PARÍS/CDMX.- Basta oír a Ishtar Yasin contando la historia novelesca de sus antepasados para entender que andar de nómada por el mundo está inscrito en su código genético. Y dedicar su vida al arte, también.
No resulta simple entrevistar a la talentosa cineasta costarricense que, divertida, se reivindica a la vez como “iraquí, chilena,,rusa con un toque soviético y cada vez más mexicana”.
Se concertaron dos citas, una en París mientras estaba puliendo el sonido y el color de Dos Fridas en un laboratorio galo especializado. Otra, cinco meses más tarde en la Ciudad de Mexico donde la realizadora organizó una proyección privada de su película.
“Sangre sumeria corre en mis venas”, confía fascinada por ese lazo íntimo con la civilizacion más antigua del mundo que florecio en Mesopotamia 3300 años antes de Cristo.
La entrevista se realiza en la terraza de un café parisino, cerca de la Plaza de la Bastilla. Llueve a cántaros, pero París y su diluvio se desvanecen apenas Ishtar empieza a hablar. Surgen y se mezclan épocas, lugares y personajes: el Medio Oriente de hoy y el de antaño; la Unión Soviética; el Chile efervesciente de la Unidad Popular; una islita perdida de las Azores; las sombras de Pinochet y de Saddam Husein; los fantasmas de Pablo Neruda y Gabriela Mistral…
* * *
Mohsen Sadoon Yasin, el padre de la cineasta, nacio en 1932 en Al-Hay, una ciudad de la provincia de Al-Wasit situada en el sureste de Irak. Junto con su familia, siendo un niño de cinco años, emigró a Bagdad.
El origen del nombre Al-Wasit sigue siendo tema de debates entre historiadores. Unos afirman que significa “en el medio“, referencia al río Éufrates. Otros pretenden que lleva el nombre del pintor Al-Wasit, famoso por haber sido el primer artista sumerio en reproducir la figura humana.
“Mi tía paterna, Nawal Al Sadoon, artista plástica iraquí, hoy exiliada en Andalucía, defiende esa segunda hipótesis ¡y asegura además que somos descendientes del gran Al-Wasit! ¡Me encanta creerle!”, confiesa.
En 1963, después de sus estudios de actuación en el Instituto de Bellas Artes de Bagdad, su padre viajó becado a Moscú. Ese mismo año el partido Baas instigó al asesinato del general Abdul Karim Kasem, que había derrocado la monarquía e instaurado un régimen republicano en Irak. Siguieron cinco años de sangrientos enfrentamientos políticos en el país.
“Durante casi todo ese periodo mi padre se quedó en la URSS estudiando dirección de teatro en el famoso GITIS, Instituto de Teatro de Moscú. Fue allí donde encontró a mi madre, Elena Gutiérrez Nascimento, quien había estudiado en la Escuela Nacional de Danza de la Universidad de Chile, fundada por estudiantes del ballet de Kurt Jooss, con los grandes maestros Joan Turner, Sigurd Leeder y Patricio Bunster. Ella viajó a China a inicios de los años sesenta y estudió también danza folclórica y ballet clásico en la Escuela de Danza de Pekín. Luego en el Teatro Bolshoi, hasta ser estudiante de coreografía en el mismo Instituto GITIS”.
A pesar de la tensa situación que prevalecía en Irak, los padres de Ishtar viajaron a Bagdad para casarse en 1967.
“Tengo fotos de su boda. ¡Fue todo un acontecimiento! La información salió publicada en el periódico más importante de Irak con un titulo increible: “La novia de Chile, el novio de Irak”. Mi padre fue el primero de su linaje en casarse con una mujer extranjera. Mi madre, embarazada, regresó a Moscu en enero de 1968 para terminar sus estudios, y entonces vine al mundo, en la entonces Union Soviética”, precisa.
Continúa:
“Nací en junio, y un mes después el Baas tomó el poder en Irak. Saddam Husein se desempeñó como vicepresidente y no tardó en imponerse en el escenario político del país. Mi padre se había quedado en Bagdad para montar una obra de teatro, pero de inmediato se topó con la censura del nuevo régimen”.
Mohsen Sadoon Yasin entendió que le iba a ser imposible trabajar libremente en su país.
“¡A mi padre le tocó vivir cuarenta y seis años de exilio! Esa situación acabó por desgarrarlo”, deplora Ishtar antes de empezar a contar la historia de su familia materna.
* * *
Elena Gutiérrez, quien radica hoy en Costa Rica, fue por muchos años maestra en la Escuela de Danza de la Universidad Nacional, aunque su principal vocación fue la coreografía; montó alrededor de 40 obras en varios países de América Latina, además de fundar la Compañía Nacional de Danza de Costa Rica.
