Canal Once produce una revista de divulgación de temas científicos denominada Factor Ciencia. El título no corresponde a una novedad, con el mismo nombre se hacía un programa sobre desarrollos probados en 2013 (Proceso, agosto 4 de 2013). La serie ha cambiado radicalmente desde entonces.
Llama la atención el giro adoptado en las versiones elaboradas en 2017 y 2018. Dejó atrás la difusión de innovaciones tecnológicas de frívola aplicación, así como la publicidad encubierta. El año de colaboración con Alemania le permitió obtener materiales elaborados en el ámbito académico. Puso el énfasis en la nacional. Se agilizó.
En la nueva hechura, varias virtudes lo llevan a destacar en un panorama televisivo poco dado a apartarse del entretenimiento. Entre otras se cuenta su capacidad para abordar gran diversidad de asuntos con una mirada profunda. Es de subrayarse, así mismo, la riqueza visual desplegada en la pantalla.
Engarzadas bajo una edición dinámica, algunas de las imágenes presentadas en la serie, para el asombro y deleite de los espectadores, son: el retrato del fondo marino con su cauda de peces, moluscos, plancton; las islas Revillagigedo como reserva de especies endémicas de plantas y animales; formaciones rocosas al lado de cascadas en Hidalgo; colecciones de hongos, organismos que no son plantas ni animales; las vistas enviadas desde artefactos sofisticados lanzados al espacio con el fin de recoger muestras de suelo, averiguar si existe agua líquida y ensayar estaciones en planetas de la galaxia solar.
En su formato de documental caben las entrevistas con expertos, las explicaciones de los encargados de áreas naturales protegidas, la participación del conductor y la voz fuera de cuadro. Los descubrimientos científicos suelen ser difíciles de comprender para los legos, sin embargo este nuevo Factor Ciencia procura hacerlos accesibles a todos, mediante insertos de imágenes obtenidas por los propios investigadores en su laboratorio o bien en los telescopios que les permiten otear el universo. Ambas resultan especialmente atractivas, abren un mundo de otro modo inaccesible.
El énfasis se pone en el trabajo de los mexicanos, aunque vivan en el extranjero. Es sorprendente la cantidad de investigadores que trabajan en las más importantes instituciones científicas de Europa y Estados Unidos. También se privilegian los hallazgos producidos en el medio politécnico. No obstante, los institutos y centros de la UNAM y de otras universidades públicas aportan conocimientos que aparecen explicitados en el programa.
Este distinto Factor Ciencia quizá merecería otro título para deslindarse de un formato anterior poco afortunado.








