Reflexión poética sobre el sismo del 19 de septiembre

Señor director:

Me dirijo a usted y distraigo un momento de su atención para compartirle un texto que llegó a mí derivado del lamentable sismo del pasado 19 de septiembre de 2017.

José Antonio Sadurní González, colaborador en nuestra firma (Carrancá, Araujo, Acosta y Riquelme Abogados), escribió un texto que a mi parecer es importante compartir y difundir.

Esperando sea de su interés, me despido no sin antes enviarle un cordial saludo.

Atentamente: 

César Omar González H.

No te vayas

El tiempo nunca dolió tan así, tan ajeno. Como un traje ortopédico que comprime las vértebras y las emociones.

La interacción de las placas tectónicas dislocó nuestros corazones.

Tuvo que gritar el suelo para que se abrazaran las placas sociales.

Nos volvimos a hablar en un parque y todo lo que hizo falta fueron 7.1 grados de miedo y humildad.

La Tierra no está enojada, es tierra.

Somos nosotros quienes estamos hasta la madre de no reconocernos más allá de tecnologías elegantes y esquinas redondeadas.

Pero no te vayas. Que la partida del pánico no signifique el regreso de mi desconfianza.

Que asaltaron a la banda que venía bajando de Santa Fe, sí.

Que había banda robando comida,  también.

Pues es que MÉXICO-IS-NOT-THE-SHIT-MÉXICO-IS-IN-DEEP-SHIT.

El infierno no existe, pero es que hemos aprendido tanto de él los últimos doce años.

Las políticas públicas se encargaron de llevar el fuego bíblico a la realidad de los municipios más pobres de México. Estos que ahora queremos volver a colocar con manos desesperadas y lágrimas que no conocen del deslinde.

¿Y qué decir de este Mirreynato troglodita, verdadero huracán de corrupción, alimentado por las altas temperaturas de la indolencia?

Quiero prometernos no regresar a ese infierno de banquetas hipotéticas y plazas monstruosas que frackean el espacio público, este en el que somos más que el miedo.

Quiero un Vasconcelos en cada delegación y desengañarme de los oasis que cobran estacionamiento.

Quiero que todos puedan verte en un parque construido con amor propio, y de preferencia, por un urbanista capacitado, honesto y en total transparencia.

Quiero que nos quedemos aquí hasta que nos calmemos.

No corro, no grito, no empujo.

Disculpemos lo que sea necesario disculpar, y dejemos de dejar el corazón en batallas inútiles contra nosotros mismos.

Evolucionemos.

No le mientes la madre a la pinche madre que está dejando a sus hijos en la escuela en doble fila mientras tu jefe te grita en el teléfono y te pones la corbata en el semáforo.

Preguntémonos por qué tenemos que viajar 20 kilómetros en coche, siempre en coche, y pagar más de lo que se puede imaginar para que tus hijos aprendan a leer.

¿Por qué cuesta treinta mil millones de pesos una máquina procesal que produce todo menos certeza?

¿Por qué estas malditas ruinas se parecen tanto a las fotos de 1985?

Las fuerzas telúricas siempre podrán más que nuestros autoengaños de tabla-roca y nuestros fraudes de mezcla aspiracional.

La Tierra nos ha hecho vibrar en sintonía.

José Antonio Sadurní González

Ciudad de México