Es hija de Joaquín Gutiérrez Mangel, considerado como el poeta moderno más importante de la nación centomericana. En 1939 él tenía todo listo para irse a vivir a Francia, pero la Segunda Guerra Mundial frustró sus planes. El joven intelectual, que acababa de cumplir 21 años, probó entonces suerte en Chile y se instaló en Santiago. En 1941 se casó con Elena George Nascimento Márquez, una muchacha muy culta que estudiaba al mismo tiempo derecho y economía, y que se enorgullecía de sus raíces “mapuches y portuguesas”, recalca Ishtar.
“Mi bisabuelo, Manuel Carlos George Nascimento, era un azoriano atrevido, oriundo de la minúscula isla de Corvo, quien emigró a Chile en 1905 –acota–. Se casó con mi bisabuela Rosa Elena Márquez, ella pertenecía a la Sociedad La Ilustración de la Mujer, de la Confederación Obrera de Concepción.
“Después de doce años de dura labor recibió en herencia de un tío una pequeña librería que no tardó en ampliar creando además una editorial –la Editorial Nascimento–, que ocupa un lugar muy especial en la historia de la vida cultural de Chile. Fue mi bisabuelo quien publicó los primeros libros de dos jovenes poetas entonces desconocidos, Pablo Neruda y Gabriela Mistral. Muchos lectores e intelectuales chilenos se sintieron un poco huérfanos cuando la Editorial Nascimento cerró sus puertas en 1987.”
En 2015 el realizador portugués José Medeiros plasmó la vida de don Manuel Carlos George Nascimento en una película-homenaje, simplemente titulada O livreiro de Santiago.
En 1941, la corriente pasó en seguida entre Gutiérrez Mangel y su suegro. Ademas de literato, el muy inquieto costarricense era un comunista convencido y un “periodista comprometido”. Reportero en la Unión Soviética, y en Vietnam –donde entrevistó al líder revolucionario Ho Chi Minh–. Tejió a su vez lazos de amistad con Neruda y Salvador Allende, y apoyó con entusiasmo la Unidad Popular.
”En 1968, cuando mis padres llegaron a vivir a Chile, Santiago era una ciudad con una vida cultural muy interesante en la que ambos participaron activamente. Mi padre en teatro, como director y maestro en la Escuela de Teatro de la Universidad de Chile, mi madre como bailarina y coreógrafa en el Ballet Nacional Chileno, y en el Ballet Popular que dirigía Joan Turner, la esposa de Víctor Jara. Pero gran parte de mi familia materna –abuelos, tíos, primos– tuvo que salir precipitadamente a raíz del golpe militar de Pinochet. Yo tenía cinco años y aún recuerdo escenas de ese exilio.”
* * *
Los padres de Ishtar vivían separados. Mohsen Sadoon Yasin se fue a Ecuador, donde montó varias obras teatrales, y dos años después alcanzó al resto de la familia, que se había refugiado en Costa Rica.
“Para mi padre fue un trauma vivir ese segundo exilio. Ya presentía que nunca iba a poder volver a Irak. Perder a Chile, donde había empezado a echar raíces, fue duro. Después de su estancia en Ecuador pasó de un pais de exilio a otro. Radicó por temporadas en Costa Rica, volvió a Moscú, vivió en Kuwait, en Dinamarca, y finalmente en Gran Bretaña. Murió en Londres en el 2014.”
Ishtar recuerda haberlo visitado en Dinamarca, a finales de 1990, tras la invasión de Kuwait por las tropas de Saddam Husein.
“Justo en esas fechas murió su madre, mi abuela Sukaine –confia–.
“Luego Bush desató la guerra de Irak. Pasamos días pegados a la pantalla de la televisión viendo las imágenes de los bombardeos a Bagdad. A mi padre se le paralizó el brazo izquierdo y un poco más tarde sufrió un ataque cardiaco y una operación de corazón abierto… Él presentía que esta guerra se iba a extender por muchos años…”
Después de un breve silencio, la cineasta cuenta que está acabando una cinta sobre la vida “tan tremendamente caótica” de su padre. Cambia su voz cuando habla de el, “un hombre muy talentoso que acabó hundido en la tristeza ante la dolorosa realidad de su país perdido, Irak” :
“Esa pelicula es parte de una trilogia sobre mi familia, es como un diario íntimo con imágenes y grabaciones que he recopilado a lo largo de los años. En la película sobre mi madre habrá muchas imágenes de sus coreografías, ella escribió también un hermoso libro de poemas llamado La caja negra, y también voy a incluir esos versos leídos por ella misma.
