“A ver cómo reacciona” la sociedad

Enrique Peña Nieto le allanó el camino a José Antonio Meade –aun antes de que empezara la contienda interna para elegir representante del PRI de cara a 2018– al hablar de un “primer candidato presidencial ciudadano” en la historia del priismo.

Tres días antes de que se diera a conocer la renuncia de Meade a la Secretaría de Hacienda para anunciar su aspiración a la candidatura del PRI, el presidente llamó a una reunión en Los Pinos a la exgobernadora yucateca Ivonne Ortega, la única que había anunciado desde hacía tiempo que pelearía dicha representación.

Una semana después Ortega declinó inscribirse en el proceso interno y se reunió con Meade para manifestarle su apoyo, “basada en mi lealtad y mi amor al partido” y, sobre todo, dijo, “por respeto a los principios priistas y empoderar a los militantes y a los ciudadanos”.

El camino de Meade fue planchado por Peña Nieto con otras acciones, como la reunión privada con el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, donde le anunció que no sería el elegido. Fue el propio exgobernador de Hidalgo quien comentó esto a sus colaboradores más cercanos el 25 de noviembre.

Aunque Emilio Gamboa y Manlio Fabio Beltrones dijeron que no había ninguna operación “cicatriz”, el 29 de noviembre Meade y Osorio Chong comieron en un restaurante de la Ciudad de México, bajo la mirada de reporteros y fotógrafos que fueron avisados para registrar el encuentro. Lo mismo ocurrió al día siguiente, en otro restaurante, con Meade y el secretario de Turismo, Enrique de la Madrid, quien también había expresado su deseo por la candidatura.

Entrevistado por los medios el 30 de noviembre, luego de reunirse con los comités directivos estatales, Meade evitó hablar de asperezas dentro del PRI. “Nos estamos reuniendo como siempre. Tenemos muchos años trabajando juntos y todos los que participamos nos conocemos, nos queremos; les tengo a todos y cada uno de ellos mi agradecimiento, admiración, y estoy seguro de que su experiencia seguirá siendo valiosa para el país”, sostuvo.

Y en cuatro días el exsecretario de Hacienda reunió las firmas de apoyo de todos los sectores, la estructura territorial y la totalidad de los comités estatales para ser ungido candidato por la Comisión Política Permanente.

Pero como candidato en solitario, sin competencia interna, Meade no podría hacer uso de los recursos públicos ni de tiempo en los medios para difundir su precampaña. Así que en el PRI idearon una estrategia para utilizar los tiempos y recursos del partido para divulgar las reuniones de su candidato con la militancia en su gira nacional de proselitismo.

La popularidad de Meade está por debajo de las de otros aspirantes, como Ricardo Anaya y Andrés Manuel López Obrador. La estrategia del PRI es difundir su imagen destacando valores familiares, su preparación académica y su paso por las secretarías de Desarrollo Social, Relaciones Exteriores, Energía y Hacienda en los gobiernos de Felipe Calderón y de Peña Nieto. Pero sobre todo, que no es totalmente priista y no tiene manchas de corrupción, como los 22 gobernadores y funcionarios tricolores acusados de desvío de recursos y vínculos con el crimen organizado.

Desventajas y ventajas 

José Antonio Meade enfrenta algunos problemas graves.

El primero es la marca del partido que lo cobija, ya que ninguno como el PRI tiene más puntos negativos, según distintos estudios, como el de Mitofsky, que registra que la mitad de la población lo rechaza.

Otro es la imagen negativa de Enrique­ Peña Nieto, cuya popularidad entre la sociedad está por debajo de 30% por temas que se perfilan como definitorios en las campañas: la inseguridad, la corrupción y la impunidad.

El gobierno de Peña Nieto es severamente criticado por el fracaso de sus políticas contra la delincuencia organizada y la creciente espiral de violencia. El año 2017 ha sido especialmente grave para México: octubre se convirtió en el mes con más homicidios de las últimas dos décadas, según datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública.

Un problema más es la pobreza. El “Panorama Social 2014”, de la Cepal, señala que al comenzar el gobierno de Peña Nieto, la pobreza en México era de 37.1%; dos años después había aumentado a 42% en tanto que la indigencia también creció en 2.1 puntos en ese lapso y llegó a 16.3% en 2014.

Dulce María Sauri Riancho, expresidenta nacional del PRI, señala en entrevista que la desventaja fundamental de Meade es ser candidato del partido en el gobierno en un escenario nacional e internacional sumamente complejo, donde se han tenido que tomar medidas muy difíciles. La otra desventaja son las acusaciones de corrupción.

En cuanto a las ventajas destaca que el proceso interno de renovación partidista se dio en unidad, luego de escuchar las voces discordantes, para debatir y tomar una decisión de acuerdo con la mayoría. Llega también con la ventaja de haber sabido negociar internamente con las distintas fuerzas, expresiones y personas que habían manifestado el deseo de participar en la contienda hacia la Presidencia.

–¿No existe también el reto del enojo social? –se le pregunta.

–Claro que sí. Está en ese cajón de desventajas. Y la combinación de los factores que anoté generan enojo social.

Sauri considera que para resolver temores, resistencias y descalificaciones tiene que haber hechos contundentes de solución. Y si Meade es el candidato ciudadano que el PRI ofrece a la ciudadanía, ir paso a paso, tratando de remontar esas desventajas.

–¿Es un candidato ciudadano?

–Absolutamente. No tiene partido político y yo diría que es una decisión que el PRI le entrega a la sociedad mexicana para ver cómo reacciona.

Sauri considera que con la elección de Meade, el PRI hace un esfuerzo y genera condiciones para que un ciudadano sin partido sea su candidato, “porque Meade ha colaborado en el PAN y en el PRI, y no hay nadie que diga que perteneció a las juventudes de alguno de los dos partidos”.

Explica que en la historia del PRI no había habido un candidato ciudadano porque las condiciones del país y las exigencias de la sociedad y de los propios procesos democráticos no lo habían exigido.

–Usted tiene la experiencia de la elección de 2000 y presenció como militante la elección de 2006, en las que perdió el PRI. ¿Cuáles son los errores que cometió entonces y que no debe repetir?

–Creo que el más importante es la división interna. De eso se ha hablado mucho entre los militantes, simpatizantes y analistas. La división nos costó mucho. En la elección de 2000 hubo otras circunstancias también, pero en 2006 definitivamente fue por una división interna combinada con la persistencia de construir una candidatura desde la presidencia del Comité Ejecutivo Nacional.

–En este caso, ¿qué ventajas tiene José Antonio Meade?

–Tiene la de ser una persona que sabe sumar, no tiene verdades absolutas en ningún tema, sabe escuchar y sabe hacer equipo. Este país no puede darse el lujo de que una sola persona crea que puede resolver todos los problemas. Es cuestión de formar equipos para ayudar a tomar buenas decisiones, aunque finalmente sea el Ejecutivo el responsable de tomarlas. l