La eterna discusión es si vale la pena ir al Auditorio Nacional a presenciar una “ópera por tele”. La respuesta está quizá en los millones de espectadores de todo el mundo que gustosos acuden a la cita en su respectiva ciudad. Aunque en realidad depende de cada quién y de sus expectativas.
Se trata de una función en vivo, no hay edición ni trucos, son las mejores orquestas del mundo así como sus directores y los de escena, y los elencos.
Fue la segunda entrega de la temporada En Vivo desde el Met de Nueva York en pantalla gigante de alta definición 2017. La emblemática ópera de Wolfgang Amadeus Mozart (1756-1791) Die Zauberflöte (La flauta mágica) es un singspiel –tipo de ópera popular cantada en alemán que intercala partes cantadas y habladas, insuperable dentro del género. Fue estrenada en Viena en 1791, sólo unos meses antes del misterioso fallecimiento del autor –sobre el que se han escrito ríos de tinta–, bajo la dirección del propio Mozart y con el libretista Emanuel Schikaneder cantando el personaje de Papageno. El libreto por cierto está lleno de referencias y símbolos masónicos, lo que tal vez en su época molestó a los grandes dirigentes de la logia austriaca, que explicaría en parte la indiferencia ante el fallecimiento del compositor.
La versión que transmitió el Met el fin de semana pasado es la puesta en escena de Julie Taymor, quien hace 12 años inauguró las transmisiones vía satélite de ese recinto a diversos países. La brillante dirección orquestal del legendario James Levine (ya muy menguado de salud) resultó de lo más gozosa, salvo que duró tres horas en vez de las habituales dos y media, debido a que algunos pasajes corrieron más lentos de lo acostumbrado.
En el elenco participaron Charles Castronovo (1975) en el personaje del príncipe Tamino, tenor norteamericano eficiente pero cuyo timbre de voz no parece el más adecuado para el repertorio mozartiano; es un hábil cantante y buen actor, pero su registro agudo carece del brillo y la luminosidad de otros Taminos célebres.
Su contraparte, la soprano sudafricana Golda Schultz (1984), cantó de maravilla el rol de Pamina, la también princesa. Bien actuado y mejor cantado este personaje con el que debutó en el Met hace unos días.
Kathryn Lewek, una de las ganadoras del concurso Operalia, fue La Reina de la Noche (que en el estreno lo hiciera Josepha Hofer, cuñada de Mozart); es una soprano coloratura de las más prometedoras de la actualidad, triunfadora absoluta en ese difícil rol.
El austriaco Markus Werba (1973) interpretó magistralmente a Papageno, el hombre-pájaro, y es quizá el mejor Papageno de la actualidad, que lo ha cantado en los más prestigiosos teatros del mundo.
René Pape, alemán (1964), cantó el Sarastro: Gran Sacerdote del templo de Isis. Poseedor de una impresionante y sonora voz de bajo, Pape comenzó de maravilla en esta función disminuyendo su caudal de voz conforme avanzaba la representación.
La gran protagonista de la función fue, por mucho, la puesta en escena de Julie Taymor. Una experiencia inolvidable, sobre todo para quienes se inician en este fantástico universo. La siguiente entrega de la temporada será El ángel exterminador, de Adés, quien ha creado muchas expectativas.








