Señor director:
El presente escrito es con relación al reportaje Arquitectura mexicana, de nivel; frente a sismos, corrupción, publicado por los periodistas Armando Ponce y Niza Rivera, quienes entrevistaron al arquitecto Juan Gerardo Oliva Salinas para el número 2143 de este semanario.
Soy ingeniero civil, egresado de la Universidad Nacional Autónoma de México, y maestro en ciencias con especialidad en estructuras por el Instituto Politécnico Nacional (IPN). Me dedico al diseño estructural y, ocasionalmente, a la docencia en ingeniería civil.
Como testigo de los sismos del 19 y 20 de septiembre de 1985 y de los recientes ocurridos el 7 y 19 de septiembre, así como de sus consecuencias, quiero exponer lo siguiente:
Concuerdo con el arquitecto Oliva Salinas en que la corrupción ha predominado, pero esto no es novedad. Cuando yo era estudiante, el maestro Salvador Padilla Alonso, entonces decano de la sección de posgrado de ingeniería del IPN, plantel Zacatenco, señalaba que “la corrupción fue lo que derribó los edificios en los temblores del 85”.
Padilla Alonso fue uno de los peritos estructurales de los edificios de la Secretaría de Marina y de la Procuraduría General de la República que se cayeron, y sobre cuyos planos aseguraba que “misteriosamente desaparecieron” de los archivos del gobierno del Distrito Federal, documentos sin los cuales no se podía fincar responsabilidad alguna.
A partir de 1985 se ha aprendido sobre el comportamiento de los suelos del Valle de México y de los diferentes tipos de estructuras, lo que permitió actualizar el reglamento de construcciones del Distrito Federal y de sus normas técnicas complementarias.
En contraste, otras entidades federativas, como el Estado de México, prácticamente carecen de legislación consecuente, situación aprovechada por las constructoras de vivienda de interés social, apapachadas por autoridades federales y estatales, para obtener jugosas ganancias a costa de plagar de casas de pésima calidad, incluso, en zonas de riesgo y sin servicios.
Difiero de Oliva cuando señala que “(el arquitecto que egresa) debe salir con los conocimientos necesarios de cómo conseguir una estructura sismo-resistente sin hacer ningún cálculo estructural”. Es una sentencia de incompetencia. Es errónea la creencia del público en general y de los propios estudiantes de arquitectura sobre que su carrera los avala como expertos para revisar estructuras.
La mayoría de los programas de arquitectura implican sólo dos cursos de matemáticas (no más allá de cálculo diferencial e integral básico). En ingeniería se deben cubrir al menos seis cursos de matemáticas.
El arquitecto recién egresado en México no está capacitado para realizar diseño y, menos aún, la revisión estructural de un inmueble.
También se cae en el engaño creer y hacer creer que la ausencia de grietas en una edificación garantiza su seguridad estructural. Se debe realizar un análisis que implica, entre otras cosas, la modelación matemática de la edificación, para verificar sus estados límites de falla y de servicio. (Carta resumida)
Atentamente:
Francisco Javier Espino Rodríguez








