Faltó sentido institucional frente a Jill Magid: Víctor Jiménez

Hace un par de años, Jill Magid vivió seis días en la Casa de Luis Barragán, ubicada en Tacubaya, y se comportó a su antojo: cortó fragmentos de alfombras, del mantel de un mueble, y hasta usó objetos personales del arquitecto, como sus botas, según se consigna en un registro que la propia artista hizo y publicó la revista The White Review, de Londres.

Más allá de los cuestionamientos a esos actos, revelados en estas páginas por el reportero Roberto Ponce (Proceso, 2141), cabe la pregunta de si hubo violaciones a la Ley Federal sobre Monumentos y Zonas Arqueológicas, Artísticas e Históricas, vigente desde 1972, pues la Casa Barragán está declarada como monumento artístico mediante el acuerdo 148, publicado en el Diario Oficial de la Federación el 29 de noviembre de 1988.

El inmueble tiene la doble condición de ser propiedad de la nación a raíz de la declaratoria, y al mismo tiempo pertenecer al gobierno de Jalisco, mismo que, asociado con la Fundación Arquitectura Tapatía, A.C., la adquirió en octubre de 1993 (Proceso, 883).

Exdirector de Arquitectura del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA), y actual presidente de la Fundación Juan Rulfo, el arquitecto Víctor Jiménez considera todo lo ocurrido con Magid, incluidas la exhumación de las cenizas de Barragán de la Rotonda de los Jaliscienses Ilustres para hacer un diamante, su exposición en el Museo Universitario de Arte Contemporáneo (MUAC) de la UNAM, y su estancia en la Casa Barragán, como resultado de la mentalidad esnobista y colonizada de quienes le han abierto las puertas, bajo el supuesto de que realiza arte.

Comenta que el texto “Los seis días que conmovieron la Casa Barragán” –donde se revela que Magid habitó el inmueble por un acuerdo con la Fundación de Arquitectura Tapatía Luis Barragán (FATLB), firmado por Catalina Corcuera, directora de la casa abierta al público como museo en 1994–, le hizo evocar la novela Casi el paraíso (1956), de Luis Spota:

“Trata sobre un impostor italiano, pobre, que llega a México, y el esnobismo mexicano le permite reinventarse como un aristócrata, conde o lo que sea, y enriquecerse. Con esa categoría se va introduciendo en los altos niveles de la burguesía y de la clase política. Un italiano que no tenía ni en qué caerse muerto termina siendo el dueño y señor de la vida social mexicana.”

Se pregunta cómo logró Magid embaucar a familiares de Barragán, incluso a Myriam Vachez, secretaria de Cultura de Jalisco, quien según Reforma (10 de agosto de 2016) autorizó y estuvo presente en la exhumación de las cenizas de Barragán, y le pareció “poético” hacer un diamante:

“¿Cómo puede haber gente que incluso olvide su responsabilidad legal, fascinada porque la hipnotiza un extranjero?”, se pregunta el arquitecto. Opina que la razón es la condición de extranjera de Magid, que embaucó a la misma UNAM para presentar el diamante en una exposición:

“Que hubiera embaucado a los del MUAC es comprensible porque los museos de ahora viven ya en un mundo raro. Vengo de ver exposiciones modernísimas en el Guggenheim y el Museo de Arte Moderno (MoMA), de Nueva York, donde lo de Magid es del diario, son tomaduras de pelo, no tengo empacho en darle esa designación.”

Responsabilidades

Hace tres años, al celebrarse los diez años de la declaratoria de UNESCO a la Casa Barragán, la académica María Bustamante Harfush publicó que la residencia se adquirió también con la participación del entonces Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (hoy Secretaría de Cultura) (https://www.obrasweb.mx/arquitectura/2014/06/13/casa-luis-barragan-10-anos-como-patrimonio-de-la-humanidad):

“Es de celebrarse la historia secreta y heroica, pocas veces relatada y que fue la visión y el emprendimiento de los fundadores de la FATLB de convencer al Gobierno del Estado de Jalisco y al Consejo Nacional para la Cultura y las Artes en asociarse para la adquisición de este patrimonio nacional y de custodiarla a lo largo del tiempo.”

