Restaurar al Arcángel San Miguel, “deuda con la ciudad”

Se bajó en 2012 para restaurarse… pero este tampoco será su año.

La escultura del Arcángel San Miguel –y que mucha gente confundía con la figura del conquistador Hernán Cortés–, remate de la cúpula del Templo de Jesús Nazareno en el Centro Histórico –excepcional talla de madera del siglo XVIII–, seguirá sin ser restaurada por falta de presupuesto.

Raúl Delgado, director general de Sitios y Monumentos del Patrimonio Cultural de la Secretaría de Cultura, expresó a Proceso:

“Estamos en deuda con la ciudad…”.

Y tras explicar que han faltado recursos para hacer con hondura una investigación y asociarla a un proyecto, completó:

“En cualquier intervención realizamos una investigación lo más extensa posible,  gráfica, religiosa, o hasta cinematográfica. La idea es dejar constancia de tal manera que podamos hacer una réplica de la escultura (lo cual se sometería a un colegiado), ponerle las alas… Lo que se tiene hasta hoy es una parte de la estructura que sostenía las alas, incluso hay dibujos hipotéticos.”

“¿Se podrá restaurar este año?”, fue la pregunta inicial.

“Este año no… está dentro de nuestras prioridades pero dentro de ellas hay emergencias, hoy vemos con los sismos de septiembre pasado todas las obras que tenían debilidades, muchas de ellas de origen como el Templo de los Ángeles que quizá es el más dañado. Inició como una capilla de visita para resguardar Nuestra Señora de los Ángeles, tenía un techo liviano, y a principios del siglo XIX se le hicieron las bóvedas y luego una gran cúpula, pero nunca modificaron la cimentación.”

Tras comentar que en estos días están atendiendo una limpieza especializada de las puertas frontales de la Catedral Metropolitana, concluyó sobre el tema del arcángel:

“Es una piedra en el zapato, y como ésta hay muchas otras. Por un lado a veces nos sentimos frustrados, y por el otro hay compensaciones ante los retos y complejidades.”

La escultura, que se bajó hace seis años de la torre  como parte de los trabajos de conservación de la dirección de Obras de Restauración de Sitios y Monumentos Históricos del Patrimonio Cultural del entonces Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta), mide 1.88 metros de alto y 1.16 metros de ancho –contando la varilla transversal que se piensa sujetaba las alas–. Está hecha de madera de cedro rojo, recubierta de plomo y un refuerzo central de hierro forjado, que en conjunto representa de manera artística al capitán de las milicias celestes.

Es en sí misma una pieza única, pues no se tiene registro de otra así como remate en templos o iglesias.

Como reportó Proceso en 2014 (no. 1943), la figura, vista desde el suelo, parecía una silueta humana debido a la pérdida de las alas y horizontalidad de la varilla que las sostenía… Pero no es la figura de Hernán Cortés, como popularmente se creía, al asociarla con el hecho de que el conquistador ordenó la construcción del Templo y el Hospital de Jesús, este último el primero de América.

Es el Arcángel San Miguel, refirió entonces a este semanario Eduardo Báez Macías, investigador del Instituto de Investigaciones Estéticas (IIE) de la Universidad Nacional Autónoma de México, y autor del libro El edificio del Hospital de Jesús, editado en 1982 y reeditado en 2010:

“No es Hernán Cortes ni figura humana como tal, hay varias razones para pensar que la figura es un arcángel. La primera data de un plano del hospital del siglo XIX donde se ve muy bien dibujada la figura alada, y también un inventario de la iglesia donde se confirma que tiene una ‘escultura del señor San Miguel’, y fue colocada entre 1720 y 1760, ya que hasta 1720 no estaba terminada la torre.

“Esto último como referencia coincide con que sea el arcángel San Miguel porque antes solía colocarse en lugares altos para que protegiera a las comunidades contra los demonios, por eso también está armado, en el caso de la torre se le cayeron las alas y brazos.”

En ese 2014, Julio Valencia, quien ostentaba el cargo de director de Obras de Restauración de Sitios y Monumentos Históricos del Conaculta, explicó que la escultura, tras someterse a una limpieza con productos especiales, sería restaurada y replicada para poder resguardar la original.

En 2016 el mismo Raúl Delgado explicó a Proceso (no. 2066) que la pieza se había estabilizado y certificaba, mediante copia de un documento, el diagnóstico de especialistas dependientes del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH),  y de Sitios y Monumentos Históricos del Patrimonio Cultural, que la técnica de manufactura histórica databa de más de 300 años de antigüedad, y que en 1911 se descendió del «cupulín» de la torre para proveerle labores de mantenimiento y conservación.

El diagnóstico mostró que  presentaba deterioros físicos (pérdida de elementos de madera, hierro, plomo y su policromía), químicos (por las acciones del intemperismo debidos a las radiaciones solares ultravioletas e infrarrojas, más la exposición permanente a cambios extremadamente bruscos de humedad y temperatura), y biológicos (presencia de hongos y ataques de parásitos xilófagos).

Ahora Delgado entregó a este semanario copia de una documento enviado con fecha del 24 de enero de este año, a la coordinadora nacional de Conservación del Patrimonio Cultural  del INAH, Liliana Giorgiuli Chávez, donde básicamente le solicitó apoyo a para restaurar la escultura.

También se envió a este semanario una tarjeta informativa a raíz de una visita técnica que data de junio de 2015, donde se da cuenta del estado del arcángel:

“…en la actualidad le faltan los brazos, sus alas y en algunas partes del rostro, como son en la mandíbula derecha, parte izquierda de la nariz, el pecho, abdomen, espalda, la faldilla, así como en parte del tobillo y pie derecho, la lámina ha sufrido desgaste.”

Así como la ubicación, hasta entonces, al interior del Templo de Jesús Nazareno: primero, situado en un nicho del muro sur del brazo derecho del crucero, y posteriormente en la visita del 18 de junio de 2015 dentro del bautisterio (planta baja de la torre campanario), a un lado de la escultura del Apóstol Santiago Matamoros y área destinada como bodega de esculturas que se encuentra a puerta cerrada.

La pieza, que ha protegido por siglos el templo, el hospital, la Ciudad de México
–en el siglo XVIII la torre del Templo de Jesús junto a las torres de la Catedral Metropolitana eran las edificaciones más altas de esta metrópoli–, depende del presupuesto cultural para erguirse una vez más.