, que tuvo una participación público-privada bajo un esquema de actuación por cooperación, ex profeso para este polígono.”
–¿Cómo puede la Ciudad de México encontrar un equilibrio?
–Con estudios profundos sobre las condiciones del territorio, hay zonas que ya no son viables o son susceptibles de crecer, tener diagnósticos certeros, y de ahí las variables son muchas, no sólo los servicios, el factor de riesgo –el atlas de riesgo no había sido publicado hasta en tiempos recientes y de manera incompleta–, revisar dónde es viable poner ciertas alturas, hasta dónde es posible acrecentar las cargas al subsuelo, y muchos otros, no sólo el sísmico, hay riesgos hidrológicos, redes subterráneas de combustibles, condiciones de densidad hay muchísimos, más la participación ciudadana y la transparencia.
–Mucha gente piensa que la ciudad ya no puede crecer o ya no debería…
–Las soluciones de un solo sentido casi siempre son equivocadas. Deben ser multifactoriales y de muchas variables, debemos buscar una descentralización, fortalecer el crecimiento de ciudades medias. Las ciudades, con todas las bondades que ofrecen, sí pueden y deben seguir creciendo. Desde mi punto de vista en unas zonas a través de un crecimiento de micro-densificaciones, en otras se podrá duplicar o triplicar la densidad, y habrá otras más donde ya no es posible. Se trata de buscar un balance, que ciertamente puede ser difícil.








