Ayotzinapa: crónica de un desollamiento

Julio César Mondragón es una de las víctimas del 26 de septiembre de 2014. Él no desapareció: la violencia no se limitó a su muerte sino que incluyó torturas y el desollamiento, brutalidad sin precedentes que no ha tenido esclarecimiento satisfactorio. Un libro testimonia su martirio y le devuelve dignidad humana: Procesos de la noche, de Diana del Ángel (Almadía, 2017).

Elegir uno de los 46 casos ha sido un acierto; se combinan los géneros de periodismo de investigación y el de “estudio de caso”. Sabemos que los servicios científicos de los órganos policiacos deben reconstruir “la escena del crimen”, mas en países como el nuestro eso debería suceder… aquí es donde llenan la laguna ciertos miembros de la sociedad civil. Del Ángel se zambulle en la historia del crimen contra Mondragón, lo haya perpetrado quien haya sido. El conciso volumen integra la dispersión de elementos, pistas y circunstancias esparcidos en distintos expedientes y también ha recabado testimonios de primera mano y todo tipo de datos pertinentes.

Diana del Ángel es universitaria (UNAM); prepara su tesis doctoral sobre tres poetas mexicanas y ha sido becaria de la Fundación de las Letras Mexicanas. Este es su primer libro de esa naturaleza. Los principales valores: la evidencia de un compromiso libremente elegido, con una entrega ejemplar; capacidad de sistematicidad y metodología (no basta la convicción por una causa: hay que saber luchar por ella), minuciosidad y voluntad de exhaustividad para armar el trágico rompecabezas, valor humano, por supuesto, para emprender tal misión.

Es la sociedad civil como contrapeso al deficiente aparato legal mexicano. Estamos acostumbrados a respetar y elogiar a los voluntarios que responden a causas colectivas (nuestros dos 19 de septiembre, por ejemplo); también esto es una evidencia de que hay voluntariados individuales sumamente provechosos para el conjunto social. Existe una frase de viejo cuño: la prensa como cuarto poder. Libros como éste, en lo que tiene de reportaje de investigación, la reivindican plenamente. Testimoniar y comunicar es un instrumento poderoso contra el pantano de ilegalidad que rodea a Ayotzinapa y sin el cual no hubiera acontecido ninguna muerte ni represión. Es decir: por un lado el desollamiento y la insuficiencia judicial y gubernamental para establecer los hechos, identificar culpables y condenarlos, y por el otro la reivindicación de la víctima cristalizada en este libro. Dicho de otra forma: ¿quién puede más en el barril, la manzana podrida o la saludable? ¿Por cuánto tiempo?

Lo más vívido del libro: su estrategia de escritura en dos registros; la base son los amplios apartados que narran las peripecias de la investigadora para comprender el caso Mondragón. La autora comparte detalles y circunstancias sobre su trayectoria, hace comparecer personas del orden civil y público que son parte de la maraña, tanto quienes auxilian al esclarecimiento como quienes se oponen o entorpecen. Lo cual queda contrapunteado por otro registro de escritura, un “Rostro” que reconstruye no el cuerpo sino la persona (afectos y convicciones) de la víctima. Bella revancha de la palabra contra la brutalidad. Y también da vida y no sólo nombre a todos aquellos con quienes la investigadora se topa. Todo mundo es alguien en esta crónica de un desollamiento. Quizás el libro podría llegar más lejos si también se ahondara en la construcción de su perfil público: ideas, militancia, ¿quién es Julio César Mondragón en tanto ser público?, pues sobre todo se le reconstruye como figura particular.

Lo más limitado: el pecado de subjetividad consistente en tomar partido (¿quién no lo haría?) es decir, frases y parrafadas que imparten calificativos y externan opiniones rotundas. Se comprende, por tratarse del primer ejercicio de la joven autora. Es el error de instituirse como juez y parte. Los investigadores sociales y los reporteros serios lo saben: nada hay más letal que exhibir y testimoniar; contra las evidencias no hay defensa. “Editorializar”, calificar, ironizar ofrecen un flaco favor al esfuerzo de documentación. La prensa y la investigación social tienen la clara función de construir el relato de los sucesos, tal es su virtud y utilidad. Sacar a luz lo sucedido en Ayotzinapa se volvió, de inmediato, parte de las exigencias para que México sea un país efectivamente democrático y su Estado sea legal y legítimo. Acaso se necesitan 46 Dianas del Ángel para que las sombras y el pantano se disipen.

Conozco a Diana del Ángel al margen de este libro. Soy el tutor de su tesis doctoral sobre las poetas Castellanos, Michelena, Ochoa. No sabía nada de este esfuerzo paralelo hasta que lo vi publicado. Estoy seguro que hay en ella una universitaria y ciudadana valiosa. Tendremos que seguir leyéndola y sabiendo sobre ella.