Nueve meses tras la pista del fentanilo

A finales de 2016, el hallazgo de cierta sustancia enviada por paquetería desde China, llevó a las autoridades estadunidenses a descubrir que los narcotraficantes mexicanos están explotando el fentanilo, una nueva mina de oro si se considera que sólo un kilogramo puede valer hasta 1.5 millones de dólares en el mercado negro. Una investigación de nueve meses reveló que cárteles como el de Sinaloa, Jalisco Nueva Generación y la gente de Rafael Caro Quintero –quien “ya regresó al negocio”, afirma la DEA– adquirieron la tecnología para producir uno de los precursores químicos más letales del mundo para ya dejar de importarlo de Asia.

WASHINGTON.- Con la colaboración de empresas estadunidenses de transporte de carga, para introducir a México precursores químicos procedentes de China, el Cártel de Sinaloa se ha transformado en uno de los principales productores de opiáceos letales como el fentanilo, revela una reciente operación encubierta de la Agencia Antidrogas de Estados Unidos (DEA).

La investigación, cuyos expedientes fueron proporcionados a Proceso para su revisión –bajo la condición de que se reserven las identidades de dos ciudadanos estadunidenses y del narcotraficante mexicano implicados en el caso–, documenta una sofisticada y efectiva estrategia del Cártel de Sinaloa para meter a México, vía Estados Unidos, precursores químicos chinos para la fabricación de fentanilo.

La operación encubierta que duró nueve meses comenzó a finales de diciembre de 2016 en el aeropuerto internacional de Los Ángeles (LAX), cuando agentes de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP) interceptaron un paquete “sospechoso” proveniente de China.

“El paquete llegó de China al LAX mediante el servicio de DHL; tenía como destino una dirección en Tucson, Arizona”, se lee en uno de los documentos de la operación de la DEA.

Los agentes de la CBP sometieron a pruebas especiales el paquete y descubrieron en éste 25 kilos del precursor químico en polvo llamado N-fenetilpeperidina (4-ANPP), materia prima para la manufactura de fentanilo, uno de los opiáceos más tóxicos y letales en el mundo.

Tras el descubrimiento, los agentes de la CBP se pusieron en contacto con el Equipo de Ataque de Arizona, integrado por agentes de la DEA y del Buró de Investigaciones de Seguridad del Departamento de Seguridad Interior de Estados Unidos.

Con esa información, la DEA se hizo cargo del caso e inició una operación encubierta en Tucson.

“Las primeras acciones consistieron en determinar cuántos paquetes habían llegado a Estados Unidos a través de DHL y del mismo remitente, antes que se confiscara el paquete sospechoso en el LAX”, indica el expediente judicial en poder de una Corte federal en Arizona.

La dirección del destinatario fue una empresa de transporte de carga internacional a cargo de dos ciudadanos estadunidenses.

“Se determinó que durante 2016 por DHL llegaron al mismo destinatario varios paquetes procedentes de China y que juntos, incluyendo el confiscado en el LAX, totalizaron 80 kilos de 4-ANPP. El envío más voluminoso de este precursor químico fue el de los 25 kilogramos”, destaca el expediente de la investigación.

Con identidades falsas, haciéndose pasar por clientes, agentes de la DEA se pusieron en contacto con los dos operadores de la empresa de transporte de carga. Mediante una acción encubierta, la DEA obtuvo de los dos estadunidenses implicados la información que deseaban: “Los paquetes con 4-ANPP procedentes de China fueron comprados por un narcotraficante desde México por internet”.

Con ese dato, los agentes de la DEA revelaron su verdadera identidad a los estadunidenses implicados y los convencieron para que cooperaran en la investigación con la promesa de que, al ser sentenciados, recibirían un castigo no muy severo.

“La empresa de transporte de carga informó que su cliente mexicano pedía a sus proveedores de China que le enviaran por DHL el 4-ANPP a una dirección en Estados Unidos, porque le salía más barato el servicio de paquetería y porque el paquete paga menos impuestos en la aduana estadunidense; aprovechando también la infraestructura de transporte de carga para las exportaciones a México”, establecen los documentos de la operación de la DEA.

El encausamiento judicial de los dos estadunidenses subraya que “el cliente mexicano involucrado en el caso es un narcotraficante significativo ligado y afiliado al Cártel de Sinaloa”.

La colaboración de los dos estadunidenses con el narcotraficante mexicano consistía en esconder en compartimentos secretos los paquetes del 4-ANPP, colocarlos en cargamentos de mercancía legal que exportan a México por medio de camiones de carga, o con otros paquetes con productos chinos lícitos que llegan a Estados Unidos por paquetería.

“Los camiones de carga de la empresa en Tucson cruzaban la frontera norte de México y al ingresar a ese país entregaban el cargamento a un servicio mexicano de transporte de mercancías que se encargaba de llevarlo al destinatario final”, anota el expediente.

