Con el sismo, la destrucción… Y tras el sismo, también.
Acorde con el arquitecto y coordinador de la rehabilitación de la Alameda Central, Enrique Lastra, y su homóloga la arquitecta oaxaqueña Claudina de Gyves –ambos entrevistados por separado por Proceso–, tras el sismo del 7 de septiembre con magnitud de 8.2 que azotó a Oaxaca, la vivienda tradicional de los pueblos, en esencia adobe, está en riesgo de perderse.
La mayoría de las evaluaciones emitidas –por personal de Sedatu (Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano)–, recomiendan demolición, y en muchos casos sólo ha sido de palabra. Ante el temor y desconocimiento los habitantes acceden a la demolición, otros se han organizado y buscan defender y recuperar sus viviendas.
Comunidades oaxaqueñas como Ixtaltepec, Ixtepec, Juchitán, Tehuantepec y Unión Hidalgo, entre muchas otras, resultaron extremadamente dañadas.
A decir de Lastra, comprendió por qué los oaxaqueños duermen en pasillos o fuera de las casas, hasta que llegó allá, y es que la intensidad de las réplicas de ese 7 de septiembre (8274 en total hasta el cierre de esta nota) son fuertes, y además se acompañan de sonidos “como explosiones subterráneas”.
El arquitecto que llegó poco después del sismo a Oaxaca comentó:
“Lo que me parece grave es la forma en que evalúan daños la gente de Sedatu, básicamente diciendo que las casas no servían, cuando el principal sistema que se debe instrumentar es la reparación. En algunos casos se perdió un muro, pero se puede rehacer pues la techumbre está completa, o las vigas (que son de madera bellísima)… Pero no hay intención, ni deseo, ni nada, se está evaluando como inservible.”
A su juicio los daños evidentes en viviendas sucedieron porque con el tiempo muchas fueron “manoseadas” añadiendo trabes de concreto y castillos, cuando en realidad la arquitectura tradicional de los pueblos mexicanos suele estar bien cimentada a las condiciones sociales y locales.
“Lo que vivimos en esos pueblos es que se está destruyendo esta arquitectura para después poner un mundo espantoso de castillos y varillas al aire y cosas de aluminio. Más que construir un país ahora lo que veo es que estamos destruyendo un país. Me parece que las demoliciones ahí tienen un carácter de ecocidio.”
Adobicidio
Por su parte la arquitecta por la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca, Claudina de Gyves Mendoza (Ixtepec, Oaxaca, 1978), quien ha acudido a su comunidad cada fin de semana tras el sismo, explicó que con la pérdida de las viviendas se corre también el riesgo de perder la identidad de esos pueblos.
“En el caso de la región del Istmo hubo muchas afectaciones a raíz del día 7 de septiembre, tuvimos réplica el 23 de septiembre, y causó muchos daños, fue fuerte y larga, de hecho estuvo temblando dos o tres días después muy fuerte. Eso hizo que muchas estructuras y viviendas se fueran debilitando en esos días, y si a eso le sumamos que llovió mucho en la región, daños y deterioros se magnificaron, a las casas que se quedaron sin techo les entró agua y debilitó estructuras de tierra y adobe.”
Explicó que en Ixtaltepec se realizó un censo indicador de que la mayoría de las viviendas afectadas tenían que demolerse, y hubo brigadas de Sedatu que hicieron valoraciones que a su juicio fueron muy rápidas, “entraban, veían, y emitían la valoración”.
–¿Cree que hay alguna consigna para demoler?
–Es un tema escabroso porque no hay dictamen técnico que valore ese patrimonio. Vienen trabajos de demolición fuertes en Unión Hidalgo, Ixtepec, Juchitán e Ixtaltepec, casas que aún se encuentran de pie que están por demolerse.
–¿No hay quien las defienda?
–A nivel local la gente se ha organizado y ha tratado de rescatar materiales, pero no para todas las casas, muchas requieren reforzamiento. La tipología de la región es sencilla: tabique rojo, y material que se puede reciclar, tejas, madera, y que responde a características climáticas, de identidad cultural.
–¿A su juicio qué debería hacerse?
–Incentivar la reconstrucción con materiales de la región, atendiendo la tipología, el clima. La gente local está familiarizada con los sistemas de la zona, los albañiles y arquitectos. Los mejores ladrillos son de Ixtaltepec y son los mejores que se venden en toda la región. Que la política sea reactivar todo eso que debe ser un círculo virtuoso. El Cenapred (Centro Nacional de Prevención de Desastres) tiene una cartilla de refuerzo de vivienda rural ante-sismos y vientos… pues que se ocupe.
Al respecto, el artista juchiteco Francisco Toledo, colaborador de este semanario, manifestó a principios de este mes su preocupación sobre este tema e incluso envió misivas a autoridades municipales de los distritos de Juchitán y Tehuantepec ofreciendo asesoría para la reconstrucción de las viviendas, según reportó Pedro Matías a la agencia APRO.
“Consideramos que la arquitectura tradicional del Istmo obedece a los extremos de calor y viento que son habituales en esa zona. Responde también a la forma de vida tradicional de las familias de origen zapoteco, huave, zoque, chontal y mixe”, refirió entre otras cosas el pintor.








