El gobierno del primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, decidió combatir a los activistas del BDS, el movimiento que promueve un boicot comercial, la retirada de inversiones y la imposición de sanciones contra Israel, a resultas de su ocupación de Palestina.
El 6 de marzo de 2017 aprobó la Enmienda 27 a la Ley de Ingreso, con lo que prohíbe la admisión de cualquiera que haya realizado un “llamado público” a boicotear a Israel o a sus colonias en territorio palestino. Y el pasado domingo 7 publicó una lista de 20 organizaciones civiles de todo el mundo que participan en el movimiento BDS y cuyos líderes serán rechazados si intentan entrar a Israel.
Tales anuncios elevaron el debate acerca del BDS y sus objetivos y han sido acompañados por acciones y reacciones en distintos países. Algunos esperan que esto conduzca al descrédito del movimiento y a su lenta agonía; otros, en cambio, confían en que le dará el impulso que necesita para crecer, ser aceptado y emular la gesta sobre la que está inspirado: la del Movimiento Antiapartheid que derribó al régimen racista de Sudáfrica.
Mística insurgente
La Organización para la Liberación de Palestina está en una encrucijada:
Después de que Donald Trump ordenó el traslado de la embajada estadunidense en Israel a Jerusalén, rompiendo con resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU y con 70 años de política exterior de su propio país, el Consejo Central de la OLP celebró una plenaria el domingo 14 y el lunes 15, en la que admitió que el “proceso de paz” iniciado hace 25 años con los Acuerdos de Oslo, sólo produjo un retroceso de la causa de Palestina y un crecimiento de la presencia israelí en esa nación (en ese periodo el número de colonos pasó de 200 mil a 800 mil); declaró que Washington no es un mediador neutral y que ya no lo aceptará como tal; y pidió al Consejo Nacional Palestino (la instancia superior que deberá tomar la resolución definitiva) retirar el reconocimiento al Estado de Israel.
La decisión que tome la OLP será un carácter existencial: si desconoce a Israel y anula los Acuerdos de Oslo, eliminaría también la base legal que le dio origen y sustento a la Autoridad Nacional Palestina y, llevaría a su disolución.
Además provocaría el fin de la cooperación con Israel en temas de seguridad, por lo que Netanyahu tendría que ordenar la ocupación militar y administrativa de las ciudades palestinas y volvería a convertir a la OLP en una entidad semiclandestina.
Sin embargo, en el momento actual, si bien el pueblo palestino puede parecer falto de opciones políticas, no lo está de una mística heroica inspirada en grandes movimientos de liberación: Ahed Tamimi, una adolescente, se volvió un símbolo de la resistencia nacional. El pasado 19 de diciembre fue arrestada tras aparecer en un video abofeteando a un soldado israelí, después de que su primo de 14 años fuera herido. A sus 16 años recibe el trato de una peligrosa enemiga del Estado de Israel, cuyos jueces la mantienen a ella y a su madre bajo arresto, con 12 cargos en su contra.
Marwan Barghouti, condenado a cinco cadenas perpetuas por una Corte israelí, es presentado como el “Nelson Mandela” de su gente. La situación de los palestinos en Cisjordania y Gaza es descrita como un equivalente del sistema sudafricano del apartheid, que encerró a los negros –90% de la población– en 10 supuestas naciones independientes, los bantustanes, para tratarlos como extranjeros en su propio país y justificar su discriminación.
El BDS fue fundado el 9 de julio de 2005 siguiendo el modelo del Movimiento Antiapartheid, justo al cumplirse un año de que la Corte Internacional de Justicia de La Haya emitió una “opinión consultiva” (sin fuerza legal) que declaró que la barrera que Israel construía para separar a israelíes de palestinos, y que a su vez es llamada “muro del apartheid”, era violatoria de la ley internacional.
Ofensiva general
El BDS tiene tres objetivos específicos: que termine la ocupación y colonización israelí de los territorios árabes, que se demuela el muro, que se reconozcan los derechos de los ciudadanos israelíes de origen palestino y que se respete el derecho de los refugiados palestinos y sus herederos de regresar a las casas de donde fueron expulsados tras la guerra de 1948.
Las tácticas del BDS lo llevan a la confrontación directa con Israel: realizar acciones para que los consumidores boicoteen los productos y servicios israelíes; individualizar los productos originarios de las colonias judías en territorios palestinos, para que los compradores los detecten y rechacen; hostigar a empresas que tienen inversiones en Israel para que las retiren o para que dejen de hacer negocios con el ejército israelí; y promover la adopción de sanciones comerciales contra Israel.
Las medidas contra el BDS forman parte de una ofensiva general del gobierno israelí, que ha incluido acoso judicial contra organizaciones israelíes de derechos humanos, como Shovrim Shtika (Rompiendo el Silencio) y B’Tselem (En la imagen de Dios), además de prohibir que reciban apoyo financiero desde otros países.
Y a escala internacional la disputa se ha calentado. En Estados Unidos, por ejemplo, 20 estados han aprobado leyes contra el BDS. El sábado 13, Nueva Jersey canceló sus inversiones en el Danske Bank, el mayor de Dinamarca, porque tiene en su lista negra dos compañías israelíes, Aryt Industries y Elbit Systems, pese a que el banco explicó que no las excluía por israelíes sino porque son fabricantes de armamento que venden a países violadores de derechos humanos.
En contraste, dos días antes, el ayuntamiento de Nueva Orleans adoptó una resolución impulsada por el BDS: la de no invertir ni celebrar contratos con compañías cuyas prácticas violen los derechos humanos.
En Sudáfrica, el gobernante Congreso Nacional Africano declaró el jueves 11 que la iniciativa israelí contra el BDS “es un ataque contra todos los sudafricanos”, una postura descalificada por la Mesa de Representantes Judíos de ese país, que la describió como “una irónica inversión de la realidad”, y calificó al BDS de “antisemita”.