Pierden el rastro 

En medio de la carga legal o revueltos con ella, los paquetes escondidos del 4-ANPP no pagaban impuestos al ingresar a México, como parte de los compromisos adquiridos bajo las reglas aduaneras del TLC.

Aun cuando conocían la identidad del narcotraficante mexicano, los agentes de la DEA desconocían dónde serían entregados los paquetes del 4-ANPP.

Los agentes antidrogas estadunidenses nunca pudieron ubicar la dirección a la cual llegaban los precursores químicos chinos, porque la empresa de carga comercial mexicana que recibía en la frontera el producto, pasaba esa misma carga a otra empresa de transporte y ésta a por lo menos otras dos más.

“El intercambio de la carga entre empresas de transporte comercial de México imposibilitó el rastreo del producto dentro del territorio mexicano y facilitó al destinatario ocultar su paquete en las múltiples paradas de revisión a las que fueron sometidos los camiones antes de llegar al destino final”, establece el informe judicial.

El 16 de noviembre de 2016, un mes antes de que fuera descubierto el paquete de 25 kilos de 4-ANPP en el LAX, el gobierno de Enrique Peña Nieto publicó en el Diario Oficial de la Federación que este precursor químico y otros más estaban sujetos “a controles estrictos para su importación, producción y transporte”.

La adquisición en China de fentanilo y precursores químicos, como el 4-ANPP, por parte de los cárteles del narcotráfico en México se hace en su mayoría por internet y mediante los servicios de paquetería estadunidenses: Federal Express (Fedex), DHL, UPS y el Servicio Postal de Estados Unidos. Esto convierte a Estados Unidos en el principal proveedor de fentanilo y precursores químicos de China para los cárteles mexicanos (Proceso 2140).

Las estrategias para comprar en China fentanilo y precursores químicos que aplican el Cártel de Sinaloa, el de Jalisco Nueva Generación (CJNG) y el de los Beltrán Leyva, que son los más mencionados por la DEA en el tráfico internacional de opiáceos, son bastante sencillas.

Como lo expone el expediente judicial en Arizona, los narcotraficantes hacen la compra a proveedores chinos, dan una dirección en Estados Unidos de empresas de transporte de carga, y así no dejan ninguna huella factible que le facilite el trabajo a la DEA, como lo expone el caso que comenzó con el paquete interceptado en el LAX, en diciembre de 2016.

El encausamiento federal del estado de Arizona afirma que los dos estadunidenses de la empresa de transporte de carga en Tucson no tenían las direcciones en México del lugar a donde su cliente quería que llegara el producto chino.

“Por medio de la operación se pudo constatar el nombre del destinatario en México, pero por la ausencia de evidencias de que el producto le fue entregado a él, no se pudo sustentar el caso con las autoridades mexicanas. Sólo se tenía su identidad, pero no lo que las agencias federales (estadunidenses) llaman control de la entrega del producto, que es la evidencia necesaria para un encausamiento con implicaciones internacionales”, indica el expediente.

En el mercado negro, el kilo de fentanilo cuesta entre 1 millón y millón y medio de dólares. A la fórmula para producir fentanilo con 4-ANPP se le conoce como la de “uno a uno”, lo que significa que con un kilo del precursor químico chino se puede producir un kilo de fentanilo.

Los documentos proporcionados a este semanario sobre el caso en Tucson revelaron que, junto con los 80 kilos de 4-ANPP que compró a los proveedores chinos, el narcotraficante del Cártel de Sinaloa adquirió también 80 de fentanilo puro. Todos estos opiáceos fueron traídos a Estados Unidos por DHL.

Peculiaridades del caso: el narcotraficante nunca cambió de proveedor en China y siempre utilizó la misma ruta para el trasiego: China-Tucson-México.

La DEA cerró el caso cuando ya no le pudo dar seguimiento dentro del territorio mexicano. Los dos estadunidenses de la empresa de transporte de carga fueron enjuiciados y sentenciados.

Harina de otro costal

Los paquetes con precursores químicos como el interceptado en el LAX con los 25 kilos de 4-ANPP llegan a Estados Unidos con etiquetas “trucadas”. En la descripción del contenido dicen falsamente que se trata de harina de arroz, trigo, o cualquier otro derivado de granos.

Douglas Coleman, agente especial de la DEA y jefe de la oficina regional en Arizona, admite en entrevista telefónica que el tráfico de los opiáceos es el nuevo gran negocio de organizaciones criminales trasnacionales mexicanas, como el Cártel de Sinaloa.

“Arizona sigue siendo, en términos generales, una plaza dominada por el Cártel de Sinaloa, como la gran mayoría de los otros estados del país. También estamos descubriendo la participación del CJNG y otros cárteles: lo que queda de los (hermanos) Beltrán Leyva y la gente de Rafael Caro Quintero, que ya reingresó al negocio del tráfico de drogas”, afirma Coleman.

