“Trattaria d’improvizzo”

Hace más de 15 años que la Trattaria d’improvizzo se presentó en el Foro de la Gruta del Helénico con la Liga Mexicana de Improvisación (LIMI), fundada en 2001. Ahora vuelve a los escenarios en el Foro Shakespeare, con el elenco original y otros actores invitados.

En aquellos tiempos, la Compañía de la LIMI, retomó el concepto de Match de improvisación teatral registrado por Yvon Leduc y Robert Gravel en Quebec, en 1977, en el que utilizaban el formato deportivo parodiando la normatividad de las competencias de hockey sobre hielo para experimentar nuevas formas teatrales. Estas competencias de improvisación se realizaron en la Ciudad de México anualmente en el patio del Claustro del Helénico durante siete años con localidades agotadas. La temporada de la Trattaria d’improvizzo también fue exitosa y el equipo quiso volverse a reunir, con la iniciativa del escenógrafo e iluminador Matías Gorlero y Once Once Producciones, y repetir la experiencia.

Trattaria d’improvizzo es un espectáculo con un riguroso formato dentro del cual cuatro chefs y un anfitrión improvisan. El escenario es una cocina dispuesta a elaborar cinco platillos con las sugerencias de los espectadores y las convenciones establecidas previamente. Los dos extremos del escenario están habitados por el chef de iluminación, Matías Gorlero, y el chef musical, Juanjo Rodríguez que, entre copa y copa van dando forma musical y lumínica a todo lo que sucede en el espacio.

Las instrucciones del espectáculo están dadas al inicio por el anfitrión, que suele ser el director de la obra, Fernando Bonilla, o actores invitados como Miguel Conde, que fue el caso que presencié. Las largas explicaciones de los procedimientos, que también comparten los actores, son importantes, sí, fundamentales, lo sé, aunque tediosas e insaboras.

Son cinco platillos de los que estarán a cargo el anfitrión y cada uno de los chefs: Haydeé Boetto, Carlos Aragón, Ricardo Esquerra y Juan Carlos Medellín, en esta ocasión. Ellos invitarán a otros chefs a realizar la improvisación y lo harán con los ingredientes que les proporcionaron los espectadores antes de empezar la obra: respuestas a preguntas aleatorias escritas en papelitos que barajearán y escogerán al gusto, por ejemplo, qué es lo peor que te pueden decir en… qué es lo que más te podría molestar de, o propón algún lugar. Para cada platillo hay una regla y varía según el día; en este caso, cada intervención tiene que iniciar con las letras consecutivas del abecedario; se hará en cinco minutos, luego en dos y luego en treinta segundos o se escogerá una salsa: terror japonés, estilo Almodóvar o a la manera de Shakespeare.

Es emocionante que cada improvisación se haga a vistas y de manera espontánea. Las risas son permanentes y las improvisaciones irregulares. Impera, o imperó en esta ocasión, más la técnica y el oficio que el ingenio. El formato le ganaba al contenido; había momentos brillantes y ocurrencias fabulosas, al mismo tiempo que acartonamiento y reiteración. Aún con todo, los espectadores participaban entusiasmados.

La magia de la Trattaria d’improvizzo es sentir que el guiso se crea en el momento y que todos, tanto el público como los actores, se sorprenden con las invenciones que van surgiendo. Para los espectadores es un disfrute y para los actores un reto que se ve recompensado por un gran aplauso al finalizar.