Reconoce en tono de autodesicion :
“La última película es la mía, que hasta la fecha no deja de asombrarme.”
Y agrega:
“Estuve tan metida en la realización de Dos Fridas, que dejé de lado estas tres peliculas. Sólo ahora puedo retomar el hilo de la memoria familiar.”
En 1985 Ishtar Yasin tenía escasos 17 años cuando decidió caminar tras las huellas de sus padres. Salió para la Unión Soviética, donde se inscribió en el famoso VGIK, Instituto Nacional de Cinematografía de Moscú, del cual egresó en 1990 con una maestria en artes y una especializacion en técnicas actorales para cine y teatro.
En esos años de estudio actuó. Recuerda con particular agrado su papel estelar en el largometraje Luna llena, de la realizadora rusa Nana Chankova, filmado en Alma Ata, capital de la entonces República Socialista Soviética de Kasajastán.
En 1990 se trasladó a Georgia, donde pasó un año con su compañero y su hija, pero la guerra civil que empezo a sacudir ese pequeno país del Cáucaso interrumpió sus actividades cinematográficas. Se mudó entonces para Argentina, donde fundó en 1992 una compañía de teatro independiente, Teatro Ämbar. Retornó a Costa Rica con su hija y escribió varias obras con temas tan diversos como la identidad femenina a traves de la historia, la violencia doméstica, la vida y la obra de la artista cubana Ana Mendieta, y la vida de Frida Kahlo.
Con estas obras, que Ishtar Yasin produjo y actuó, el Teatro Ámbar recorrio varios países de America del Sur, America Central, México, y luego Estados Unidos y Dinamarca.
En 1998 se lanzó de lleno al cine y creó su propia productora de audiovisuales, Astarté Producciones, y realizó uno tras otro varios cortometrajes, uno de ellos Florencia de los rios hondos y los tiburones grandes, seleccionado en festivales latinoamericanos y europeos.
Finalmente, en el 2000, empezó a trabajar en su primer largometraje, El camino, que le costó ocho años de esfuerzos. El filme trata de la problemática de los migrantes clandestinos centroamericanos en una forma poética, a veces onírica, pero sin eludir la violencia de las situaciones que enfrentan.
El camino se estrenó en la competencia oficial del Festival Internacional de Cine de Berlín en 2008 y recibió una amplia difusión en festivales europeos, de Medio Oriente, Asia, America Latina y Estados Unidos.
Divertida, Ishtar Yasin informa que su documental se topó con la censura siria en 2009:
“Viajé a Damasco para presentarla, pero los organizadores me pidieron cortar una escena en la que se evoca la violación de la joven protagonista por su abuelo. ‘Escandalizadas’, las autoridades me dijeron: ‘Estas cosas no pasan en Siria. No la podemos exhibir’. Por supuesto rehusé obedecer y sacaron la película de la programación.”
Ishtar se “vengó” con una proyección privada muy concurrida en el taller de su tía Nawal Al Sadoon, exiliada en Siria, en la antigua Damasco
. También aprovechó su estadia en Siria para actuar en la cinta Esperando Bagdad, dirigida por Nawal.
“Filmamos en la ciudad más antigua del mundo, hoy muy golpeada por la guerra. Durante años pensamos haber extraviado estas imágenes que ahora tienen un gran valor. Acabo de encontrar parte de esa filmación y ya la integré al capítulo autobiografico de la trilogía que estoy acabando.”
Fue en 2011 que Ishtar Yasin echó realmente a andar el proyecto más ambicioso de su carrera, el de Dos Fridas, mudándose a México en 2012 para empaparse del mundo de la artista e investigar sobre el mítico México de la primera mitad del siglo XX.
“Necesitaba entender la relación de los mexicanos con la muerte, sus rituales y su forma de acercarse a ella, de representarla, de burlarse de ella. Realicé varios cortometrajes en Oaxaca sobre estos temas. Hice también un documental sobre Judith Ferreto que llamé Mi Judith. Así le decía Frida.”
Contó entonces con la importante colaboración artistica de una pintora y cineasta brasileña, Clara Albinati.
Parelamamente a sus actividades artísticas, Ishtar Yasin se desempeña como maestra de Realizacion Cinematografica y Dirección de Actores en el Escuela de Cine de la Universidad de la Comunicación, y sigue dando la vuelta al mundo como jurado en festivales de cine o para presentar sus películas.
Se ríe cuando se le pregunta si piensa quedarse en México. Pero echar raíces en alguna parte parece irremediablemente ajeno a su muy extraña herencia familiar.