Al hablar del dominio del Cártel de Sinaloa en el mercado de las drogas de Estados Unidos, el agente especial de la DEA aclara que esta organización criminal opera con diferentes fracciones: la de Ismael El Mayo Zambada –la principal–, la comandada por los hijos y la gente de Juan José Esparragoza Moreno El Azul, y la que corresponde al remanente de Joaquín El Chapo Guzmán.

Sobre el tráfico de opiáceos, Coleman admite que en la DEA han identificado perfectamente al fentanilo mexicano fabricado con precursores químicos de China.

“Lo que no hemos podido identificar son los laboratorios químicos que tienen los cárteles mexicanos para la producción de fentanilo, pero existen, porque la evidencia muestra un tráfico masivo de precursores químicos que les llegan de China”, explica.

Respecto del uso de los servicios de paquetería por parte de los narcotraficantes para importar el fentanilo y precursores químicos que les llegan a través de Estados Unidos, el jefe de la DEA en Arizona reconoce que los criminales son demasiado astutos.

“Cada día llegan a los centros de redistribución de DHL en el LAX, y al de Fedex en Memphis, por ejemplo, más de 1 millón de paquetes procedentes de China. Esa cantidad obviamente dificulta la detección de paquetes con fentanilo y precursores químicos”, expone.

Para sustentar su punto, Coleman dice que lo que ocurre con los servicios estadunidenses de paquetería es lo mismo que pasa a diario en la frontera entre Estados Unidos y México.

“Si un cártel manda a Estados Unidos 50 kilos de metanfetaminas por tierra, los va a distribuir en varios automóviles. De éstos, es posible que se detecte a uno con cinco kilos de la droga; el resto pasa, porque es imposible revisar en la frontera a todos los autos que llegan de México. Pasa una cosa similar con los empleados de DHL o Fedex, porque los paquetes que llegan de China con fentanilo y precursores químicos traen etiquetas falsas. Con tanto volumen de paquetes procedentes de China, para estos empleados detectar los opiáceos es como buscar una aguja en un pajar”, sostiene el agente especial de la DEA.

“Mueres si lo tocas”

Otro problema que enfrentan los empleados de las empresas de paquetería y los agentes federales estadunidenses es la falta de equipo y la tecnología necesaria para analizar y manejar opiáceos y sustancias letales como el fentanilo. “Estamos en el proceso de adquirirlo”, dice Coleman.

El contacto dactilar con el fentanilo puede producir la muerte. Se trata de una sustancia altamente tóxica de la que sólo dos milígramos pueden provocar, vía oral o dactilar, un efecto mortal, similar al que genera una sobredosis.

Debido a su grado de letalidad, las agencias federales del gobierno de Estados Unidos dedicadas al combate de estas drogas están comprando Narcan, medicamento que contrarresta los efectos de una sobredosis de opiáceos como el fentanilo y que le ha salvado la vida de decenas de miles de estadunidenses en los últimos tres años.

De acuerdo con el más reciente informe del Centro para el Control y Prevención de Enfermedades, cada día mueren 145 estadunidenses a causa de una sobredosis de opiáceos que contienen fentanilo. Miles de estadunidenses son rescatados de la muerte en las salas de urgencia de los hospitales gracias al Narcan.

“En 2016, en Arizona tuvimos un periodo de cuatro meses en los que se registraron 100 muertes al día por sobredosis de opiáceos, incluido el fentanilo”, asegura Coleman.

La presencia del Cártel de Sinaloa y del CJNG en el tráfico de opiáceos en Arizona, de acuerdo al agente especial de la DEA, se palpa por el incremento desmesurado en decomisos de drogas sintéticas fabricadas con fentanilo.

“De 2016 a lo que va de 2017, en Arizona registramos un aumento de 4400% en confiscaciones de drogas sintéticas y de 490% de fentanilo”, indica el agente.

Las cifras estratosféricas que devela a este semanario el agente especial las ejemplifica con la confiscación más grande registrada en la frontera sur de Estados Unidos: “En agosto pasado decomisamos 30 mil pastillas de Oxycontin, que son píldoras pequeñas color azul que contienen fentanilo y que fueron manufacturadas en México por el Cártel de Sinaloa”.

El Oxycontin es un medicamento para contener dolores agudos y crónicos, que sólo se vende con receta médica en Estados Unidos, por ser una droga altamente adictiva. Estas píldoras son muy populares y de gran demanda entre los estadunidenses con adicción a los opiáceos.

Los cárteles mexicanos producen una droga sintética parecida físicamente al Oxycontin que fabrican con los precursores químicos que reciben de China a través de territorio estadunidense.

“Estas pastillas que producen los cárteles, como las 30 mil que decomisamos, contienen fentanilo y son hechas especialmente para los consumidores que no pueden tomar fentanilo en polvo y que las consumen como si fueran realmente Oxycontin”, agrega Coleman.