Prólogo a “Horas y deshoras”, de Miguel Ángel Flores

Resultó inesperada la noticia del fallecimiento del poeta Miguel Ángel Flores, si bien en diciembre estuvo varios días hospitalizado. Nacido en 1948, su deceso ocurrió el pasado jueves 18. Premio Nacional de Periodismo 1980 con el libro Contrasuberna, fue además ensayista, traductor, catedrático y periodista. En Proceso colaboró entre 1981 y 2013. Reunió sus materiales, mayoritariamente compuesto por los publicados aquí, en el volumen Horas y deshoras, editado en la Colección Periodismo Cultural del Conaculta, con prólogo de nuestra colega, que se reproduce aquí.

Para el ejercicio del periodismo se requieren las horas del día. Aquellas cuando el reportero se encuentra con los personajes de sus entrevistas o asiste a los actos donde encuentra la materia de sus notas. Pero también de las deshoras, cuando entre los libros y las fuentes escritas se hurga en busca de los datos más precisos o se indaga preparando el terreno para las conversaciones. Y, finalmente, cuando de frente al teclado se batalla a solas, y generalmente contra el tiempo, para que los largos diálogos o la abundancia de información y datos se ajusten a las casi siempre pocas cuartillas.

Por ello, no se equivoca Miguel Ángel Flores al darle el título de Horas y deshoras a este libro en el cual reúne una variedad de entrevistas, crónicas, ensayos, reseñas y reportajes, publicados fundamentalmente en el semanario Proceso, aunque ha desarrollado su labor periodística en otros medios como Casa del Tiempo, La Cultura de México, La Gaceta del Fondo de Cultura Económica y Revista Universidad de México, entre otros.

Más de medio centenar de textos integran este volumen dividido en cuatro apartados: “Conversaciones y variaciones”, “En el espejo de los días”, “Sepan cuántos” y “…Está en los libros”. Cada uno de los subtítulos anticipa el contenido del capítulo.

Las entrevistas en las cuales desentraña a varios personajes están en el primero, que es el más amplio. Desfilan aquí el poeta estadounidense, representativo de la generación beat Allen Ginsberg, el especialista John Bruswood, Sergio Galindo, Carlos Castaneda, el fotógrafo Lutfi Ozkok, quien revela cómo logró la difícil tarea de fotografiar a Samuel Becket, Leopoldo López Velarde, hermano del poeta zacatecano, el pintor Vlady y una docena más.

El reflejo de la realidad de determinados momentos, coyunturas o temas pertinentes cabe en el segundo apartado, “En el espejo de los días” donde el autor desglosa temas como la fusión de las editoriales Planeta y Joaquín Mortiz, que cambió de rostro al proyecto de Joaquín Díez-Canedo; un balance de 50 años del Palacio de Bellas Artes; la revisión de la obra del escritor venezolano Rómulo Gallegos; o la descripción de, en su momento polémico, Proyecto Tajín.

“Sepan cuantos” evoca el título dado por Alfonso Reyes a la famosa colección editorial realizada por Porrúa Hermanos. Como la serie, este capítulo es finito pero se antoja suficientemente abarcador pues incluye autores de ambos lados del mundo: Lo mismo al ruso Andrei Voznesenski, con motivo de su participación en el Festival Internacional de Poesía de Morelia, Michoacán, que a Ezra Pound en sus contradicciones ideológicas; a Vaclav Havel, tras su muerte, que a José Emilio Pacheco al ingresar a El Colegio Nacional. Y aquí justo alcanza a publicar una semblanza de Carlos Fuentes quien falleció en mayo de 2012.

El propio Miguel Ángel Flores relata que tomó el subtítulo “…Está en los libros” de una frase que pronunciaba Francisco Zendejas en su programa nocturno en Radio UNAM. El capítulo está dedicado ciertamente a los libros, a las reseñas que el autor hace de distintos títulos.

Además de la clasificación que los apartados le dan a esta antología, los textos se presentan en orden cronológico y abarcan un periodo que va de 1981 al 2012. Cierra, en cuanto a fechas, justo con el obituario de Fuentes, publicado por Flores en Casa del Tiempo en julio pasado. Aunque el libro culmina con un texto sobre el Nobel Mario Vargas Llosa.

El orden no obliga a una lectura secuenciada. La variedad de temas, personajes y el hecho de que sean en su mayoría escritos muy breves, permite saltar de uno a otro sin perder ilación.

Y si bien el quehacer periodístico es el testimonio de un aquí y ahora, y la materia noticiosa es flor de un día que pierde frescura casi en la misma jornada en la que está siendo publicada, los textos aquí reunidos no se antojan antiguos. Aun los primeros, escritos hace ya treinta años, conservan su carácter de testimonio. En su momento debió asombrar a no pocos que Miguel Ángel Flores revelara la negativa de Jaime Torres Bodet a brindar asilo político a Pablo Neruda, pero hoy sin duda sigue siendo una historia sorprendente, como lo será para algunos saber del pasado cristero que quiso borrar el hombre de Estado y personaje público en el que se convirtió después el escritor Agustín Yáñez, quien ocupó la Secretaría de Educación Pública.

Así parecen irse tejiendo de nueva cuenta varias historias que el escritor, ensayista, poeta y con estudios de economía en el Instituto Politécnico Nacional, fue construyendo con trabajo de investigación, con “olfato” y con mucha “talacha”, como se dice en el argot periodístico. Como poeta, demuestra su habilidad en el manejo del lenguaje al recrear atmósferas y momentos, pero nunca en detrimento de la información y los datos duros. No hay ninguna nota que sea sólo juego de palabras o creación de imágenes sin tener el elemento principal que es la información. Miguel Ángel interroga, escucha, insiste en las preguntas pertinentes, o impertinentes, según sea el caso, para lograr desentrañar lo que busca.

Le pregunta a Carlos Castaneda si es verdad que Don Juan no existe y es una construcción literaria suya. El antropólogo y escritor se defiende acusando que esas son preguntas de periodistas que no han leído su obra. Pero Flores insiste, no necesita consignar los libros que ha leído previo o posteriormente a sus entrevistas, están ahí presentes. Se hace evidente que no acude a los entrevistados a escuchar pasivo, sostiene diálogos de tu a tu con muchos de ellos.

Y si bien, en tanto que él mismo ha tenido una trayectoria como ensayista y escritor, los temas literarios y las entrevistas con escritores están presentes en mayor proporción, se encuentran también escritos sobre arte, patrimonio cultural, historia o política. La realidad que le rodea es su principal materia prima y por ello se encuentran notas vinculadas a su paso por Praga, en donde dio clases en la Escuela de Economía de esa ciudad, así como otras ciudades.

El libro es, en suma, no sólo una antología del trabajo periodístico y literario de Miguel Ángel Flores sino también parte de la historia del país y del mundo.