Jiménez relata que cuando se hizo la compra, Juan Urquiaga era el director de Arquitectura en el INBA (hoy subdirección general de Patrimonio Artístico Inmueble); no recuerda si el Conaculta aportó económicamente, pero el gobierno de Jalisco sí. El secretario de Cultura estatal era Juan Francisco González, padre de Arabella González Huezo, actual presidenta de FATLB.

La fundación, agrega, se creó para evitar los vaivenes sexenales y la falta de continuidad. Ha cambiado de titular, en un principio fue Juan Palomar y ahora Arabella González. A su vez, Corcuera ha permanecido como directora de la casa-estudio. En suma, han mantenido en manos de gente relacionada entre sí, el control de lo relacionado con Barragán.

Recuerda Jiménez que cuando Federica Zanco adquirió el archivo personal del arquitecto (actualmente en Suiza), la FATLB se acercó al INBA y éste les respondió que la operación fue legal. De otra parte, aclara que aunque la Casa Barragán es monumento artístico, no es propiedad del gobierno federal; pertenece en todo caso al gobierno de Jalisco y a la fundación. Añade que la Ley sobre Monumentos sí impone restricciones para el manejo de los monumentos:

“El hecho de que esta mujer hubiera tomado tijeras y cortado un pedazo de la alfombra y de esto y de aquello, es un atentado, independientemente de quién sea el propietario. Habla de la forma en que embaucó tanto a la secretaria de Cultura de Jalisco, para sacar las cenizas, como a quien administra la casa de Francisco Ramírez 14 porque es su responsabilidad, no pueden admitir que alguien llegue y corte cosas.”

El arquitecto Jiménez restauró las casas de Frida Kahlo y Diego Rivera, construidas por Juan O’Gorman, en San Ángel Inn (Proceso, mayo 1995), y dice que hasta la fecha le siguen llamando cuando requieren alguna intervención, pues al ser patrimonio artístico no pueden intervenirse sin su conocimiento.

La Casa Barragán, como algunas casas coloniales que han sido convertidas en hoteles, puede ser privada y eso no impide que sea monumento; pero no se le pueden hacer alteraciones sin que el INBA las apruebe:

“Supuestamente lo que hizo esta mujer son cosas de pequeña escala que no tendría por qué entrarse en una discusión sobre a partir de cuánto ya hay un daño irreversible, sería una discusión difícil. Pero sí habla, ahora que están de moda los estudios poscoloniales en la academia gringa, de que estableció una relación como el personaje de Spota: Se valió de su condición de extranjera con unos mexicanos dispuestísimos a someterse al capricho de un extranjero.”

Comenta que ha hablado con Federica Zanco de cómo tanto a su Fundación en Suiza, como a la Fundación Rulfo que él dirige, llegan “aventureros” tipo Magid a demandar acceso a los archivos y no se les da.

¿Hay lagunas en la Ley de Monumentos que permitieron a Magid lograr lo que hizo? Responde que faltó sentido común en los funcionarios de Jalisco, porque necesariamente tuvieron que intervenir en la aprobación de la estancia pues la casa es su propiedad, y expresa:

“Alojarse como si fuera hotel, tener vivencias sobrenaturales, toda esa tontería, no puede ser un protocolo válido de investigación. Es distinto si un investigador, que tiene publicaciones sobre Barragán, etcétera, se dirige a la Fundación, a la secretaria de Cultura de Jalisco, y dice ‘quisiera tener acceso a tal parte de los espacios, ver los objetos personales, artísticos para un estudio’. Esta mujer finge estar investigando y en el fondo está subordinando a Barragán, o a Luis como ella dice, a un proyecto estrictamente personal, eso es transparente.”

Puntualiza que la ley no tiene huecos, sino que quienes administran un museo deben tener sentido institucional. La declaratoria de monumento restringe las posibilidades de uso de la casa, que no son muy distintas a las de cualquier museo público, no se puede cortar un pedacito…

–¿El INBA debió estar enterado del acuerdo entre Magid y Corcuera?

–Sí, si iba a haber alteración física. También por la utilización de la imagen de Luis Barragán.

Insiste en el cuidado que deben tener los responsables del legado.

No imagina que Magid pudiera hacer lo mismo con la obra del arquitecto estadunidense Frank Lloyd Wright, porque entonces “le ponen esposas y la entregan a la policía”.